Detector de radón
Mapa del radón en Castilla-La Mancha, un gas radioactivo que sabe colarse en las casas: "No se ve, no se huele y no pica"
Las provincias de Toledo, Ciudad Real y Guadalajara concentran un elemento que amenaza la salud cuando se acumula en interiores.
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Presente de forma natural bajo tierra, el radón es un gas radiactivo que en Castilla-La Mancha se detecta en decenas de municipios de las provincias de Ciudad Real, Toledo y Guadalajara. En exteriores se dispersa y alcanza concentraciones bajas, pero en espacios cerrados —especialmente en plantas bajas y sótanos— puede acumularse con facilidad. Una exposición elevada supone un riesgo para la salud: este elemento es la primera causa de cáncer de pulmón en no fumadores.
A diferencia de otros contaminantes, el radón "no se ve, no se huele y no pica", comenta María Teresa Baeza, doctora en Ciencias Químicas y catedrática de la Escuela de Ingeniería Industrial y Aeroespacial de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM). "Sin embargo, puede estar ahí durante años".
El radón se genera de forma natural en el subsuelo. "En muchas rocas y suelos hay uranio que al desintegrarse produce radio (Ra‑226) y, a partir de él, radón (Rn‑222), un gas", explica.
Su presencia constituye "uno de esos problemas domésticos que desconciertan". Los puntos por los que el radón se introduce en la vivienda son "grietas, juntas, pasos de tuberías y cables, desagües o discontinuidades entre el suelo y las paredes", enumera Baeza.
Lo que queda por debajo de la superficie sobre la que se levanta la vivienda es, por tanto, la "fuente principal" de emisión de radón. Y es capaz de penetrar en espacios aparentemente cerrados "porque se mueve a través de los poros del suelo".
No obstante, este gas se caracteriza como un elemento "muy variable", apunta la especialista. Así, "dos casas vecinas pueden tener niveles distintos por pequeñas diferencias en el suelo, las grietas, la ventilación o la forma de construir".
Para sus eventuales moradores, "el riesgo del radón no viene de un día malo, sino de respirar un poco de más durante mucho tiempo", comenta la experta en contaminación atmosférica.
La evidencia científica confirma que mayor concentración media de radón y más años de exposición elevan la probabilidad de sufrir cáncer de pulmón.
Potencial cancerígeno
El radón emerge como la principal causa de cáncer de pulmón en personas que nunca han fumado. Entretanto, los efectos de la exposición a este gas se incrementan cuando concurre el tabaco.
La sinergia anticipa un escenario letal. "Se potencian; son como dos averías que afectan al mismo sitio: una ya causa daño y la otra acelera el deterioro", ejemplifica Baeza.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima, según los datos que aporta la profesora de la UCLM, que el riesgo de cáncer de pulmón aumenta un 16 % por cada incremento de 100 Bq/m³ —becquerelio por metro cúbico— en la concentración media de radón a largo plazo.
En todo caso, su presencia en edificios se mueve en un "rango enorme" que abarca desde los 10 Bq/m³ hasta más de 10.000 Bq/m³. "Para comparar: en exterior suele estar entre 5 o 15 Bq/m³, porque se dispersa con facilidad".
Cómo identificar la amenaza
Baeza participa en charlas de divulgación científica sobre la calidad del aire en espacios de interior. En estas reuniones, la experta confirma que "mucha gente ha oído hablar del radón y sabe que es un gas invisible, pero falla en lo más útil para protegerse".
Para minimizar los efectos de la exposición cotidiana a esta fuente de radiación natural la química plantea la aplicación de tres mecanismos: cuándo conviene medir, qué cifras importan y qué medidas funcionan.
El conocimiento básico de los ciudadanos sobre este elemento es "relativamente alto", asevera Baeza. Sin embargo, la aplicación de soluciones genera "confusiones importantes".
La profesora desgrana cómo una parte de la ciudadanía cree que el peligro se reduce "evitando vivir cerca de fábricas"; sin embargo, el radón suele proceder del subsuelo "y se gestiona con medición y medidas constructivas y de ventilación".
Cuidar el interior de las viviendas
Con carácter general, el vecino "reconoce el problema, pero le cuesta identificar qué acciones son eficaces". El peligro "se conoce, pero cuesta pasar a la acción", comenta Baeza, un comportamiento "típico en riesgos que no se ven ni se huelen".
La experta prescribe dos claves para respirar mejor en casa: por una parte, medir y actuar sobre el invisible radón; por otra, reducir "fuentes cotidianas de contaminación interior y ventilar de forma inteligente".
La ausencia de contaminantes "no depende de los objetos del salón, sino del suelo sobre el que se asienta la casa y de cómo está construida y ventilada".
Sin embargo, el radón no es el único elemento "invisible" presente en una casa. Un ejemplo claro son las velas aromáticas o el incienso: dos ejemplos de combustión en interiores "que emiten partículas finas y ultrafinas, y una mezcla de gases".
Aunque el aire parezca saludable, espacios poco ventilados pueden contribuir al incremento de las concentraciones de radón. "El bienestar no se huele; se respira".
Qué ocurre en Castilla-La Mancha
La catedrática plantea "medir de forma planificada en edificios públicos con ocupación sensible o prolongada". El catálogo de estos inmuebles incluye colegios, centros sanitarios, residencias o edificios administrativos.
Más allá de ser una buena idea, "en muchos casos —como en los adscritos al Sescam— ya es una obligación que se está empezando a desplegar".
De la misma manera, Baeza recuerda que la "mayor parte del riesgo suele estar en edificios ya construidos".
Ante esta realidad, propone "ayudas e información práctica —con guías y profesionales formados— para medir y, si hace falta, rehabilitar" estas estructuras. Baeza apunta la existencia de "soluciones eficaces y costo‑efectivas" para reducir el radón en el parque residencial.
El potencial del radón "tiene mucho que ver con la geología del terreno"; es decir, con el contenido natural de uranio y la permeabilidad del suelo. "Por eso hay áreas con más probabilidad de encontrar niveles elevados en interiores".
En Castilla‑La Mancha el riesgo no se reparte por igual: las áreas con mayor probabilidad de encontrar niveles elevados en interiores "se concentran, sobre todo, en la provincia de Toledo y, en menor medida, en focos concretos de Guadalajara y Ciudad Real".
El mapa del potencial de radón del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) detalla la distribución geográfica de esta amenaza. La mitad occidental de la región representa "la parte más relevante del problema" en Castilla-La Mancha.