Fede Valverde comenzó la temporada con dudas sobre si su nivel era suficiente para ser el cuarto centrocampista teórico del Real Madrid. Había contado para Zidane en el tramo final de la campaña anterior, pero aún así no había dejado tan buenas sensaciones como para tener un hueco en el equipo para la afición. No es sencillo empezar con esta carga de piedras en la mochila, pero este jugador tiene un carácter especial.

Noticias relacionadas

El equipo arrancaba con un déficit de jugadores en esa posición y el uruguayo tendría que tener galones durante la campaña por necesidad. De esa falta de piezas ha nacido una nueva perla mundial que ha tirado la puerta del estrellato sin tan siquiera haber acabado el año aún.

El centrocampista convirtió la confianza de Zidane en buenos partidos hasta el punto de ganarse el puesto en el once titular. Valverde ahora es uno de los mejores centrocampistas del mundo cuando nadie daba un duro por él al comienzo del año. El uruguayo ha superado cualquier expectativa y se ha convertido en indispensable para el técnico galo.

Fede Valverde, en el Santiago Bernabéu Instagram (fedeevalverde)

Despliegue defensivo

La lesión de Modric tras un parón de selecciones fue determinante para dar un salto de nivel. Hubo un antes y un después en Valverde tras esos encuentros en los que comenzó a dar muestras de su potencial. Sustituir a todo un Balón de Oro y The Best no es una tarea sencilla. Pero Valverde, ante los grandes retos, ha demostrado que siempre se crece.

Potencia, velocidad, conducción de balón y llegada al área. Esas fueron las características con las que empezó a dar un aire nuevo a los ataques de Zidane. El uruguayo se estrenaba como goleador esta temporada demostrando que su olfato en la frontal del área puede ser un argumento ofensivo más que interesante para el equipo.

Pero lo que marcó la diferencia fue el trabajo defensivo que liberó de sus tareas a Toni Kroos y que forjó junto a Casemiro uno de los centros del campo más difíciles de superar. Sigue asombrando verle correr tanto para adelante, para presionar, como para atrás, para recuperar y hacer coberturas. Valverde es un portento físico de dimensiones astronómicas.

Fede Valverde y Zinedine Zidane, en el Real Madrid - Atlético de la final de la Supercopa de España EFE

La Supercopa cambió todo

La Supercopa de España fue el momento concreto en el que se confirmó su calidad. Zidane, ante las bajas en ataque, optó por dar las llaves del equipo al centro del campo donde Valverde, tumbado a la banda derecha, se salió. El equipo llegaba a este momento de la temporada con algunas dudas tras los empates ante Barça y Athletic. Pero esto marcaría un mes de enero impecable para la plantilla en el que el centrocampista tuvo mucho que decir.

El momento que se recordará es la entrada a Álvaro Morata con la que vio la tarjeta roja en la final, pero ese momento no debe ensombrecer el trabajo que hizo en la semifinal ante el Valencia y durante todo el partido ante el Atlético de Madrid. La forma en la que se desplegó por el estadio de Yeda impactó a los colchoneros, les llevó a la prórroga y se hicieron pequeños a pesar de traer la moral por las nubes tras eliminar al Barça.

Desde entonces es uno de los jugadores más importantes de la plantilla. Cuando él no ha estado, el equipo ha sufrido más de la cuenta. El parón por el coronavirus no va a servir para hacer olvidar la temporada del jugador más diferencial del equipo en esta 2019/2020. Valverde espera, tranquilo, al regreso de la competición para poner la guinda a una temporada que difícilmente olvidará.

[Más información: Raiola y su sueño blanco: la lista de estrellas que podría llevar al Real Madrid]