En un lugar de la Comarca de Torrijos de cuyo nombre Emiliano García-Page no quiere acordarse, ocurrió lo siguiente: El jefe del Ejecutivo regional presidía la inauguración de una nueva planta empresarial. En su discurso, con el acostumbrado acento paternalista y subrayándolo todo con un lapidario "créanme", Page dijo esto de José Luis Ábalos: "Es de los políticos en España que en su actuación tiene más presente el interés del Estado". Era el 27 de enero de 2020 y Ábalos estaba siendo asediado por haberse reunido una semana antes con la vicepresidenta de Maduro, Delcy Rodríguez, en el Aeropuerto de Barajas, pese a que esta tenía prohibida la entrada en el espacio Schengen.
Pero lo verdaderamente relevante de aquel episodio no fue lo diplomático, sino lo que apuntaba por debajo: una red de intereses económicos que iba del rescate de Plus Ultra a las gestiones de Aldama con Globalia, pasando por los lingotes de oro que, según la UCO, viajaron en aquel avión. A ello hay que sumar lo ético. Me refiero a la flagrante mentira de Pedro Sánchez, quien dijo no saber nada del viaje cuando días antes de producirse había contestado "Bien" al mensaje en el que Ábalos le informaba de la visita.
Pero por aquel entonces, Page confiaba en Ábalos. Volvamos al discurso de Fuensalida. "Hay mucha gente que se apunta a criticar al ministro", decía el presidente regional, antes de añadir que no tenía “la más mínima duda” de que el interés del ministro “estaba muy claro y era atajar problemas de tipo diplomático u otro tipo de conflictos”.
Este martes ha comenzado en el Tribunal Supremo el juicio contra ese político que tenía tan presente “el interés del Estado” por presunta corrupción en contratos públicos de mascarillas en 2020. La Fiscalía pide 24 años de cárcel para Ábalos, a quien se acusa de utilizar su puesto en el Gobierno de Sánchez para favorecer contratos durante la pandemia a cambio de beneficios personales.
Antes, durante y después de las declaraciones de Page, el exministro hizo gala de una actitud machista insoportable, pagaba a sus "novias" con dinero público, mandaba a su hermano a Ferraz a por sobres con dinero en efectivo, como ha reconocido este en la primera sesión del juicio, coleccionaba lechugas y chistorras y la UCO investiga su papel junto a Cerdán en el amaño de adjudicación de contratos a empresas afines a cambio de comisiones.
Parece lógico pensar que Page desconocía los tejemanejes de Ábalos. No se le puede responsabilizar de ellos. Pero sí se le puede exigir una rectificación. Un ‘me equivoqué’. Eso daría credibilidad a sus continuos desmarques del sanchismo.
Aquel lugar, por cierto, era Fuensalida. Por si el delegado de Sánchez en Castilla-La Mancha tiene a bien recordarlo.