La epidemia de depresión se ceba con los trabajadores.

La epidemia de depresión se ceba con los trabajadores. iStock

Historias DÍA MUNDIAL DE LA LUCHA CONTRA LA DEPRESIÓN

Más de 450.000 bajas por salud mental en España en menos de un año: "En algunos sectores cuesta pedir ayuda"

Profesionales de la salud, docentes y agentes de los cuerpos de seguridad del Estado son tres de los colectivos más vulnerables, indican los expertos.

13 enero, 2024 02:09

Cada año, España suma 44.000 nuevos casos de depresión resistente o crónica, aquella que no responde a los fármacos durante al menos un año y que puede prolongarse varias décadas. Según un estudio reciente del Instituto de Investigación Sanitaria INCLIVA, las mujeres son más propensas a vivir con ella que los hombres y la edad clave se sitúa en los 53 años, es decir, en plena vida laboral. 

Para muchos, la depresión es la epidemia silenciosa que desangra el bolsillo de quienes la padecen y les despoja de sus objetivos profesionales. Ya el año pasado, UGT denunció que, hasta el 1 de octubre, se habían registrado en el país 451.646 bajas laborales derivadas de problemas de salud mental. El sindicato anunciaba entonces, con este dato pero sin demasiadas sorpresas, lo que ya viene confirmándose desde hace años: los españoles no están bien en el trabajo.

"Lo positivo es que empezamos a pedir ayuda, pero cada vez la necesitamos más", señalaban. Además, el informe La situación de la salud mental en España de la Fundación Mutua Madrileña revela que cuatro de cada 10 españoles (39,3%) cree que su salud mental no es buena. También refleja que una de cada cinco personas diagnosticadas ha estado ingresada en un área de psiquiatría, y que más de la mitad (55%) ha sentido discriminación, especialmente en el ámbito laboral. 

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En el caso de quienes trabajan con depresión, su drama es como la pescadilla que se muerde la cola. El XIII Barómetro de las Familias en España (2024) elaborado por la Fundación The Family Watch pregunta a 1.021 familias españolas cuáles creen que pueden ser los factores desencadenantes de los problemas de salud mental en el país. La carga en adultos recae, principalmente, sobre las dificultades económicas, siendo esta la causa a la que más se atribuyen con un 65% frente a otros factores como la soledad (43%) y la incertidumbre general (25%).

Sin embargo, en muchos otros casos es la propia depresión la que acaba frustrando los avances profesionales. Ambar Zambrano, abogada especializada en Derecho Laboral, asegura que en su bufete, Vosseler Abogados, los casos de bajas laborales por depresión han ido en aumento en los últimos años. "Antes la gente tiraba para adelante y ahora, por suerte, existen más facilidades para conseguir la baja", explica.

Aunque aún son muchas las personas que no dan el paso por miedo a represalias en sus empresas, la experta recuerda que los trabajadores "no tienen la obligación de decir que se trata de una baja por depresión". En realidad, la única persona que debe conocer los motivos de la baja es el médico que la diagnostica. En los casos en los que la depresión se cronifica, "la jurisprudencia puede llegar incluso a dar la incapacidad permanente absoluta", incide, aunque los casos que sirvan como ejemplo de esto son escasos y generalmente llegan tras varios años de pleitos. 

Profesiones más afectadas

Si hiciéramos una fotografía del estado de la salud mental en nuestro país, veríamos que en el primer plano hay una profesora, un joven rider que compagina el trabajo con la universidad y una sanitaria. Si seguimos ampliando, también vemos a una pequeña autónoma. Y a su lado, un conductor de metro. Este último se parece a Javier García, el maquinista barcelonés que en 2018 describió la crudeza que implica una parte de su día a día en entrevista con EL ESPAÑOL.

"El 13 de diciembre de 2013 se me suicidó una persona. Me dieron unos días de baja laboral. Volví 13 días después, en San Esteban, 26 de diciembre. Y ese mismo día que yo me reincorporaba, se me suicidó otra persona", explicaba entonces a este periódico. El impacto emocional de haber visto la muerte de cerca tantas veces hizo que cayera en una profunda depresión, pero el año en que concedió la entrevista estaba dando clases para evitar los suicidios en España. 

Sin embargo, esa misma realidad a la que se enfrentan los conductores de metro también azota la salud de sanitarios y cuerpos de seguridad del Estado, dos de los colectivos más propensos a sufrir trastornos mentales. Según un artículo del proyecto SOM Salud Mental 360 del hospital Sant Joan de Déu, el acceso a medios potencialmente letales y la exposición a situaciones traumáticas se encuentran entre las razones con las que se relaciona el riesgo incrementado de suicidio y cuadros de depresión en determinados grupos profesionales.

