Un vagón de Metro de Madrid.

Un vagón de Metro de Madrid. Europa Press

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Si viajas en transporte público no seas maleducado: estas son las 5 cosas que debes evitar hacer si usas tu móvil

Cada vez viajamos más en transporte público, y para no molestar al resto de viajeros es conveniente tener ciertas cosas en cuenta.

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En España, donde el uso del transporte público es una parte fundamental de la rutina diaria para millones de personas, la convivencia en estos espacios compartidos se ha convertido en un reto de educación y respeto mutuo que va más allá de ceder el asiento.

La omnipresencia de los teléfonos inteligentes ha transformado los vagones de metro, los autobuses urbanos y los trenes de larga distancia en extensiones de nuestras salas de estar o de nuestras oficinas, difuminando peligrosamente la línea entre lo privado y lo público.

Sin embargo, el hecho de que estemos constantemente conectados no nos da carta blanca para ignorar las normas básicas de civismo que permiten que el trayecto sea tolerable para todos los ocupantes del vehículo.

El concepto de espacio personal no se limita únicamente a la distancia física que mantenemos con los demás pasajeros, sino que también abarca el entorno sonoro y visual que compartimos durante el trayecto.

Cuando una persona decide romper este contrato social implícito mediante el uso intrusivo de su dispositivo móvil, genera una atmósfera de tensión y malestar que afecta a la calidad de vida de todos los presentes.

No se trata simplemente de ser quisquilloso, sino de entender que el descanso y la tranquilidad de los demás son sagrados en un entorno donde la huida es imposible hasta llegar a la siguiente parada.

A pesar de que la tecnología avanza a pasos agigantados, la educación digital parece haber quedado rezagada, creando situaciones que varían entre lo incómodo y lo abiertamente hostil.

Una estación de metro

Una estación de metro El Androide Libre

Para navegar correctamente por la jungla de asfalto y raíles sin convertirse en el enemigo público número uno del vagón, es imperativo seguir ciertas pautas de comportamiento.

No pongas vídeos sin auriculares

Esta es, sin duda, la infracción más común y la que genera una respuesta visceral más inmediata entre los compañeros de viaje.

Existe una tendencia creciente a consumir contenido multimedia, ya sean historias de redes sociales, vídeos de YouTube o series, sin utilizar ningún tipo de dispositivo de audio personal.

Al hacerlo, el usuario impone sus gustos y preferencias al resto del pasaje, obligando a todos a escuchar fragmentos de sonido descontextualizados, música estridente o diálogos que no les interesan en absoluto.

El problema se agrava con el formato de vídeos cortos que impera en la actualidad. El constante cambio de audio, con subidas y bajadas de volumen repentinas y efectos de sonido repetitivos, resulta mucho más perturbador para el cerebro humano que un ruido blanco constante.

Nuestro sistema cognitivo intenta procesar y predecir los sonidos del entorno, y la aleatoriedad del scroll infinito en aplicaciones de vídeo rompe esa capacidad de concentración, impidiendo que los demás puedan leer, descansar o simplemente pensar en sus propias cosas.

La excusa de no llevar auriculares encima ha dejado de ser válida en una era donde estos accesorios son económicos y accesibles.

Si no dispones de ellos, la norma de etiqueta es simple: el contenido se ve sin volumen o se deja para más tarde.

Un hombre usando auriculares en el metro

Un hombre usando auriculares en el metro Myznik Egor El Androide Libre Unsplash

La libertad de uno para entretenerse termina donde empieza el derecho del otro al silencio o, al menos, a no ser bombardeado por la cacofonía digital ajena.Es una cuestión de empatía básica entender que el vagón del tren no es el salón de tu casa.

No pongas el brillo al máximo en un avión o tren de noche

La contaminación lumínica es una forma de intrusión a menudo subestimada pero igualmente molesta, especialmente en trayectos largos o nocturnos.

Cuando se viaja en un avión con las luces de cabina apagadas o en un tren nocturno, el ambiente está diseñado para facilitar el descanso y el sueño de los pasajeros.

En este contexto, una pantalla de móvil o tableta configurada con el brillo al máximo actúa como un faro deslumbrante que rompe la oscuridad y agrede visualmente a las personas situadas en las filas posteriores o laterales.

El contraste entre la oscuridad del entorno y la luz blanca azulada de los dispositivos electrónicos es extremadamente alto. Esto no solo impide que los vecinos de asiento puedan conciliar el sueño, sino que también atrae inevitablemente la mirada, violando incluso la propia privacidad del usuario, ya que su pantalla se convierte en el punto focal de la zona.

Además, la exposición a este tipo de luz intensa en horas nocturnas altera los ritmos circadianos, no solo del usuario, sino de quienes reciben el resplandor de forma indirecta.

Un hombre usando el móvil en un avión a oscuras

Un hombre usando el móvil en un avión a oscuras Gemini El Androide Libre

La solución es técnica y sencilla. La mayoría de los dispositivos modernos cuentan con modos nocturnos, filtros de luz azul y ajustes automáticos o manuales de brillo que permiten reducir la intensidad de la pantalla al mínimo legible.

