Jack Ricardo Sánchez Campo
Publicada

El desarrollo tecnológico, interpretado como la constante búsqueda de soluciones a problemas sociales desde la aplicación de la ciencia por medio de una serie de técnicas, indudablemente ha mejorado la calidad de vida de todos los países. No obstante, toda innovación disruptiva incrementa la incertidumbre de quienes la usan.

Los jóvenes de Colombia tienen un gran reto: adaptarse a las nuevas tecnologías, no solamente a su uso procedimental, sino también a las buenas prácticas y uso ético, y ayudar en el mantenimiento de la democratización de la tecnología.

En primera instancia, la inteligencia artificial generativa (IAG) es un ejemplo de lo disruptiva que puede ser la tecnología para la industria y el día a día. Todo producto o servicio innovador conlleva en sus inicios una alta tasa de incertidumbre que, entre otros aspectos, afecta a su usabilidad.

Como resultado colateral, la IAG ha impactado la democracia debido a la capacidad que tiene de erosionar la verdad objetiva de manera intencional, o accidental, por quien la usa.

Adicionalmente, el impacto de la IAG es innegable, y las implicaciones éticas en su utilización han facilitado la desinformación a partir de deep fakes y fake news. Este tipo de contenido distribuido en las redes sociales puede fácilmente alterar la percepción de la opinión pública y, en ocasiones, debido a su viralidad, confundirse con la información real.

En ese sentido, los más jóvenes y los adultos con poca formación en el uso de las TIC son los más afectados.

Conviene subrayar que los deepfakes, desde la perspectiva de la ONU, son "imágenes, vídeos o audio generados o manipulados con IA y diseñados para parecer reales".

Estos sistemas hacen uso de las GAN (también llamadas "redes generativas adversarias"), las cuales consisten, simplificando el proceso, en dos algoritmos: el generador, que se encarga de duplicar una imagen, audio o vídeo de la vida real, y otro, el discriminador, lo perfecciona con el objetivo de engañar al ojo humano.

Igualmente, las fake news, o noticias falsas, Unicef Colombia las describe como "anuncios sensacionalistas de aparente corte periodístico con datos e imágenes falsas, y fuera de contexto, que se respaldan por la saturación de información y contenido viral para lograr obtener atención".

Gracias a la naturaleza democrática de uso y publicación de información en internet, este se convierte en su mejor canal para su difusión.

Por ejemplo, el actual presidente de la República de Colombia, en repetidas ocasiones, ha compartido de manera no intencional información que posteriormente se identificó que era falsa. Cuando se comparte información falsa sin intención de desinformar, aun así, se amplía el alcance de la desinformación; a ello se le llama "misinformación".

Al no verificar las fuentes, o simplemente repostear sin verificar, muchos incurren en este tipo de práctica.

Al mismo tiempo, la diferencia fundamental entre desinformar y misinformar es la intención con la cual se difunde la información falsa, pero el daño es el mismo.

Hay quienes afirman que la discusión va más allá de la desinformación, o misinformación, y entra directamente en el campo del contenido sintético digital, puesto que este incluye un vídeo, imágenes, audios o la combinación de ellos para simular el contenido "real" de manera muy convincente.

Ilustración elaborada por Cristina Lamara para la OEI.

Ilustración elaborada por Cristina Lamara para la OEI. OEI

La desinformación ha generado en Colombia altos niveles de polarización social que se exacerban en la temporada electoral con un contenido sintético que divide a la población desinformando e incrementando los discursos de odio.

Al respecto, António Guterres, secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), indica que "contrarrestar la desinformación requiere una inversión duradera en el desarrollo de la resiliencia social y la alfabetización mediática e informacional".

Es en este punto de la discusión donde los jóvenes juegan un papel crucial, puesto que, si se desea disminuir el impacto del contenido digital sintético en la desinformación, la educación es fundamental. Asimismo, todas las políticas públicas y de otras organizaciones cuyo fin sea dotar de herramientas a los ciudadanos en la era de la posverdad son fundamentales para dicho objetivo.

