Carlos Pérez besa a su madre, que se suicidó en octubre de 2020 con 46 años tras dos intentos fallidos.

Carlos Pérez besa a su madre, que se suicidó en octubre de 2020 con 46 años tras dos intentos fallidos.

Sanidad REPORTAJE

Consejos para saber qué hacer cuando un ser querido quiere suicidarse: "Te sientes abandonado"

Carlos Pérez, un joven de Albacete cuya madre se quitó la vida en octubre de 2020, ha conseguido que el Gobierno de España anuncie la puesta en marcha del 024, un teléfono corto de ayuda a las personas con riesgo suicida.

9 enero, 2022 03:41

El joven albaceteño Carlos Pérez perdió a su madre en octubre de 2020 víctima de una pandemia. Pero no la de coronavirus, sino la del suicidio. Laura Ballesteros acabó con su propia vida a los 46 años tras dos intentos previos que habían resultado fallidos. Una trágica decisión que, como ella, han tomado más de 3.200 castellano-manchegos en lo que llevamos de siglo XXI, según los datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Durante el año 2020, el último del que hay registros, se suicidaron en España 3.941 personas en España -11 cada día-, la cifra más elevada desde que comenzaron a contabilizarse los casos. De todas esas muertes, 180 se produjeron en Castilla-La Mancha.

Aunque han pasado 15 meses desde que quedó huérfano, Carlos sigue en tratamiento psicológico y medicado contra la ansiedad, tratando de lidiar con un sentimiento de culpa tan injusto consigo mismo como humano y entendible: "Mi madre lo hizo un sábado y desde el lunes anterior me decía todas las mañanas que se quería suicidar. Lo consiguió un día en el que fui yo quien salió a trabajar. Imagínate".

¿Pero por qué estaba Laura en casa pese a la profunda depresión que atravesaba? Solo contaba con las únicas atenciones de sus dos hijos y con una medicación que, finalmente, utilizó para quitarse la vida. Carlos denuncia que el sistema público de salud no ofrece otra alternativa. "El principal sentimiento que tienes es el de abandono. Cuando lo intentó por primera vez estuvo ingresada un día y al siguiente la mandaron para casa. Mi madre, nada más salir, me dijo que lo iba a volver a hacer. Llamé a la psiquiatra para contárselo y me respondió que ellos no podían hacer nada. Mi hermana y yo, desde ese momento, dejamos de ser hijos para ser vigilantes de mi madre. No la podíamos dejar sola, no podíamos salir de casa. Vivimos en un pueblo y tenía miedo hasta de ir a por el pan porque piensas que si le pasa algo la culpa va a ser tuya".

Tras un segundo intento autolítico fallido, Laura fue hospitalizada durante dos semanas en la planta de Psiquiatría del hospital Perpetuo Socorro de Albacete, gestionado por la sanidad pública castellano-manchega. "Estábamos en pandemia y no podíamos ir a verla. Estaba medicada entre cuatro paredes, sin terapia de ningún psiquiatría ni psicólogo. Me llamaba por la tarde y me decía que la tenían drogada todo el día. A nosotros, desde el hospital, nos preguntaban cada día qué íbamos a hacer con ella, qué habíamos pensado, dónde la íbamos a llevar. Las opciones solo eran dos: irnos con nuestra madre a casa o gastarnos 4.000 euros al mes para ingresarla en una clínica privada. No se trataba de saber qué íbamos a hacer nosotros con ella sino de idear un plan, entre todos y con apoyo profesional, para tenerla atendida lo mejor posible y tratar de que se recuperase... pero nadie te ofrece herramientas".

