Me gusta leer. No tanto como a alguno de mis amigos cuyos hitos en la lectura son para mi inalcanzables ni tan poco como a otros que ven un libro y caminan hacia atrás con ligereza, a lo Michael Jackson, con tal de no toparse con las páginas impresas. Sí, soy una antigua y a mí me sigue gustando leer en papel, aunque reconozco los múltiples beneficios, entre ellos los económicos, del libro digital.
Las vacaciones son para mí un momento álgido en el placer de la lectura porque el estrés, las prisas y las rutinas laborales ponen trabas a mi mente en la comprensión y el disfrute de las novelas o de los ensayos. Así que estas dos semanas de vacaciones me han servido para devorar tres libros de los que quiero hablarles.
El primero es Jotadé -no se disculpen, mi mente la primera vez que vio el título también leyó 'Jodeté', como les habrá pasado a algunos de ustedes- Es una novela negra, de Santiago Díaz, que más que leerse se absorbe, se respira y se mastica con tanta fuerza que es difícil soltarla.
🏖️ Las vacaciones son un momento álgido en el placer de la lectura porque el estrés, las prisas y las rutinas laborales ponen trabas a la mente en la comprensión y el disfrute de las novelas o los ensayos.
— EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha (@elespanolclm) July 10, 2026
📚 A @suerteasi le gusta leer y este viernes nos cuenta su impresión de… pic.twitter.com/qW7wJP4RwT
Lo tiene todo para triunfar una trama turbia, un policía gitano, un poco de melancolía y muchas tripas. Gracias Violant por el regalo. Si no han leído nada de este autor les recomiendo que lo descubran. Y en este género negro les regalo otra recomendación. Marcos Paricio, policía nacional y escritor, con unas tramas que le dejarán con la boca abierta. Ya saben que no soy mucho de halagos, le aseguro que ambos merecen la pena.
El segundo libro de esas dos semanas ha sido Comerás flores, de Lucía Solla. Habrán oído hablar de esta novela porque ha tenido mucho éxito. Una historia sobre el dolor, el miedo, las relaciones tóxicas, los amores que realmente son horrores y la dificultad de escapar de la infelicidad absoluta cuando ni siquiera tú eres capaz de reconocerla. No es una historia autobiográfica, pero lo parece.
Su prosa es viva, es cercana, te identifica porque muchos y muchas hemos lidiado con la presión, con el chantaje, con la pérdida o con el disimulo. La historia no está escrita desde el victimismo sino desde la coherencia de saber cuándo tú también formas parte de un problema. Me ha gustado mucho. Gracias Patricia por el préstamo.
El tercer libro es El Manual de Iván Redondo. Para mí parte de un problema de base, hablar de uno mismo en tercera persona – sea cual sea la excusa narrativa que ponga al autor- a mí personalmente me saca de la historia. Yo esperaba un libro sobre estrategias políticas y es más bien una historia personal, aderezada de la música que escuchaba, del barrio en el que vivía, de las cosas que pensaba antes de llegar a Moncloa.
¿Qué un jefe de Gabinete de un presidente puede escribir un libro así? Por supuesto. Otra cosa es que a mí tenga que interesarme. En mi opinión es demasiado pasteloso pero le falta alma. Le falta frescura, está demasiado masticado.
Ahora Ángeles y sus demonios- como diría Iván Redondo en tercera persona- andan entretenidos con una recopilación de cuentos de Jon Bilbao. Ya les contaremos.