Al respecto de estas iniciativas, la ciudad de Cartagena (Colombia), recientemente, fue sede de la conferencia de la Semana Mundial de la Alfabetización Mediática e Informacional 2025, organizada por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

Su principal objetivo fue el análisis de cómo la IAG ha transformado los ecosistemas digitales de información, e idear sistemas de interacción crítica con el contenido sintético.

Gracias a este evento, el Estado, concretamente el Ministerio de las TIC (MinTIC), ha implementado iniciativas nacionales como Digitalia con el objetivo de fortalecer las competencias digitales y ciudadanas.

Digital-IA se define a sí misma como "un ecosistema nacional de alfabetización mediática e informacional (AMI) orientado a fortalecer capacidades, habilidades, competencias digitales y resiliencia ciudadana de cara a los nuevos desafíos de la desinformación". Además, son cursos online certificados por el MinTIC y Canal Trece.

En el distrito de Barranquilla, la Secretaría de Educación Distrital, desde el año 2024, ha implementado el programa Buenfluencers. Este consiste en la promoción de la convivencia escolar, la formación en la alfabetización mediática e informacional (AMI) y el uso responsable de las redes sociales.

En el año 2026, en su tercera versión, prevé impactar a más de 400 estudiantes, 42 docentes y 21 instituciones educativas públicas del distrito de Barranquilla, dotando a los beneficiarios de habilidades blandas y equipo de producción de contenidos digitales para las redes sociales.

Otro proyecto es Escuela Plus; este es un programa educativo multimedia impulsado por la Fundación Norma y Leo Werthein (DirecTV y SKY), que proporciona material educativo, capacitación docente y contenidos audiovisuales a escuelas de Latinoamérica.

Por ejemplo, en instituciones educativas focalizadas se hace uso de las series Feik Ñus y Acción, en las que se desarrolla la formación en AMI. Los contenidos son utilizados en el aula y están soportados con guías pedagógicas.

En definitiva, la IAG, utilizada con el objetivo de desinformar, puede alterar de manera sistémica la percepción que se tiene de las instituciones y, así mismo, afectar a la convivencia ciudadana.

Este tipo de acciones repercute sobre la democracia, puesto que se influye en la toma de decisiones y participación de la ciudadanía con información que puede favorecer o perjudicar a un candidato, sector social o a determinados intereses.

Nuestra mejor defensa es entender cómo funciona, produce y verifica la veracidad de la información, a la que la ciudadanía está expuesta de manera permanente. La escuela es el mejor lugar para iniciar esta exigente tarea.

Referencias bibliográficas

Bolivar, A. (2026, 16 de marzo). Alcalde Char sigue impulsando a jóvenes de los colegios públicos de Barranquilla para que sean ‘Buenfluencers’ – Alcaldía de Barranquilla, Distrito Especial, Industrial y Portuario. Alcaldía de Barranquilla, Distrito Especial, Industrial y Portuario.

Escuela Plus (2026). Escuela Plus. Escuelaplus.

Quintero Montes, V. (2025, 1 de agosto). Audiencias virtuales en riesgo: la tecnología deepfake y el quebrantamiento de la integridad judicial. Blog de Derecho de los Negocios, Universidad Externado de Colombia.

Naciones Unidas (2026, 4 de febrero). Deepfake abuse is abuse, UNICEF warns. UN News.

Naciones Unidas (s.f.). Contrarrestar la desinformación. Naciones Unidas. Recuperado el 30 de marzo, 2026.

Unicef Colombia (2022). ¿Cómo detectar "fake news" en Colombia? Unicef.

*** Jack Ricardo Sánchez Campo es docente de Tecnología e Informática en la Institución Distrital de Educación Artística y Cultural Alejandro Obregón (Barranquilla – Colombia). Embajador educativo de Escuela Plus.