¿Qué ocurre con la ropa que no se vende en las rebajas?

¿Qué ocurre con la ropa que no se vende en las rebajas?

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¿Qué ocurre con la ropa que no se vende en las rebajas?

Más rebajas, outlets, ventas a terceros o donaciones: son alternativas a las que recurren los retailers para dar salida a las prendas que no se consiguen vender ni en temporada de rebajas.

21 enero, 2022 01:48

El fin y la entrada del nuevo año coinciden con los eventos más festejados: Nochebuena, Navidad, Nochevieja y Año Nuevo. Estas fechas también marcan los calendarios comerciales y figuran como ventanas de oportunidad para que las previsiones coincidan con las ventas. Cuando no se consigue —bien porque se ha comprado de más y/o porque no se venden los productos—, su primera pero no única opción es ponerlos en promoción, con agresivas campañas de marketing

Hay varios periodos, cada vez más recurrentes, donde el fervor de las rebajas invade al consumidor y se aventura al consumo desenfrenado. Black Friday, Cyber Monday, Boxing Day, Día del Soltero, Días sin IVA: son cada vez más las fórmulas que se adoptan en España para vender los excesos de stock. Muchos aprovechan estas ocasiones para adquirir productos caros, como electrodomésticos, ordenadores, teléfonos móviles o joyería.

Para la ropa, hay otras fechas asentadas en nuestro imaginario colectivo: las rebajas de invierno, marcadas por la fecha de lanzamiento de la temporada primavera-verano, así como las rebajas de verano. Sin embargo, muchos son los comercios que, a pesar de la liberalización de las rebajas de los últimos años, mantienen en sus calendarios los meses de enero y julio para lanzar las rebajas.

La producción de ropa causa el 20% de la contaminación de agua potable y entre el 8 y el 10% de las emisiones de gases de efecto invernadero

Aunque todavía quedan algunos días para que se acaben las rebajas de enero, cabe preguntarse: ¿qué ocurre con toda la ropa que no se vende en las fechas de rebajas y promociones?

El coste de la 'fast fashion'

Antes de responder esta pregunta es fundamental saber cuál es el coste real de la producción de la moda rápida o fast fashion. La producción de ropa causa el 20% de la contaminación de agua potable y entre el 8 y el 10% de las emisiones de gases de efecto invernadero. Su emisión de gases que es mayor a la suma de las emisiones del trasporte marítimo y los vuelos comerciales.

Así, al menos, es lo que se refleja en algunos informes de la Unión Europea y la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Pero la contaminación no solamente se manifiesta en su proceso de fabricación, sino que va incluso más allá.

“Las rebajas son un periodo donde el consumidor compra por impulso: frente a ello, debemos visibilizar que si la ropa es tan barata es porque en otra parte del mundo alguien está pagando las consecuencias”, expresa Raúl González, CEO de Ecodicta, una plataforma de alquiler de moda consciente.

La primera salida que se suele dar a las prendas que no se venden es la que menos costes lleva aparejados: las segundas, terceras e incluso cuartas rebajas. Desde la liberalización de las rebajas, con el Real Decreto-Ley 20/2012 del 13 de julio, se levantó la veda para fijar los periodos, fechas y duración de las rebajas libremente

"Si la ropa es tan barata, es porque en otra parte del mundo alguien está pagando las consecuencias”, explica el fundador de ECODICTA

Esta norma, inalterada desde su aprobación en 2012, ha sido y es aprovechada cada vez más por los grandes retailers. Aunque hay algunas excepciones, como Inditex o El Corte Inglés, que mantienen sus grandes campañas de rebajas en enero y julio.

Las rebajas más agresivas continúan reservadas a unos pocos. “Normalmente las rebajas y las súper rebajas que se hacen actualmente con descuentos de hasta un 50, 60% o más sólo se las pueden permitir aquellas empresas que están vendiendo con un margen muy alto”, señala Gema Gómez, fundadora de Slow Fashion Next.

La segunda alternativa: 'outlets' y portales digitales

La alternativa a las promociones extraordinarias, en el caso de las grandes empresas que ofertan productos textiles, como El Corte Inglés, Nike o algunas marcas de lujo, pasa por los outlets. Por lo general, las grandes marcas tienen sus propios establecimientos en las grandes superficies de venta outlet, en las que comercializan prendas que presentan taras o que simplemente no se han llegado a vender.

"Las rebajas y las súper rebajas sólo se las pueden permitir aquellas empresas que están vendiendo con un margen muy alto", señala la fundadora de Slow Fashion Next

Otra opción es liquidar la mercancía vendiendo a portales de venta en línea o marketplaces, como Asos, Zalando, Privalia, Veepee o Showroomprive. Esta práctica es cada vez más recurrente, como así ha demostrado la reciente apuesta de Zara por dar salida a su stock sobrante mediante la asociación Veepee en el mercado textil francés.

Donación, reciclaje y... ¿destrucción?

La donación, el reciclaje y, sí, la destrucción, son el último recurso que tienen las grandes empresas textiles para liquidar su stock sobrante.

Grandes grupos como Inditex, Mango, El Corte Inglés y H&M han puesto en marcha proyectos de colaboración con instituciones destinadas a la recogida de ropa usada. Se han colocado en muchas de sus tiendas contenedores para depositar la ropa usada. Aunque así se demuestra su compromiso por reutilizar o reciclarla ropa vendida, no hay tanta transparencia en relación a las prendas que no se venden.   

Según Gómez, existe “la mala praxis de que los excedentes se incineran o se llevan al vertedero sin haberse empleado, con todo lo que le ha costado al planeta producir esa prenda”.

