Llevo unos días imaginando este escenario. Sánchez, aprovechando que el río Trump pasa por Valladolid, adelanta las elecciones y las hace coincidir en primavera con las andaluzas y las catalanas. No es una hipótesis absurda: Salvador Illa tiene los presupuestos en un hilo.

Bien, ¿qué haría el PSOE de Castilla-La Mancha en esa campaña electoral? Por supuesto, Page no acompañaría a Sánchez en ningún mitin. Con todo lo que ha dicho de él en los últimos dos años, no sería posible que le hiciera de telonero en un acto en Valverde del Júcar, por ejemplo. ¿Cómo va a pedir el voto para alguien a quien pone de vuelta y media cuando puede? A quien acaba de recordar que "ningún general puede decir que ha ganado la guerra si todo el ejército fallece"; ¿cómo va a pedir el voto para un partido —el suyo— que se está mirando al ombligo "más de lo debido" o que ha “prohibido hablar de que hay votantes del PSOE que pasan directamente a votar a Vox”?

Sí, ya sé que, a la hora de la verdad, en las votaciones en las Cortes los diputados socialistas de Castilla-La Mancha votan siempre con Bildu, con ERC, con el BNG, con el PNV, con Junts cuando hace falta… y con el PSOE de Sánchez. Pero, claro, en una campaña electoral ya sería demasiado obsceno.

No, Page no podría compartir escenario con Sánchez. Y claro, Sergio Gutiérrez tampoco daría el clásico paseo por el mercadillo de Toledo junto a Rebeca Torró, secretaria de Organización del PSOE. ¿Cómo van a compartir el vermú si hace un mes Gutiérrez arremetía contra su jefa por haberse metido con Page en El País? Llegó a decir Gutiérrez que le entristecía "la estrategia de camuflar cualquier reflexión tildándola de derechas".

Por supuesto, la consejera de Igualdad de Page, Sara Simón, que levantó la liebre de las cosas raras que imperaron en las primarias socialistas que ganó Sánchez, no podría compartir mitin con nadie de Ferraz. Imagínate el papelón.

Finalmente, no creo que Page pueda ni siquiera votar a su propio partido. Se marcará un Felipe, a buen seguro. Con todo lo que ha dicho. ¿Cómo va a votar al partido que ha amnistiado a los golpistas, que ha abaratado la malversación, al partido que gobierna gracias a Bildu, que ha aprobado una financiación exclusiva para Cataluña? Medidas todas criticadas por Page.

Es imposible. ¿O no?

Déjame confesarte una cosa: Page dará mítines con Sánchez si hace falta. Y Sergio Gutiérrez y la consejera. Todos pedirán el voto para el PSOE. Se darán abrazos e incluso compartirán alguna confesión a media voz. Y al día siguiente, sin rubor alguno, volverán a recorrer Castilla-La Mancha para ponerlos a todos a parir y tratar de recuperar el carné de antisanchistas españolísimos.

Porque esa es la única manera que tienen de aspirar a algo en las autonómicas de 2027. Aunque me da a mí que ya ni con esa estrategia les va a valer. Las tragaderas de la gente, por muy buena voluntad que le pongan, tienen sus límites. También en Castilla-La Mancha llega un día en que las palabras, y sobre todo los hechos, se encuentran con la urna.