La travesía de Guzmán con 26 maletas llenas de esperanza para operar de cataratas a 410 personas en Mozambique

La travesía de Guzmán con 26 maletas llenas de "esperanza" para operar de cataratas a 410 personas en Mozambique

Guadalajara

Guzmán, el joven que ha devuelto la visión a más de 400 africanos: "Nos lavábamos con agua de lluvia antes de operar"

Una misión humanitaria de la Fundación Elena Barraquer en la que el enfermero alcarreño formó parte de un "engranaje perfecto" contra la ceguera.

Más información: Mujeres protagonistas: el proyecto de la Universidad de Alicante que transforma la educación en Senegal

Publicada

Llenar cubos de agua de lluvia para lavarse las manos antes de entrar a un quirófano improvisado. Ese fue el primer choque de realidad para Guzmán de Lucas, un enfermero con 26 años de Cabanillas del Campo que el pasado 20 de marzo cambió durante una semana el Hospital Universitario de Guadalajara por una misión en Boane (Mozambique): devolver la visión a 410 personas en apenas cinco días.

En el bloque quirúrgico del centro sanitario castellanomanchego, donde De Lucas desarrolla su labor diaria, el silencio es aséptico y la tecnología, incuestionable. Sin embargo, para este joven alcarreño, la verdadera enfermería siempre tuvo una frontera más lejana. "Desde que empecé la carrera tenía el gusanillo de llevar mi labor a los sitios donde normalmente no llega la sanidad", confiesa.

Ese impulso le llevó a envolverse en una expedición de la Fundación Elena Barraquer, una organización que lucha contra la ceguera evitable en los rincones más olvidados del planeta.

Guzmán De Lucas junto a dos compañeros en una operación de cataratas en Boane.

Guzmán De Lucas junto a dos compañeros en una operación de cataratas en Boane. Cedida

Para entender la magnitud del viaje del joven enfermero, hay que mirar las cifras que maneja la Organización Mundial de la Salud (OMS). En un informe de febrero de 2026, la entidad alertó de una crisis silenciosa: una de cada dos personas que padecen ceguera por cataratas necesita urgentemente acceso a una cirugía que cambie su vida.

Engranaje perfecto

En las zonas menos desarrolladas del planeta, esta patología ocular sigue siendo la principal causa de ceguera evitable. Según los datos de la Fundación Elena Barraquer, se estima que hay más de 20 millones de personas en el mundo ciegas por dicha enfermedad, a pesar de que la intervención quirúrgica es rápida y tiene un coste reducido en relación a su efectividad.

En países como España, operarse de cataratas tiene como única barrera de acceso las listas de espera de la sanidad pública; en Mozambique, país situado en el puesto 180 de 190 en el Índice de Desarrollo Humano, es una condena a la dependencia total.

La logística de la expedición fue una "maratón" antes incluso de tocar suelo africano. "Todo empieza en Barcelona", relata De Lucas a EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha. "Llevamos todo el instrumental, el aparataje... semanas antes, las enfermeras preparan 26 maletas cargadas de esperanza".

Veinte horas de ida y otras veinte de vuelta, ambas con escala en Lisboa, moviéndose por el terreno en camionetas hasta llegar a Boane, una localidad rural cercana a la capital mozambiqueña.

Guzmán junto a un compañero en sus jornadas de operaciones en Boane.

Guzmán junto a un compañero en sus jornadas de operaciones en Boane. Cedida

Allí, el equipo de 10 personas —anestesistas, oftalmólogos, enfermeras e instrumentistas que ni siquiera se conocían entre sí— se transformó en un "engranaje perfecto". El escenario, sin embargo, distaba mucho de los quirófanos pulcros de Guadalajara.

"En Boane ni siquiera teníamos agua corriente en el hospital", confiesa el joven. "Nos adaptamos a las condiciones, porque es uno de los principios de la fundación. El agua se solucionaba llenando cubos con agua de lluvia. Un método tan arcaico como ese para algo tan crítico como el lavado de manos quirúrgico".

Equipo que operó a las más de 410 personas en Boane.

Equipo que operó a las más de 410 personas en Boane. Cedida

Lo que siguió fue una carrera contra el reloj. El grupo de voluntarios no fue a hacer turismo; fue a operar. Durante cinco días intensos, desde el amanecer hasta la noche, el equipo quirúrgico —liderado por dos oftalmólogos y dos instrumentistas, entre ellos el sanitario guadalajareño— alcanzó una cifra que parece imposible en cualquier entorno clínico convencional: 80 operaciones diarias.

En total, 410 operaciones de cataratas finalizadas con éxito. Son 410 personas que recuperaron su lugar en el mundo e incluso "les dimos una nueva oportunidad de vida". Las cataratas en estos contextos no discriminan por edad; De Lucas vio desde jóvenes hasta ancianos sumidos en una niebla total, sin permitir percepción alguna.

"Ofrecerles volver a ver es darles una oportunidad que ni siquiera se atrevían a soñar"

"En estos países, la ceguera es un problema más grave si cabe. No hay alternativas. Al devolverles la visión, les devolvemos la autonomía a ellos y a sus familias", explica con la voz de quien ha visto el impacto real de su trabajo.

Devolver la vida

Si hay un momento que queda grabado en la retina de este enfermero alcarreño es lo que los profesionales llaman el "destape". Tras la cirugía, el paciente pasa 24 horas con el ojo tapado. Al día siguiente, en la revisión, se retira el apósito.

"Es muy emocionante", relata De Lucas. "Cuando comprueban que han recuperado la visión, o incluso solo la percepción de luz, reaccionan llorando, con un agradecimiento enorme. Aunque hablamos lenguas distintas, el sentimiento es universal". A pesar del nerviosismo inicial de los pacientes ante aparatos que nunca habían visto, la alegría final borraba cualquier rastro de miedo.

Paciente intervenida de cataratas durante la expedición a Boane.

Paciente intervenida de cataratas durante la expedición a Boane. Cedida

Regresar a su puesto en el Hospital de Guadalajara el 29 de marzo ha sido un choque de realidad. "Es un cambio de concepto cerebral absoluto", reflexiona. Mientras que en España debatimos sobre listas de espera y pequeños fallos del sistema, en Mozambique la conversación es sobre la imposibilidad de acceso.

"Aquí entendemos la salud como un derecho, casi como algo normal. Allí, muchos ni siquiera contemplan la posibilidad de volver a ver. No hablamos de tiempos de espera, hablamos de oportunidades de vida", sentencia el joven.

Para De Lucas, esta primera expedición con la Fundación Elena Barraquer es solo el comienzo. A pesar del agotamiento físico y la carga emocional de palpar la pobreza extrema, la recompensa es incomparable. Ya piensa en su próxima salida, siguiendo el ejemplo de compañeros que realizan hasta cinco expediciones al año.

"Su mundo ha dejado de ser borroso para convertirse en un lugar lleno de luz"

Con su expedición a África De Lucas ha demostrado que la mejor medicina no siempre viene en frascos, sino que también puede ir dentro de 26 maletas cargadas de esperanza y en la voluntad inquebrantable de cruzar el mapa para devolver la visión a quien ya la creía perdida.