Andan las aguas revueltas y no es para frivolizar, porque en algunas provincias, especialmente las andaluzas, las inundaciones se han convertido en un drama para muchos hogares y muchos trabajos. La fiesta que se han montado durante las últimas semanas las borrascas que nos han ido atravesando ha demostrado dos cosas, mal que les pese a algunos. La primera es que el clima es cada vez más extremo y eso llevado a la práctica supone más inundaciones, más olas de calor, incendios más descomunales... En definitiva, fenómenos más incontrolables.
Para los iluminados que siguen negando el cambio climático, señoras y señores, el cambio climático es esto. Que te caiga en una semana más de mil litros por metro cuadrado en Grazalema, por poner un ejemplo. Esos fenómenos extremos suponen pérdidas económicas brutales y, por tanto, la necesidad de un incremento económico significativo de ayudas públicas para paliar todos estos daños. Así que, aunque solo sea por operatividad económica, los negacionistas deberían aceptar y comprender que necesitamos un plan estratégico para estar mejor preparados ante los impactos sociales y económicos de este tipo de fenómenos.
La segunda cosa que han demostrado estas espectaculares lluvias es que las alertas meteorológicas salvan vidas. Efectivamente esto no es una cuestión de ideologías ni de partidos políticos. El Gobierno andaluz ha estado presente en esta crisis de lluvias torrenciales; el Gobierno valenciano no lo estuvo. Creo que no hace falta recordar los muertos que esa irresponsabilidad, esa ausencia y ese desapego de la ciudadanía provocó en Valencia. Mazón y su Gobierno llevan sobre sus espaldas más de 200 muertos. Juanma Moreno y su Gobierno, afortunadamente no.
🌧️🌍 "El cambio climático es esto"
— EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha (@elespanolclm) February 13, 2026
Inundaciones, alertas que salvan vidas, responsabilidades políticas… y memoria.
🗣️ Ángeles Sánchez-Infantes (@suerteasi) firma este viernes en EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha una nueva entrega de 'Ángeles y sus demonios': una reflexión… pic.twitter.com/PplaiOhbi4
En Castilla-La Mancha, donde el agua sí ha llegado al río, pero la situación ha estado relativamente controlada, habrá que medir las pérdidas y los daños de las crecidas de las cuencas del Guadiana, del Segura, del Tajo... pero el sistema ha funcionado, desde mi punto de vista, tanto en la prevención como en la actuación.
Aunque a algunos hay que explicarles todavía la diferencia entre Es-Alert y aviso por inundación. Permítanme solo una trivialidad. Los que cacarearon con tanta alegría la aparición de una playa en la ribera del río Tajo, con la crecida del pasado año, la llamada playa de Tenerías en Toledo, se han quedado sin playa. Realmente eso nunca fue una playa, por mucho que se empeñaran en así bautizarla. Por mucha red de vóley playa que pusieran y por mucha papelera que se insertara en el cauce del río Tajo, que si fuera como debe ser, un río vivo, estacionalmente haría aparecer y desaparecer de forma permanente arenales fluviales a los que nos empeñamos en llamar playas. Me llamo Ángeles y estos son mis demonios.