Cristina y su madre, María Ángeles, en el aula.

Cristina y su madre, María Ángeles, en el aula. Cedida

Sociedad

María Ángeles vuelve al instituto con 50 años para ayudar a su hija sordociega: "Soy sus ojos y oídos"

"En algunas asignaturas estoy como alumna, en otras como mediadora y en otras como madre", comenta.

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Una madre hace y renuncia a lo que sea necesario por sus hijos. Esta premisa resume la historia de María Ángeles, una albaceteña que ha vuelto a las aulas con 50 años para ser el apoyo de su hija: Cristina Landete, una joven sordociega con un 85 % de discapacidad reconocida.

Sentadas en uno de los pupitres que comparten para tomar apuntes, madre e hija atienden a EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha. "Cuando el profesor me dice: María Ángeles, tengo que hablar contigo, yo le pregunto, pero, ¿como madre, como alumna o como mediadora?", explica la progenitora.

La historia de Cristina es de sobra conocida, sus logros deportivos y humanos como la primera jinete sordociega que compite en hípica en España ha ocupado titulares en grandes medios de comunicación y le otorgó en 2024 la distinción de Hija Predilecta de Castilla-La Mancha.

Cristina y María Ángeles junto al alcalde de Albacete, Manuel Serrano.

Cristina y María Ángeles junto al alcalde de Albacete, Manuel Serrano. Cedida

Tras cumplir la mayoría de edad, Cristina tuvo que ser calificada de nuevo en base al Baremo de Valoración de la Dependencia (BVD). "Le han bajado al grado II de dependencia (severa) porque la ven independiente en casa, pero le hicieron las mismas preguntas que a mi madre de 90 años", denuncia María Ángeles.

La realidad es que Cristina no puede desarrollar sin ayuda de terceros muchas labores rutinarias. En este sentido, argumenta que no puede hacer la compra sola porque las etiquetas de los productos en las estanterías no están en braille. Asimismo, apunta que no dispone ni de transporte público para bajar de su urbanización a Albacete.

Cristina y su madre en clase.

Cristina y su madre en clase. Cedida

El vacío legal tras la ESO

"Cuando dejas la ESO y pasas a FP, te tienes que buscar la vida", explica la madre refiriéndose a los apoyos reglados para alumnos con necesidades especiales como Cristina que sí existen en la educación obligatoria, pero que en la Formación Profesional brillan por su ausencia.

María Ángeles y su hija Cristina en una foto personal.

María Ángeles y su hija Cristina en una foto personal. Cedida

María Ángeles sabe de lo que habla. No solo es madre, tras un accidente laboral se formó como profesional de la Mediación Comunicativa, una titulación superior dedicada a facilitar la interacción de personas con dificultades de comunicación (personas sordas, sordociegas o con trastorno del espectro autista (TEA)).

Sin embargo, la figura del Mediador Comunicativo no está reconocida como un cargo público en Castilla-La Mancha. Ante el vacío, la albaceteña movió cielo y tierra, se matriculó en la FP junto a su hija y envió un escrito a la Delegación de Educación. "Solicité estar al lado de Cristina como mediadora, sin cobrar, de forma voluntaria. Soy sus ojos y oídos", aclara.

Tras pasar su requerimiento por Toledo, capital administrativa regional, el permiso llegó el mismo día que empezaron las clases. Al estar ya matriculada, los profesores la animaron a sacarse también el título. "En algunas asignaturas estoy como alumna, en otras como mediadora y en otras como madre", comenta.

Para poder sostener este apoyo, María Ángeles ha tenido que renunciar a su propio desarrollo laboral. "Yo estaba trabajando como mediadora con otro chico y lo tuve que dejar por Cris. Menos mal que mi marido soporta la carga económica y tengo mi propia pensión por incapacidad laboral", apunta.

Cristina y sus padres en un foto personal tras un campeonato de hípica.

Cristina y sus padres en un foto personal tras un campeonato de hípica. Cedida

A pesar de los obstáculos, madre e hija han diseñado un sistema de trabajo que le está dando a la joven unos resultados académicos "superbuenos". María Ángeles suele tomar notas y hace de puente con los profesores mientras Cristina escribe sus apuntes con un aparato que hace de línea braille y telelupa.

Aparato que emplea Cristina para tomar apuntes.

Aparato que emplea Cristina para tomar apuntes. Cedida

"Todo lo que sale el ordenador, en la pantalla, a ella le sale abajo y esos puntitos blancos se van levantando para que ella pueda comprender la información", detalla. En el apartado de evaluación, Cristina se somete a los mismos exámenes que sus compañeros, aunque algunas asignaturas se amoldan a sus necesidades.

"Algunos docentes le hacen pruebas orales cuando los temas son muy largos. No tendrían por qué hacerlo, pero lo hacen", agradece María Ángeles.

Después de todo para Cristina su madre son sus ojos y oídos con el mundo. "Ella siempre va a estar ahí", afirma alegremente. Al preguntarle sobre sus nuevas metas es ambiciosa en plano deportivo: "Mi sueño es llegar a las Paralimpiadas y también quería competir en el Campeonato del Mundo de la Copa ANCCE, pero no puedo competir porque no llegamos al mínimo de tres jinetes paralímpicos".

Cristina ejerciendo hípica.

Cristina ejerciendo hípica. Cedida

Afortunadamente donde Landete sí está compitiendo a lomos de su caballo es a nivel nacional. Un equipo de hasta seis personas colaboran con ella en cada carrera. "Tiene a tres voceadores en pista que la guían, un mediador comunicativo, la entrenadora y el comisario del juez", detalla la madre.

Fuera de la hípica, Cristina quiere seguir formándose para convertirse en monitora de animación sociocultural. "Me encantan los niños y disfrazarme. Tengo todos los trajes de las princesas Disney", cuenta con ilusión. Aspira a romper esa metodología que "trata a los niños como plantas o muebles", critica.

Mientras madre e hija comparten exámenes y apuntes, su caso es una clara reivindicación para que la figura del Mediador Comunicativo sea dotada en toda la etapa educativa pública. "Igual que un niño con TEA tiene sus apoyos en la ESO, un alumno en FP no debería quedar desamparado", concluye María Ángeles.