Este es un drama que no cesa, por ejemplo, para los guardias civiles. En los últimos 18 años, 216 agentes se han quitado la vida; 2005, 2008 y 2021 han sido los años más trágicos. Juan, con nombre ficticio, conoce bien las estadísticas: "Normalmente, los cuerpos de seguridad no damos buenas noticias: vemos accidentes, denuncias, casos dramáticos… luego todo eso nos lo llevamos a casa, va encallándose y nos afecta, por muy duros que queramos ser". 

El personal sanitario también entra dentro de los colectivos vulnerables. Tal como explica la doctora María Dolores Braquehais en la publicación de SOM, "se sabe que tienen un riesgo incrementado médicos, veterinarios, enfermeros y dentistas, así como técnicos de emergencias o ambulancias". La evidencia de esta relación se hizo más clara en la pandemia, cuando cerca del 30% de los trabajadores de la salud en España tuvieron episodios de ansiedad y depresión, y un 4% manifestó ideas suicidas, según datos del informe Mindcovid

"Somos un sector que trabaja de cara al público, pero un público que no se encuentra bien en muchos casos. Ese intento de lidiar con la enfermedad y atender lo mejor posible a los pacientes en un tiempo récord, porque la masificación que hay y el poco personal sanitario no lo permite de otra forma, es lo que se convierte muchas veces en frustración", explica Claudia, que habla con ENCLAVE ODS utilizando también un nombre ficticio. Además, "el agotamiento a la larga pasa factura, afecta en el ánimo y repercute en la familia", explica. 

Imagen de archivo de dos sanitarios.

Imagen de archivo de dos sanitarios. iStock

Recuerda que una época especialmente dura fue la del año 2020, en plena crisis de coronavirus: "Al principio tuvimos mala organización y un desconocimiento que nos llevó a muchos a tener mucho miedo; eso, junto con lo que he dicho antes, se ha cronificado y es lo que ha disparado [en estos cuatro años] el estrés, la ansiedad y los cuadros de depresión. En algunos sectores, como el nuestro, cuesta más pedir ayuda y asumir que se tiene un problema psicológico; por eso es uno de los colectivos con mayor tasa de suicidio".

Por su parte, Guillermo Fouce, doctor en Psicología y profesor en la Universidad Complutense, menciona a los docentes, otro de los colectivos más expuestos. Y aporta: "El hecho de que algunas profesiones sean más propensas tiene mucho que ver con la presión que conlleva estar de cara al público", con jóvenes en su caso, así como con las condiciones laborales: "Si uno tiene un trabajo precario o muchas exigencias en su día a día, es más probable que se produzcan estos problemas de salud mental", recalca.

Sus palabras se apoyan en datos como los que aporta el informe Precariedad laboral y salud mental, coordinado desde la Pompeu Fabra Joan Benach junto al ministerio de Trabajo. Este revela que el 33,2% de los casos de depresión que la población activa sufrió en 2020 podrían haberse evitado con un empleo estable.

La importancia de hablar de ello

En los últimos años, "se han implantado más protocolos de protección dentro de las empresas", celebra Ambar Zambrano, y, en el plano institucional, los esfuerzos por reforzar la salud mental como asunto de estado también han aumentado. Actualmente, en España está vigente el Plan de Acción de Salud Mental 2022-2024, dotado con 100 millones de euros, aunque aún quedan asignaturas pendientes: entre ellas, la creación de un plan nacional de prevención del suicidio, reclamado por entidades como Stop Suicidios o la asociación La Barandilla.

Además, los expertos insisten en la importancia de hacer una correcta evaluación de los riesgos psicosociales que intervienen en los puestos de trabajo: "Hay que prestar más atención a la carga emocional", destaca Guillermo Fouce. También es importante, de acuerdo a las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, centrar las actuaciones de empresas e instituciones en tres líneas de acción

1. Capacitar a los administradores en la esfera de la salud mental para ayudarles a que reconozcan y respondan a las dificultades de las personas con angustia emocional a quienes supervisan; desarrollen competencias interpersonales como la comunicación abierta y la escucha activa; y comprendan mejor de qué manera los factores estresantes en el trabajo pueden afectar a la salud mental, y cómo pueden gestionarlos.

2. Instruir a los trabajadores en las cuestiones y la sensibilización respecto de la salud mental, para mejorar el conocimiento en ese ámbito y reducir la estigmatización respecto de los trastornos mentales en el trabajo.

3. Promover intervenciones dirigidas a las personas para que desarrollen aptitudes que les permitan gestionar el estrés y reducir los síntomas relacionados con la salud mental, incluidas intervenciones psicosociales y oportunidades de actividad física recreativa.

En la cotidianidad del día a día también es fácil cruzarse con la depresión, ya sea esta la propia, la de un compañero de trabajo o la de cualquier otro conocido. En estos casos, "tener espacios en los que comentar qué nos está pasando, poder pedir ayuda inmediata, contar con información al respecto… todos estos son factores que reducen la posibilidad de que aparezca un trastorno en un momento determinado", concluye al respecto el profesor  Fouce.