María Luisa, su hija María y su gato Simba en el Pabellón 3 del Recinto Ferial de Talavera de la Reina.

María Luisa, su hija María y su gato Simba en el Pabellón 3 del Recinto Ferial de Talavera de la Reina. E.E. CLM

Sociedad

María Luisa y su hija siguen en Talavera con la fe de que el fuego acabe: "Es duro ver cómo somos las últimas de la cola"

Estas vecinas de Sotillo de la Adrada tuvieron que huir de su pueblo el pasado viernes.

Más información: Los realojos por los incendios reducen a 343 las personas evacuadas que siguen acogidas en Talavera de la Reina

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"He vuelto a mi época de juventud. Yo me crie en Talavera de la Reina aunque esta vez he regresado por el fuego". Dibujando una sonrisa tímida, María Luisa Arroyo busca claridad más allá del humo tras ser evacuada de su casa por el avance del incendio de Burgohondo (Ávila) el pasado viernes 24 de julio.

Desde entonces, esta vecina de Sotillo de la Adrada y su hija María "comparten cama" junto a las decenas de familias desplazadas del Valle del Tiétar y la Sierra de San Vicente que permanecen alojadas en el Recinto Ferial de Talavera de la Reina.

En su caso, no están solas. Las acompañan Vladi, su perro, y Simba, su gato. Por eso ocupan un rincón en el Pabellón 3 talaverano, el espacio acondicionado específicamente para los afectados que han dejado su hogar atrás por las llamas de la mano de sus mascotas.

Vídeo grabado por María en el momento que huyen de Sotillo de la Adrada tras decretarse el desalojo por los incendios.

Entre el laberinto de camas militares, las raciones de comida y los baños comunes se respira una mezcla de incertidumbre y gratitud. El personal de Cruz Roja, SESCAM y los voluntarios de Protección Civil procuran que la inseguridad de desconocer cuánto tiempo tendrán que dormir fuera no les invada.

Pese a que María Luisa tiene familia en la ciudad de la cerámica, decidió alojarse en el recinto ferial: "Queríamos convivir con la gente que está pasando exactamente lo mismo que nosotras y empatizar con ellos".

Sin embargo, la tensión acumulada y la angustia terminan pasando una factura inevitable. Horas después de hablar con EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha, María Luisa ha padecido un fuerte ataque de nervios y ha tenido que ser atendida por el operativo sanitario.

Huir sin mirar atrás

La pesadilla comenzó a finales de la semana pasada cuando las alarmas por el avance de las llamas resonaron en Sotillo de la Adrada. Cuando saltó la alerta, se encontraba en su lugar de trabajo: una residencia de ancianos. "Se me puso la carne de gallina. Lo primero que hicimos fue evacuar a los mayores", recuerda.

En medio de la confusión, su hija María cogió rápidamente al Vladi y Simba, buscó transporte y logró salir de la zona amenazada por el fuego. Cuando María Luisa regresó a su casa para ponerse a salvo, las llamas cortaban las vías de acceso a Sotillo. "Habían cerrado la carretera y no se podía acceder. Me dijeron que me marchara y vinieron a por mí", señala.

Simba, el gato de María y su hija.

Simba, el gato de María y su hija. E.E. CLM

Su primera parada fue La Higuera, pero la calma duró apenas unas horas. El viernes por la tarde, el municipio abulense también tuvo que ser desalojado. El camino les terminó conduciendo a Talavera de la Reina.

A su llegada al pabellón, la principal inquietud era el destino de sus mascotas. "Nos dijeron que había sitio para nosotros, pero que lo de los animales tenían que consultarlo; hubo un poco de caos inicial", señala. La habilitación del Pabellón 3 lo cambió todo: "Vimos el cielo abierto. Tenemos veterinarios, pienso y de todo".

Del pico inicial de más de 2.000 personas atendidas, la cifra de realojados se ha reducido este martes a 343 desplazados. La desescalada de la situación operativa del nivel 3 al nivel 2 ha propiciado el levantamiento de las restricciones vigentes en la provincia de Toledo.

Vecinos de pueblos como Sartajada, La Iglesuela del Tiétar, Almorox, Buenaventura o el Real de San Vicente ya han regresado a sus hogares. En cambio, la situación de María y su hija es gris por el momento. Sotillo de la Adrada sigue en Nivel 3 y la evacuación preventiva continúa.

"Es duro ver cómo los demás pueblos regresan y nosotras nos somos las últimas de la cola", lamenta la joven. En este sentido, esperan hacer la mochila este miércoles. "Si el viento no cambia, mañana probablemente nos dejen marchar".

El alcalde de Talavera, José Julián Gregorio, ha garantizado que el dispositivo municipal —con Cruz Roja, Protección Civil, Policía Local, SESCAM y decenas de voluntarios— seguirá volcado y activo hasta que el último afectado pueda volver de forma segura.

Aunque ansían con pisar su tierra, María Luisa y su hija se sienten "muy a gusto" en Talavera. "Se han volcado en todo. No nos falta absolutamente de nada, están constantemente pendientes. Estamos muy agradecidas".

Armadas de paciencia, María Luisa y su hija observan el cielo desde el Pabellón 3, junto a Vladi y Simba, esperando a que los bomberos y la naturaleza hagan lo propio para que la siguiente noche duerman en Sotillo.