Para una familia trabajadora solo quedaba un camino: "Nos la tuvimos que llevar a casa. Mi madre estaba de baja, cobrando 600 euros. Yo estaba viviendo fuera y tuve que dejar el trabajo. Me volví a Albacete con una mano delante y otra detrás. Mi hermana, con 21 años, estaba estudiando. Mi padre estaba en el paro, y aunque estaba separado de mi madre se portó muy bien y ayudó en todo lo que pudo". También lo hicieron el resto de familiares, que arrimaron el hombro para que Laura pudiese ser atendida en una costosa clínica especializada de Málaga. Privada, por supuesto. "El ingreso es voluntario y a los tres días fui a por ella porque no quería estar allí, pero tuvimos que desembolsar 1.600 euros por diez días", recuerda el joven.

Ese sentimiento de desamparo e impotencia, unido al inmenso dolor provocado por la pérdida de su progenitora, llevó a Carlos a publicar en enero de 2021, tres meses después de la anunciada muerte de su madre, un hilo de denuncia en la red social Twitter con el que compartía su "calvario". Se hizo viral y tuvo un alcance de seis millones de personas, en una época en la que está comenzando a dejar de ser un tabú hablar de los problemas mentales y del suicidio.

No hablar de suicidio agrava el problema

"Hay que huir del mito que dice que hablar de suicidio aumenta la posibilidad de que otras personas se suiciden, porque precisamente es al revés. Cuando no hablamos de ello agravamos el problema porque no sabemos cómo podemos ayudar", asegura Iván Eguzquiza, psicólogo del Colegio Oficial de la Psicología de Castilla-La Mancha. "La persona que piensa en suicidarse no lo hace porque otros lo hayan hecho. Lo hace porque se encuentra triste o solo, porque no ve salida o una solución a sus problemas, porque piensa que la vida es más dura que el hecho de morir. Si informamos a las personas de su alrededor sobre cómo pueden ayudarle, el suicidio se puede prevenir generando los recursos adecuados y creando una red de apoyo", añade.

En ese sentido, Eguzquiza ofrece varios consejos que pueden resultar muy útiles a los seres queridos de quienes expresan su deseo de morir, para manejar de la manera más adecuada posible un situación tan compleja y que supone un riesgo vital verdadero.

1. No evitar la conversación ni restarle importancia. "Tenemos que ser directos y hablar claramente de suicidio si la persona ha expresado su intención de hacerlo. Debemos expresar nuestra preocupación pero con cierta serenidad, sin mostrarnos horrorizados o espantados, porque podríamos provocar que dejen de contarnos su estado. Tenemos que mostraros dispuestos a escuchar sin juzgar, porque necesitan que aceptemos y comprendamos sus sentimientos pero no que les demos sermones sobre la vida o de lo que es correcto o incorrecto".

2. No prometer confidencialidad. "No podemos decirles que lo mantendremos en secreto porque es posible que tengamos que informar a las autoridades sanitarias o hablar con otras personas de su entorno para crear una red de apoyo a su alrededor".

3. Buscar ayuda profesional e informar al terapeuta. "Deberemos proporcionarle contactos de personas cercanas al paciente para que, en un momento dado, pueda apoyarse en ellos".

4. Retirar elementos de riesgo como cuchillos, hojas de afeitar o medicamentos. "Hay que tratar de no dejar sola a la persona que nos ha dicho que se quiere suicidar, aunque buscando un equilibrio para que no se sienta controlada en todo momento".

El profesional de la salud mental recuerda que, en contra de la extendida creencia popular que dice que quien avisa no lo hace, nueve de cada diez personas que se acaban suicidando habían advertido anteriormente de sus intenciones. "La ocultación suele darse cuando ya están decididos a hacerlo y detectan que los demás son un peligro para poder llevar a cabo su plan. En los primeros momentos, normalmente, quienes tienen intenciones suicidas sí suelen pedir ayuda a las personas de alrededor, y es cuando más conviene hablar del tema", explica.

