Irene junto a sus ovejas.

Irene junto a sus ovejas.

Sociedad

La joven ganadera que necesita un crédito para salvar a sus 250 ovejas: "Me piden construir una nave antes de septiembre"

"¿Qué préstamo me dan con 24 años y sin vida laboral? Si no lo soluciono, me tocará vender todo y devolver la subvención de incorporación", lamenta.

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Irene Alepuz era consciente de que la ganadería no es un camino de rosas. Sin embargo, lo que no se imaginaba es tener que plantearse dejarlo con apenas 24 años. Esta chica natural de Boniches (Cuenca) se incorporó recientemente al sector como joven ganadera y ahora se enfrenta a una odisea administrativa para sacar adelante su explotación de 250 ovejas que pretende ampliar a 500 cabezas.

Comenzó esta aventura por pura vocación y con la idea de ayudar a su madre Victoria, una mujer de 52 años y con dos carreras universitarias que decidió dejarlo todo para hacerse cargo de la granja ovina que en un día inició su exmarido. "Mi abuelo sí fue pastor, pero mi madre no se crio con animales. Nunca nos habríamos imaginado tener ovejas", confiesa al recordar el origen de todo.

Tras empaparse de la profesión siendo una adolescente, Irene se incorporó como autónoma para prosperar por su cuenta. "A mí siempre me ha gustado todo el tema de los animales. Si había que vacunar o ayudar, yo siempre estaba allí", recuerda. Lo que empezó como una ayuda puntual terminó por definir su futuro sin quererlo ni beberlo.

Irene dando de comer a una de sus ovejas.

Irene dando de comer a una de sus ovejas. Cedida

A fin de mantener las ayudas que le brinda el Estado por incorporarse al sector siendo tan joven, Irene tiene la obligación de tener su propio núcleo ganadero, es decir, no le sirve la nave de sus padres. Al respecto, consiguió alquilar una instalación municipal para salir del paso, pero para albergar las 500 ovejas del año que viene necesita construir una nave nueva.

"Me cuesta hacerla 150.000 euros. Me la valoraron en 50.000 euros. Claro, y te dan el 70% de esos 50.000; y para que a mí me paguen eso, la nave tiene que estar hecha antes de septiembre", señala. Esto se traduce en que la subvención que cubre teóricamente el 70 % de la inversión se basa en una tasación inferior al precio real, esto sin contar que tiene que adelantar ese dinero.

Irene ayudando a un cordero a amamantar.

Irene ayudando a un cordero a amamantar.

Al ir a pedir crédito a una entidad bancaria, Irene se topa con otros obstáculos: "¿Qué préstamo me dan con 24 años y sin vida laboral? Si no lo soluciono, me tocará vender todo y devolver la subvención de incorporación". Para apostar por el campo, la conquense de 24 años tuvo que renunciar a la estabilidad.

Estudió el grado de Técnico Superior para opositar a Agente Medioambiental de la Junta de Comunidades, una opción de seguridad y sueldo fijo que hoy buscan el 40% de los menores de 25 años. En cambio, decidió quedarse en Boniches con sus ovejas. "Al final, si hubiera aprobado la oposición, el destino iba a ser el que me mandase y yo no quería dejar mi pueblo", explica con madurez.

@ireneealepuz Cordero va cordero vieneeeee, vacunando los más peques🐑 Con la mía mammma siempre❤️🤝🏼 #ganaderia #farmlife #mujerdecampo #sheep #farming ♬ sonido original - Agroirene

La realidad es que el engranaje funciona porque están juntas. "Tengo la suerte de tener a mi madre y nos compenetramos muy bien en el día a día. De lunes a viernes estamos las dos en la nave. Nos turnamos las ovejas que tenemos preñadas, las sacamos y se hace todo súper llevadero", destaca con orgullo.

Esa complicidad innata de madre e hija es el apoyo para no desistir ni los fines de semana ni durante las fiestas: "La faena es de la mañana a la tarde. No puedes decir hago mis cosas y me voy. Cuando hay ovejas pariendo, es lo que toca y punto".

Un sacrificio titánico que ni siquiera asegura un sueldo fijo a final de mes. "Tu jornal no se cuenta. Tú cuentas para pagar al trabajador, los piensos, las vacunas, el autónomo...Yo voy viviendo con ello. La gente quiere empleos más cómodos, aquí si viene un año malo, te atas los pantalones como puedas", subraya.

A pesar de encontrarse en una carrera contrarreloj de papeleo y financiación y lidiar con la amenaza de tratados internacionales con Australia que podrían abaratar el precio del cordero, se niega a tirar la toalla por ella, por Boniches y por el legado que ha iniciado su madre.

"Soy feliz en mi casa, en mi zona, con mi gente. No me levanto diciendo 'joder, otra vez a trabajar'. La calidad de vida que me da esto no me lo da otra cosa", afirma con rotundidad. Su tono y actitud deja claro que al otro lado del teléfono hay una mujer que es la extensión de su madre.

Cuando hace diez años Victoria compró aquellas primeras ovejas, empezó a escribir una historia imborrable para su árbol genealógico. "Si mi abuelo nos viera, no se lo creería", así concluye Irene teniendo por seguro que si la pasión y la vocación está detrás de tu camino, ten por seguro que te augura buen destino.