Constantino Martínez Gaona, alcalde de Torremochuela (Guadalajara).

Constantino Martínez Gaona, alcalde de Torremochuela (Guadalajara).

Guadalajara

La vida de Constantino, el único vecino del pueblo más pequeño de España: "Soy alcalde, alguacil, barrendero..."

"Esto es la España vaciada, pero vaciada. Da pena ver que no viene nadie", lamenta.

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"Somos seis empadronados aunque la mayoría no duerme aquí. Paso casi todo el año solo". Esta es la cruda realidad de Torremochuela (Guadalajara), el pueblo más pequeño de España según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE): un título desolador que hasta hace un año pertenecía a Illán de Vacas (Toledo) y que ahora comparte con Villanueva de Gormaz (Soria).

La historia reciente de este pintoresco rincón de la España vaciada tiene nombre y apellidos: Constantino Martínez Gaona, actual alcalde de la localidad con menos vecinos del país. A pocos días de cumplir 81 años, atiende a EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha.

En un lugar donde la población se puede contar con los dedos, sobran cargos y faltan manos. "Yo soy el alcalde, el alguacil, el barrendero... todo. A mis años ya me cuesta, pero me gusta tener el pueblo limpio y ordenado", confiesa al otro lado del teléfono.

Torremochuela (Guadalajara).

Torremochuela (Guadalajara). Vive tu Pueblo

La realidad demográfica de Torremochuela no es tal y como la pinta el INE. Los otros cinco vecinos restantes son en su mayoría agricultores que residen en Molina de Aragón y solo suben al pueblo para labrar las tierras o personas que se mantienen en el padrón por vínculos familiares o trámites administrativos.

Durante siete u ocho meses del año, la soledad inunda el día a día de Constantino. "Esto es la España vaciada, pero vaciada. Da pena ver que no viene nadie", lamenta. Con la idea de resucitar la aldea donde nació, decidió postularse al bastón de mando en los comicios de 2019: "Me presenté como alcalde porque veía que el pueblo iba a desaparecer".

Iglesia parroquial de Torremochuela (Guadalajara).

Iglesia parroquial de Torremochuela (Guadalajara). Vive tu Pueblo

La desolación desaparece cuando las familias que emigraron a las grandes ciudades regresan a las tres o cuatro casas de piedra vista que dibujan la orografía del reducido núcleo urbano donde las calles no tienen nombre. "Cuando vuelven están encantados porque lo tengo todo arreglado", subraya.

Constantino cuenta que administrar el municipio más pequeño de España es todo un ejercicio de malabarismo institucional. "Nuestro presupuesto es de 25.000 euros al año y con esto tienes que mantener el pueblo vivo. Pero claro, se te va todo solo en una obra".

A esos 25.000 se suman unos 12.000 euros anuales procedentes del coto de caza local que se destinan al mantenimiento de la propia finca. La escasez financiera convierte cualquier incidencia en un gasto inasumible.

Ante la imposibilidad de contratar personal, el regidor de Torremochuela ha optado por la autogestión total: Con una desbrozadora siega la hierba de las cunetas, recoge las hojas que el aire amontona en la plaza, cava los hoyos donde planta los árboles, entre otras múltiples tareas de servicio municipal.

"Intento hacer todo lo que puedo hasta donde me da el dinero", ratifica. El aislamiento de Torremochuela no es solo social, sino geográfico y administrativo. Deben desplazarse hasta Molina de Aragón para gozar de los servicios más básicos como el médico, el supermercado o la farmacia.

Apenas 10 kilómetros separan Torremochuela de Molina, sin embargo, no disponen de una carretera asfaltada y los vecinos están obligados a dar un rodeo absurdo de 17 kilómetros de ida y otros 17 de vuelta. Constantino llegó a recoger 750 firmas para exigir la construcción de dicha vía a la Diputación provincial.

Vista aérea de Torremochuela.

Vista aérea de Torremochuela. Vive tu Pueblo

"Llevo años pidiéndola y nada", denuncia con profunda tristeza sabiendo que esta desconexión y la deficiente cobertura móvil en la zona alejan del municipio a los jóvenes y a las familias. En su intento por ofrecer incentivos a las nuevas generaciones levantó una pista de pádel: "He querido hacer cosas para atraer a la gente, pero no llegan".

Su último proyecto aspira en convertir una casa del pueblo en una micro-residencia de ocho o diez habitaciones para que "la gente pueda acabar sus días aquí y no tengan que irse a Molina", detalla.

Tras casi siete años al frente de Torremochuela y estando prácticamente solo la mayor parte del año, Constantino desvela su receta para no perder la cordura: "Tengo un huerto donde siembro y me entretengo".

Esa soledad se rompe brevemente los miércoles por la tarde cuando conversa con la secretaria municipal que gestiona los trámites de varios pueblos, entre ellos Torremochuela. El resto del tiempo, Constantino sigue poniendo a punto el pueblo y convenciendo a su sobrina, actual teniente de alcalde, para que tome relevo y brinde a su tierra natal un futuro más esperanzador.

"Cuando me vaya y aquí no viva nadie, me temo que mi pueblo desaparecerá", así cierra la conversación Constantino. Sin duda, una historia que lamentablemente hace de espejo de otros muchos territorios de España donde ya solo quedan recuerdos.