"Las grandes empresas textiles, liquidan stocks a bajo precio o simplemente los mandan a países en vías de desarrollo destruyendo el tejido textil de esos países", explica Raúl González de ECODICTA

Algunas de estas prácticas se han puesto en evidencia y denunciado en los últimos años. Especialmente paradigmático fue el caso de la marca de lujo Burberry, que había adoptado la práctica de incinerar los productos que no vendía. Tras la polémica, la prestigiosa marca de lujo anunció que dejaría de hacerlo y renunciaría a las pieles auténticas para fabricar sus prendas.

"Las grandes empresas textiles liquidan stocks a bajo precio o simplemente los mandan a países en vías de desarrollo destruyendo el tejido textil de esas naciones", aduce Raúl González de Ecodicta.

Aunque sólo se puso en el foco este caso, la práctica de destruir el stock sobrante era muy frecuente, sobre todo en las marcas de lujo con márgenes de beneficio muy altos. Con la destrucción de sus prendas se pretendía que sus productos no terminaran en el mercado ilegal de alta gama y se devaluaran sus precios.

Reinventando la 'fast fashion'

Conscientes de la necesidad de adaptar el modelo del sector textil, donde se ha asentado la cultura de la fast fashion, parejos a los desafíos medioambientales y sociales de nuestro tiempo se han impulsado iniciativas innovadoras que presentan modelos más sostenibles para llenar los armarios de los consumidores.

Algunas iniciativas, como Tendam, se han adaptado a los excesos de los grandes productores textiles, mitigando el impacto de las prendas que no se llegan a vender.

Tendam, una de las empresas más sostenibles del mundo, realiza una gestión activa de las compras para reducir al máximo el exceso de prendas y da salida a los productos textiles no vendidos en temporada a través de su canal outlet, la cadena Fifty. Esta gestión sostenible se complementa con la acción solidaria. La empresa ha puesto en marcha campañas de donación para proveer ropa a hospitales y centros asistenciales.

Según los datos más recientes de Eurostat, de 2018, se estima que sólo a escala industrial el sector textil genera casi 2,3 millones de toneladas de desechos en la Unión Europea.

Otro ejemplo es Tekstila, que aporta una solución de economía circular para marcas de moda rápida. La empresa adquiere el stock de distintas marcas Europeas para comercializarlo en canales y destinos preaprobados, ofreciendo trazabilidad y protección de marca. Así ofrece una alternativa para que la ropa nueva llegue a su primer uso y evitar su potencial destrucción.

Una ventana de oportunidad para la ‘slow fashion’

Otras iniciativas que rechazan radicalmente el modelo asentado de fast fashion proponen la slow fashion, una manera sostenible (y ética) de consumir ropa y minimizar el impacto de la industria textil y los residuos que genera.

Según los datos más recientes de Eurostat (datos de 2018), se estima que sólo a escala industrial el sector textil genera casi 2,3 millones de toneladas de desechos en la Unión Europea. Sólo en España, el sector genera 94.334 toneladas de residuos cada año.

Aunque sí que es posible obtener una cifra estimada de los residuos que genera la producción y distribución de productos textiles, resulta complicado cifrar la cantidad de ropa posventa, cuyo reciclaje es minoritario y que en ocasiones acaba en contenedores, vertederos o termina siendo destruyendo.

En este sentido, la legislación nacional, siguiendo las directrices europeas, que entre otras cosas, obligan a los países a empezar la recogida selectiva de residuos textiles antes del 1 de enero de 2025, ha planteado sancionar a aquellas empresas que destruyan el stock de ropa no vendida. 

El 73% de los materiales utilizados para la fabricación de ropa se envían a vertederos o se incineran, y menos del 1% se recicla

La nueva Ley de Residuos, pendiente de aprobación por el Senado, además de prohibir expresamente la destrucción de excedentes textiles no vendidos, establecerá un régimen de responsabilidad ampliada del productor (RAP) para el sector textil. Por las buenas o por las malas, las grandes empresas del sector textil deberán acatar estas normas y es previsible que la slow fashion termine por sustituir a la fast fashion. Algunas iniciativas ya está cosechando éxitos con ideas novedosas que apoyan esta transición.

Recovo, una plataforma B2B que apuesta por la economía circular, ofrece una solución para los excedentes de stock de los productores de tejidos. Según un informe de 2019 de la Federación Europea de Empresas Sostenibles, el 73% de los materiales utilizados para la fabricación de ropa se envían a vertederos o se incineran y menos del 1% se recicla.

Esta iniciativa compra el excedente de materia prima, de tejidos sin transformar y les da un uso, maximizando así el aprovechamiento de tejidos que, en gran parte, han tenido una gran huella ecológica colectiva y podrían acabar destruyéndose.

"Debemos comprar lo que vayamos a usar, y si es posible, moda sostenible”, concluye González

Si Recovo da salida a través de su marketplace internacional a las prendas inacabadas Ecodicta ha roto con el consumo desenfrenado de usar y tirar prendas, apostando por un modelo de consumo por suscripción en el cual permiten a las consumidoras renovar su armario con ropa distinta cada 30, 60 o 90 días, evitando que se quede ropa en el fondo del armario sin utilizarse. Esta suscripción incluye lavados, seguros y envíos. Además, hace del servicio una experiencia: las suscriptoras deciden sus looks cada mes con ayuda de las estilistas.

Sea cual sea el destino de las prendas no vendidas y la respuesta del sector textil a la nueva norma sobre residuos, debe partirse siempre desde una conciencia de consumo responsable, sin caer en la peligrosa enfermedad del consumo insano de prendas de ropa. El CEO de Ecodicta así lo refleja: “Debemos comprar lo que vayamos a usar y, si es posible, apostad por la moda sostenible”.