Eguzquiza, además, califica como un "signo de mucha alerta" el hecho de que, ante la sospecha de un posible suicidio inminente, el afectado "no quiere contestar directamente o se calle y baje la cabeza mirando al suelo". "Si se muestra angustiado o intranquilo y no hay una negación, sino que no es capaz de responder, el riesgo podría ser muy real". Y otro momento crítico de "alarma inmediata", afirma el psicólogo castellano-manchego, se produce "cuando la persona resuelve el conflicto entre el deseo de vivir y el deseo de morir, cuando ha decidido ya cometer la acción". "Se queda más tranquila, refleja un mejor ánimo y más paz, pero es precisamente porque ya ha resuelto su conflicto y está decidida a suicidarse".

Teléfono corto de prevención

Tras la viralización del hilo que publicó en Twitter, Carlos Pérez supo que tenía que aprovechar la relevancia adquirida para prevenir otros suicidios "evitables" como el de su madre y, a través de la plataforma Change.org, puso en marcha una recogida de firmas para que el Gobierno de España activase urgentemente "un teléfono público, corto y gratuito de atención a víctimas del suicidio". Consiguió más de 95.000 apoyos, pero ningún líder político salvo Íñigo Errejón, con el que mantuvo una videoconferencia, trasladó su petición al Congreso de los Diputados.

Pero hace unos días, por sorpresa ya que nadie tuvo la deferencia de comunicárselo personalmente, leyó una noticia que le hizo llorar: el Ejecutivo de Pedro Sánchez, a través de la Secretaría de Estado de Telecomunicaciones e Infraestructuras Digitales, ha atribuido el número corto gratuito 024 al servicio de línea de ayuda a las personas con riesgo de conducta suicida. Aunque todavía no se conoce la fecha en la que comenzará a funcionar.

De su lado, el representante del Colegio de Psicólogos de Castilla-La Mancha aplaude el anuncio: "Uno de los consejos que damos a quienes tienen ideas suicidas es que tengan una lista de personas con las que contactar si empieza a tener pensamientos inmediatos sobre suicidio, y también una lista de servicios profesionales a los que acudir. En este sentido, un teléfono especializado en el que se les pueda atender inmediatamente es una acción tremendamente positiva".

"Lloré porque pensé que ojalá mi madre hubiese podido tener un teléfono al que llamar cuando se le cruzaba el cable, cuando se le pasaba por la cabeza acabar con su vida. Sé que es imposible acabar con los suicidios, pero si conseguimos evitar alguno de ellos ya es suficiente", asegura el joven albaceteño, que todavía no canta victoria. "Espero que esté atendido por profesionales, por psiquiatras y psicólogos, porque para prevenir el suicidio la psiquiatría siempre debe ir de la mano de la psicología. Mi madre, que tomaba dos antidepresivos al día, estuvo 17 años llamando al médico para que le renovase las recetas y era un proceso que se hacía automáticamente, sin más seguimiento, cuando un tratamiento así debería ser algo temporal".

Faltan profesionales

Mientras que la Organización Mundial de la Salud (OMS) alerta de que aproximadamente el 25 % de la población tendrá algún problema de salud mental a lo largo de su vida, en la sanidad pública Española hay seis psicólogos clínicos por cada 100.000 habitantes, tres veces por debajo de la media europea, y 40 camas psiquiátricas por cada 100.000 habitantes, cuando la media comunitaria está en 75.

Carlos Pérez, para superar el trauma que le provocó el suicidio de su madre, se paga de su propio bolsillo la terapia de una psicóloga que le está ayudando a salir a flote, que en un principio constaba de una sesión por semana. Asegura que, de haber pedido ayuda al sistema público, con suerte habría pasado por consulta cada dos o tres meses. Una atención a todas luces insuficientes para, como dice Eguzquiza, completar con éxito un complicado proceso hasta "asumir que nosotros no podemos hacer tanto como nos gustaría hacer, que no tenemos el control sobre los demás, que no somos magos y no sabemos cuando van a cometer el acto". "Sería tremendamente injusto con nosotros mismos sentirnos casi los causantes del suicidio de otra persona", finaliza.