Hacer uso de estas herramientas es un acto de consideración hacia el descanso ajeno. Si es absolutamente necesario utilizar el dispositivo en un entorno oscuro, reducir el brillo hasta el límite inferior demuestra respeto por el sueño y la relajación de los compañeros de viaje.

No hables por teléfono

Las conversaciones telefónicas en espacios confinados son una fuente inagotable de irritación para los pasajeros.

Psicológicamente, escuchar solo una mitad de la conversación, lo que se conoce como un medioálogo, es mucho más distrayente para el cerebro humano que escuchar una conversación completa entre dos personas presentes.

Nuestro cerebro tiene una necesidad innata de completar la información que falta, lo que hace que sea casi imposible ignorar a alguien que habla por teléfono a nuestro lado.

A esto se suma el volumen. Por alguna razón, las personas tienden a elevar la voz considerablemente cuando hablan por el móvil en lugares ruidosos como el transporte público, gritando para compensar el ruido del motor o de las vías.

Una mujer hablando por teléfono en un tren

Una mujer hablando por teléfono en un tren Gemini El Androide Libre

El resultado es que todo el vagón se ve obligado a enterarse de los detalles íntimos de la vida del interlocutor, desde problemas laborales hasta discusiones de pareja o diagnósticos médicos, situaciones que deberían permanecer en el ámbito estrictamente privado.

Si recibes una llamada urgente, la etiqueta dicta que debe ser breve, en voz baja y con el único objetivo de informar de que no puedes hablar en ese momento o para comunicar un dato esencial de forma rápida.

Mantener una charla larga y tendida mientras cientos de personas están atrapadas contigo en una caja metálica es una falta de respeto flagrante. Si el asunto no es de vida o muerte, puede esperar a que te bajes del vehículo.

No mandes ni escuches audios de Whatsapp

La evolución de la mensajería instantánea nos ha traído las notas de voz, una herramienta útil que se ha convertido en una pesadilla en el transporte público.

El comportamiento asociado a los audios combina lo peor de las llamadas telefónicas con lo peor de reproducir música sin auriculares.

El usuario típico sostiene el teléfono en posición horizontal frente a su boca, como si estuviera comiendo una tostada, graba su mensaje y luego, a menudo, reproduce el audio que acaba de recibir de su interlocutor a todo volumen.

WhatsApp audio

WhatsApp audio Omicrono Omicrono

Este intercambio constante de pitidos de notificación, el sonido de grabación y la reproducción de voces en altavoz crea una dinámica sonora insoportable.

A diferencia de una llamada fluida, los audios tienen pausas, repeticiones y variaciones de volumen que los hacen especialmente disruptivos.

Además, escuchar los audios en altavoz vulnera la privacidad de quien te envió el mensaje, quien probablemente no contaba con que su voz fuera retransmitida para una audiencia de extraños en el metro.

Pon el móvil en silencio, que no suenen las notificaciones o llamadas

Vivimos en una economía de la atención donde cada aplicación lucha por captar nuestro interés mediante alertas sonoras.

En un trayecto de media hora, si cada pasajero tuviera el sonido activado, el viaje sería una sinfonía caótica de silbidos, campanas, vibraciones ruidosas y melodías pop.

El sonido constante de notificaciones entrantes genera un estado de alerta permanente no solo en el propietario del teléfono, sino en todos los que le rodean, desencadenando microdosis de estrés y ansiedad colectiva.

Modo no molestar en Amazfit

Modo no molestar en Amazfit El Androide Libre

Muchas personas olvidan que el modo silencio o el modo vibración son invenciones diseñadas precisamente para la convivencia social.

Incluso la vibración, si el teléfono está sobre una superficie dura o plástica, puede generar un zumbido resonante muy molesto. La insistencia de un grupo de chat muy activo puede convertir un viaje tranquilo en una tortura china de gotas de agua en forma de notificaciones.

Para mitigar esto, es recomendable seguir las siguientes pautas:

  • Activar el modo no molestar durante el trayecto para filtrar interrupciones no urgentes.
  • Utilizar relojes inteligentes o pulseras de actividad que notifican mediante una vibración sutil en la muñeca, imperceptible para los demás.
  • Silenciar completamente los grupos de mensajería masivos antes de subir al transporte.
  • Revisar el volumen de los tonos de llamada para asegurarse de que, en caso de una emergencia real, el sonido no sea un estruendo que asuste al pasaje.

El objetivo final es pasar desapercibido. La tecnología debe servirnos a nosotros, no convertirse en una herramienta de perturbación pública.

Adoptar estos hábitos no cuesta nada y contribuye enormemente a crear un ambiente más civilizado y respirable en nuestras ciudades saturadas.

Al final del día, todos queremos llegar a nuestro destino con la menor cantidad de estrés posible, y el silencio es, a menudo, el mejor compañero de viaje.