Uno de los cadetes del campamento Don Pelayo.

Uno de los cadetes del campamento Don Pelayo. Cedida

Sociedad

El campamento militar de Koldo enseña disciplina a los niños: "Cuando termina, los padres están encantados"

"No son soldados, pero tienen que recoger su cuarto", apunta uno de los monitores.

Más información: El campamento de verano donde adolescentes parecen militares: "Madrugan, hacen ejercicio y se forman"

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La disciplina, la lealtad y el honor son valores que parecen resucitar entre la juventud. Aunque el servicio militar obligatorio en España fue derogado hace 25 años, cada vez más adolescentes buscan experiencias similares a esa mili.

Un caldo de cultivo ideal para que florezcan fenómenos como el campamento Don Pelayo en Orea (Guadalajara). "Es un campamento normal de verano, lo único que les vestimos de uniforme. Son niños, no soldados". Con esa contundencia define el proyecto uno de sus responsables, Koldo.

Este miembro de Operaciones Especiales atiende a EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha para ahondar en el cómo y el porqué del éxito de esta actividad de orientación militar dirigida a niños y jóvenes de entre 7 y 21 años.

"Volcamos nuestra experiencia en el ejército en ellos, se les enseña aspectos útiles para toda su vida", manifiesta Koldo. En apenas una década, estos programas han pasado de ser una rareza a movilizar a más de 2.000 menores cada verano en España, representando ya el 5% del sector.

Tras arrancar originalmente en la Sierra de Madrid, el Campamento Don Pelayo afronta su segundo año consecutivo en Orea. Se desarrollará durante los primeros quince días de agosto, periodo donde los jóvenes convivirán aislados de toda población en el corazón del Parque Natural del Alto Tajo.

Campamento Don Pelayo.

Campamento Don Pelayo. Cedida

"A raíz de que enviamos a nuestro hijo a un campamento de este tipo, hubo varias cosillas que no nos gustaron y nos salimos de allí cuatro monitores y mi mujer que es la médico y montamos este ya a nuestro gusto", relata Koldo.

Para garantizar la seguridad y la calidad de la formación, huyen de las masificaciones: "Tenemos un límite de 80 cadetes para poder tener cuatro secciones de entre 15 y 20".

En un primer momento, era solo para menores de edad, sin embargo, la fidelidad de los alumnos les llevó a ampliar el rango de edad hasta los 21 años. Los cadetes más veteranos repiten año tras año y terminan actuando como auxiliares de la organización.

Desintoxicación digital y "zafarrancho" a las 8:00

Cadetes en el campamento Don Pelayo en Orea (Guadalajara).

Cadetes en el campamento Don Pelayo en Orea (Guadalajara). Cedida

El funcionamiento diario del campamento Don Pelayo es exigente y arranca con un choque de realidad: el primer día se les confisca el móvil, "los padres lo agradecen". "Les obligamos a interactuar, a hablar y jugar entre ellos. Es una desintoxicación digital", afirma Koldo.

El reloj no da tregua, los niños se levantan entre las 7:15 y los 7:20 de la mañana porque "a las ocho se forman y, como en todos los cuarteles, es el izado de bandera", señala. Se trata de un acto solemne donde los participantes aprenden a guardar respeto y cumplir con sus obligaciones.

Una vez desayunan, llega el momento del "zafarrancho" de limpieza. Divididos por turnos, los chicos limpian a fondo sus cuartos y las zonas comunes de duchas y comedor. "Tienen que dejar su dormitorio recogido, que no sea una leonera", subraya el exmilitar y fundador del proyecto.

Niños en el campamento Don Pelayo. Los rostros aparecen pixelados para proteger su identidad.

Niños en el campamento Don Pelayo. Los rostros aparecen pixelados para proteger su identidad. Cedida

De hacer fuego a hornear pan

Las actividades diarias combinan juegos y competiciones más tradicionales como una carrera de obstáculos con técnicas de supervivencia y orientación en plena naturaleza. En este sentido, se les enseña a analizar planos, identificar el terreno y usar la brújula.

"Por la noche hacemos orientación nocturna con las estrellas. El cielo de Orea, sin contaminación lumínica, es una maravilla", resalta Koldo. Asimismo, imparten talleres para encender una hoguera de forma segura. "Este año queremos que construyan un horno de pan y hagan su propia masa", añade.

La oferta se completa con sesiones de escalada, rápel y estrategias de defensa en grupo con réplicas de airsoft para los más mayores y tiro con arco para los pequeños.

Algunas de las actividades que desarrollan en el campamento en Orea (Guadalajara).

Algunas de las actividades que desarrollan en el campamento en Orea (Guadalajara). Cedida

No a los piercings y al tabaco

El dossier del campamento, al que ha tenido acceso este diario, especifica que durante el desarrollo de la actividad está estrictamente prohibido portar cualquier clase de piercing, pendiente, pulsera o collar. Tampoco se permite la ingesta de drogas, bebidas alcohólicas ni fumar.

Cualquier incumplimiento grave de estas directrices es motivo de expulsión inmediata. "Queremos reforzar valores como el compañerismo y el respeto, que lamentablemente se están perdiendo", subraya Koldo.

Niños merendando en el campamento Don Pelayo.

Niños merendando en el campamento Don Pelayo. Cedida

Precios y descuentos para la temporada 2026

La estancia de una semana tiene una tarifa oficial estipulada en 790 euros que asciende a 1.190 euros para los quince días. El coste de la matrícula cubre todas las necesidades del menor: uniforme completo, dos camisetas de algodón, camiseta técnica, cinturón, chambergo y pensión completa.

En el campamento Don Pelayo disponen de servicio médico las 24 horas y una ratio de un monitor por cada diez cadetes. Todo el material, el seguro de accidentes y responsabilidad civil también están incluidos. Además, aplican descuentos para hijos de miembros de la Guardia Civil, Policía Nacional o Fuerzas Armadas.

De igual manera, los cadetes repetidores de ediciones anteriores también pueden acceder a un descuento general del 5%. El proceso de inscripción se gestiona por correo electrónico y exige el abono fraccionado en tres plazos a lo largo del año para asegurar la plaza.

Después de quince días de madrugones y cumplimiento de deberes, la experiencia se culmina con un pequeño acto militar donde los jóvenes desfilan en formación ante sus familias y reciben sus diplomas.

"Cuando terminan, los padres están encantados. Nos dicen: '¡Oye, cómo ha cambiado mi hijo!' Lo que pasa es que a muchos luego en casa se les olvida enseguida", confiesa Koldo.

Niños haciendo flexiones en el campamento Don Pelayo.

Niños haciendo flexiones en el campamento Don Pelayo. Cedida

La discreción de emplazarse en un pueblo como Orea, de apenas 190 habitantes, les permite intensificar aún más en los adolescentes esa desconexión de las redes sociales y abrirles las puertas de un estilo de vida basado en los valores que mueven legiones enteras.

Con la mirada puesta en esa primera quincena del mes de agosto, Koldo concluye lanzando un mensaje a la sociedad: "El objetivo es, primero, que se lo pasen bien y después que aprendan. Si conseguimos que no estén distraídos y hablen entre ellos, tenemos todo ganado".