Mujer con pantalones en Tomelloso. Vértice Comunicación
Tomelloso, el primer pueblo español donde las mujeres llevaron pantalones
Una plaga de insectos igualó en vestimenta a hombres y mujeres.
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Hace dos siglos Tomelloso se alzó con el título de primer pueblo de España en permitir que las mujeres usaran pantalones. Una prenda 'masculina' de pana con rayas dibujadas en colores oscuros que se modificaban según la época del año. Durante la época invernal estaban forrados y ceñidos en la parte inferior de la pierna con tiras de esparto, cuero o cáñamo.
Corría el siglo XIX cuando una plaga de filoxera condujo a un cambio que nadie esperaba: las mujeres terreras con el fin de protegerse en la faena cambiaron sus faldas por pantalones. Aunque más bien, de lo que debían protegerse era de las miradas indecorosas de sus compañeros.
Situado en el corazón de la geografía manchega y a punto de convertirse en el mayor productor de vino a escala mundial, el pueblo de Tomelloso sufrió una de las mayores plagas que asoló al campo español. Con el objetivo de buscar un refugio para sus cultivos de vid, los tomelloseros trabajaron en la creación de las más de 2.000 cuevas horadadas que recorren a día de hoy el subsuelo del municipio.
Mujer de Tomelloso vistiendo pantalón. Vértice Comunicación
Hombres y mujeres arrimaron el hombro para conseguir salvar lo que les daba de comer. Mientras ellos excavaban la tierra, ellas se encargaban de extraerla desde las lumbreras -unas rejillas de respiración que daban salida al exterior, luz al interior y ventilación a los trabajadores- con un torno o maquinillo que en algunas ocasiones les dejaban heridas.
Para evitar que las piernas de las mujeres acabasen dañadas y para ganar agilidad en los movimientos, se propuso que las trabajadoras utilizasen los mismos pantalones que sus compañeros. Con ello conseguirían que sus extremidades quedasen cubiertas y así poder agacharse, cargar y moverse con mayor soltura.
Fue así como las tomelloseras implicadas en estas faenas no solo se ganaron el apodo de 'terreras', sino que sin quererlo, se hicieron con el título de las primeras españolas en vestir pantalones. Gracias a la propuesta de protegerlas durante las jornadas de trabajo, una prenda que era considerada únicamente masculina pasó a convertirse en el uniforme diario de las trabajadoras.
Pero como en toda historia de avance femenino, la medida no estuvo exenta de polémica entre los hombres. Al inicio de las excavaciones, las terreras faenaban en faldas y desde las lumbreras, situadas en la parte superior de las cuevas, quitaban la tierra que sus compañeros excavaban desde abajo, lo que suponía que alguna mirada se colase entre las faldas, deseosas de observar sus partes íntimas.
Con la propuesta de protegerlas de las labores que realizaban con la tierra, también las acabaron protegiendo de las miradas indecorosas. El uso del pantalón se delimitó exclusivamente a las jornadas de trabajo, una prenda hecha de pana con rayas dibujadas en colores oscuros o pardos y que cambiaban en función de la época del año. Durante el invierno estaban forrados y ceñidos en la parte inferior de la pierna con tiras de cáñamo, esparto o cuero.
Lo que consideramos un hito en la actualidad, también tuvo eco entre sus contemporáneos. El 26 de septiembre de 1896 la revista Blanco y Negro salió a la calle con las mujeres de Tomelloso en portada y una descripción de su cronista que decía: "Ofrece dicho pueblo la particularidad de ser acaso el único de España donde las mujeres usan pantalones, demostrando con esta prenda varonil que como los hombres trabajan".
Junto a las terreras estaban las 'lieras', mujeres uniformadas con pantalones largos que se encargaban de recoger y limpiar el interior de los barriles tras la fermentación del vino.
Un pueblo que con el afán de sobrevivir a una plaga de insectos y sin pretenderlo, convirtió a mujeres anónimas en pioneras. La historia de las terreras y las lieras sigue viva en las lumbreras que se pueden observar por la calles del municipio y en la estatua que recuerda en la plaza central de Tomelloso a todas aquellas mujeres.
El pintor Antonio López Torres capturó entre pinceladas un hito que quedó dibujado para siempre en la historia manchega.