María Sánchez-Biezma en su humilde estudio.
María, la mujer de Toledo que sigue creando arte a sus 90 años: "Mi médico me dice que es la mejor terapia"
"Yo voy a seguir pintando. Me gustaría morirme con un pincel en la mano", confiesa.
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Entre las paredes de un modesto piso del barrio de Santa Teresa de Toledo, una mujer rompe con el estigma de que la edad es un límite: sigue creando arte a tan solo un mes de cumplir 91 años. No se queda ahí, ya que hasta el próximo 1 de abril expone en el Centro Cultural San Clemente una colección de 110 retratos femeninos en relieve.
Ella es María Sánchez-Biezma (Toledo, 1935), una artista autodidacta que lidera una familia numerosa de 9 hijos, 18 nietos y 9 biznietos. Maquillada, perfumada y con una vitalidad abrumadora, recibe a EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha en el salón de su casa, presidido por algunos de sus cuadros más destacados —como una pintura en seda de Amparo Muñoz, Miss Universo en 1974.
Su historia no es otra que la de una mujer que decidió ser libre en una España donde las de su sexo estaban ancladas al cuidado del hogar y donde la pintura era un pasatiempo exclusivo de las clases más pudientes. "No me podía comprar lienzos ni pinturas porque los sueldos eran muy bajos. Me apañaba como podía y poco a poco fui aprendiendo yo sola", recuerda.
María en el salón de su casa durante la entrevista con EL ESPAÑOL.
Casada a los 20 años, pronto llegaron los hijos y no por ello cambió sus prioridades. "Pintaba siempre por la noche, cuando los niños y mi marido estaban dormidos", confiesa. Para ella coger el pincel era una manera de desconectar y relajarse, aunque muchas veces solo fuera "cuarto de hora frente al caballete".
Sus padres y su marido veían su afición como una "pérdida de tiempo" y un obstáculo para las labores "propias de una madre de familia". María, sin embargo, siguió profundizando y fue descubriendo diferentes técnicas como el repujado de metales, la pintura en seda y los iconos sobre madera.
Cuadro en seda de Amparo Muñoz pintado por María que preside su comedor.
Esa determinación la llevó a exponer por primera vez estando embarazada de su quinto hijo. "Una noche, mientras pintaba, pensé: no sé si esto servirá de algo, pero voy a probar, a ver si todo el mundo dice que es una tontería", relata con sinceridad.
Antes de que la idea se desvaneciera, presentó su propuesta en la comisaría de Policía de la calle La Plata —actualmente es la subdelegación del Gobierno— que entonces alojaba la mayoría de exposiciones artísticas de la ciudad y que contaba con una sección femenina.
"Pedí que me dejaran exponer y me dijeron que el mes de diciembre estaba libre. Me puse como loca a trabajar", apunta. En un despliegue de esfuerzo y creatividad, María creó belenes de fieltro con figuras de distintas razas, trajes y posturas y copias magistrales como la de 'Los fusilamientos del 2 de mayo'.
Primer plano de María Sánchez-Biezma y encima uno de sus cuadros de la ciudad de Toledo.
La muestra fue un éxito rotundo que atrajo incluso a colegios enteros. "Vendí varios cuadros, entre ellos uno de metro y medio de largo a un turista", resalta. No solo fue una demostración de su valía artística, sino que fue todo un ejercicio de resistencia sanitaria: "seis días después de la exposición nació mi hijo".
Su destreza llamó la atención del director de la Escuela de Artes y Oficios en aquel momento, Manuel Romero Carrión, quien la invitó a ocupar una vacante como profesora. Allí ejerció durante más de 30 años, ganando su plaza por oposición en Madrid —siendo la número uno de su promoción— y enseñando disciplinas como la muñequería artística o la pintura en seda.
María Sánchez-Biezma, artista toledana con 90 años.
La vocación de María no se quedó en las aulas, también llevó su arte a la cárcel de Toledo en los años 80, en plena crisis de la heroína y antes de la construcción del centro penitenciario de Ocaña. "Aquellos chicos necesitaban estar entretenidos para no pensar en la droga, me escuchaban como niños cuando les dan un cuento", relata conmovida.
Logró incluso que un juez permitiera a los internos exponer sus obras en la Feria de Artesanía de la ciudad. Hoy, sigue viendo la pintura como una necesidad vital y un ejercicio para mantener la mente ágil. "Mi médico me dice que es la mejor terapia", afirma a lo que añade "aunque las piernas a veces no acompañen, la cabeza tiene que estar funcionando".
María ha convertido una habitación de apenas cinco metros cuadrados en una cuna del arte toledano. Con un manojo de pinceles, una silla de plástico, un cojín y un pequeño caballete, sigue creando paisajes, retratos e iconos.
Su humilde estudio de pintura.
La exposición "Miradas de rostros femeninos" en San Clemente es el resultado también de una rebeldía. "Esto surgió por una apuesta con mi amiga Chur. Me dijo que tenía que montar una exposición que no hubiera hecho nadie", cuenta.
Uno de sus retratos femeninos en relieve.
Así nació su técnica mixta, donde las caras cobran vida gracias al volumen: utiliza telas, abalorios y diversos materiales que aportan una fuerza visual única."Pinto una cara y luego le pongo un turbante, unas flores, lo que me pida el momento", señala.
Pese a haber sido reconocida recientemente como una de las artistas toledanas destacadas por el Ayuntamiento. "Me da hasta vergüenza esta entrevista porque me considero una mujer normal y corriente", destaca.
Para María su "mayor orgullo" es ver la sala de San Clemente llena de sus hijos y nietos. A tan solo unas semanas de soplar sus 91 velas, tiene claro que seguirá creando arte: "Yo voy a seguir pintando. Me gustaría morirme con un pincel en la mano", concluye.