Las ideas deben llegar antes que la militancia en un partido político. El partido será entonces la herramienta para defender la aplicación de esas ideas y no el fin último. Por simplificar, las ideas antes que el partido, no el partido por encima de las ideas.

Con esto claro, ahorraríamos muchos de los problemas que estamos atravesando como sociedad y que tienen un impacto de especial relevancia en la caída de la credibilidad institucional y en momentos tan críticos como lo que está sucediendo en Ceuta.

Desgraciadamente, los partidos tienen ya demasiados cargos que han crecido con el partido como idea, como sueldo, como grupo único de amigos y como forma de vida. Las estructuras han promovido estos perfiles por lo convenientes que son para las direcciones, ya que no se trata de fidelidad, sino de conveniencia. Más efectivo y más rentable. Es una forma sublime de polarización.

En esas realidades no hay suficiente gente independiente en las bases como para poner en un compromiso a la dirección de un partido o para presionar lo suficiente y que así se asuman responsabilidades. La opinión crítica se persigue y se anula y todo pensamiento que difiera de los intereses del partido se silencia, aunque coincidiera con los intereses de sus votantes.

Supone borrar de facto la capacidad de control de la militancia, de la participación política a través de los partidos, que son herramientas esenciales para defender la poco valorada democracia. Es decir, vaciar de capacidades a los militantes pone en riesgo todo el sistema, que se basa en la confianza, la credibilidad y la representación.

Por doloroso que sea -les aseguro que en mi caso así es-, ver al Partido Socialista sin reacción alguna al abandono de la posición histórica sobre el Sáhara es una señal de alarma. No una pequeña, es una de esas que en el coche te harían llevarlo al taller.

Pero se han sumado más testigos encendidos. Ábalos, Koldo, Cerdán, Leire. Te pueden tocar más manzanas podridas de las que puede dar un campo entero, pero jamás puede significar que no pase nada y que la dirección que las puso ahí siga en su puesto y más refrendada todavía.

Tampoco se podría despachar una amnistía y un perdón a la malversación de fondos públicos con una abstracta apelación a la conveniencia, perdón, a la convivencia.

Y llegamos a Ceuta. No es que haya dado rodeos, es que es imposible entender lo que ocurre hoy en el partido sin saber la causa de fondo y las señales previas.

De otra forma no se entiende que se pida a los socialistas que no acudan a una manifestación de apoyo a Ceuta… el día de Ceuta. Si no quieres politizarla, no impidas a tus cargos ir.

Mucho menos se entiende que sea dentro del Partido Socialista el único lugar de España donde no hay ni ven un solo indicio que apunte a Marruecos. Todo el arco parlamentario, todos los medios, todos los analistas y todos los países de nuestro entorno señalan al menos la intervención por acción u omisión del país vecino. Pero en Ferraz no.

En Ferraz no hay espacio (más allá de Margarita Robles) para asumir error alguno. No hay tardanza, no hay mala gestión. Por no haber, para algunos no ha habido ni vacaciones durante las evidentes vacaciones.

Una apuesta tan decidida contra la realidad solo se mantiene con un partido maniatado y supeditado a los intereses de la dirección del mismo. Eso, cuando coincide con ser la dirección del gobierno del país, significa perder uno de los mecanismos de control y de contrapeso más fundamentales en la democracia y nos lleva a una situación límite como la que estamos viviendo.

Afortunadamente, desde fuera del búnker se escucha perfectamente ese justo y merecido "Todos con Ceuta".