Traducción de Edgardo Dobry y otros. Lumen. Barcelona, 2017. 542 páginas. 21'90€. Ebook: 9'99€

El norteamericano William Carlos Williams (Rutherford, Nueva Jersey, 1883-1963) es, al igual que sus coetáneos Wallace Stevens, Ezra Pound, T. S. Eliot y e. e. cummings, al menos estos, uno de los grandes poetas contemporáneos en lengua inglesa y, como el resto de los nombrados, uno de los grandes sin más. Médico de profesión, su obra poética es extensa y fue autor además de no pocos ensayos y narraciones, ensayos e incluso varias obras de teatro y también una autobiografía. Y, curiosamente, ayudado por su madre, puertorriqueña, tradujo El perro y la calentura, que se creía de Franscisco de Quevedo, aunque hoy se adjudica a Pedro de Espinosa.



En los años de universidad, Williams conoció a Hilda Doolittle y a Ezra Pound, participó del imaginismo y algunos de sus poemas se incluyeron en la antología de 1914 Des imagistes. A diferencia de Pound y T. S. Eliot, que dejaron Estados Unidos para vivir en Europa y cuyas obras quieren continuar las tradiciones europeas y se impregnan de citas en sus textos más característicos, William Carlos Williams permaneció en su país e hizo de la vida común de sus gentes la materia de su escritura. Además, decidió utilizar un lenguaje que fuera no el inglés clásico, sino el norteamericano, el que hablaba la gente con la que trataba habitualmente, y lo hizo como un maestro del coloquialismo. En cualquier caso, uno y otros escribieron en el tiempo del modernism, de las profundas transformaciones en búsqueda de lo nuevo que la literatura y el arte vivieron en las turbulentas primeras décadas del pasado siglo XX.



Williams pensaba que "el arte no es un espejo que refleje a la naturaleza sino que la imaginación rivaliza con las composiciones de la naturaleza. El poeta se convierte en naturaleza y obra como ella" y es, así, productor de poemas, como la naturaleza de árboles o nubes.



De sus no pocos libros de poesía se reúnen aquí cuatro de ellos, Kora en el infierno, de 1920 y, distanciados en el tiempo, La música del desierto y otros poemas, de 1954; Viaje al amor, de 1955 y Cuadros de Brueghel y otros poemas, de 1962 -y el lector agradece apasionadamente la inserción de la reproducción de los cuadros aludidos en los poemas-.



Kora es Perséfone, que, raptada por Hades, quedó condenada a vivir repartiendo su tiempo entre el mundo subterráneo y el terrestre y es diosa de los infiernos; en uno de los poemas se lee que "Esto es, como ves, el cántico de la muerte". Como Kora, los personajes del libro se diría que reproducen esa dualidad de vida y muerte. Por otra parte, la composición del libro sorprenderá a quien no lo conozca: todo son poemas en prosa y se componen de un texto al que suceden otros que son su comentario, lo que da en una multiplicación o diseminación del texto que lo es también de voces en diálogo y de perspectivas sobre aquello de lo que se habla, lo que pone en crisis el yo de la enunciación del discurso.



Para cuando escribió La música del desierto, el poeta estadounidense ya había adoptado lo que llamó "el pie variable" para sus poemas, rompiendo así con la tradición versificatoria de la poesía en inglés, además de que en ese libro y en Viaje al amor los versos se disponen ya no en columna, son escalonados. El yo, el de un hombre amenazado por la enfermedad -como el propio William Carlos Williams, que como ya se ha indicado fue médico y jefe de pediatría en el Hospital General St. Mary de Nueva Jersey desde 1924 hasta su muerte-, reflexiona a partir de anécdotas cotidianas sobre la poesía, sobre la muerte, "hoy es el comienzo / (y el final) del mundo", y, si se presiente su ruina, dice que también tiene su lengua "para liberarme / y para hablar de ello" y es que "Si no nos lleva / más allá de la muerte […] la poesía es inútil".



Viaje al amor, dedicado a la esposa, es un libro de senectud, pese a lo cual "la imaginación / nos sostiene / por encima de las penas". Según el poeta, este libro sería "la culminación de todos mis esfuerzos después de escapar de las restricciones de todos los versos del pasado", en cualquier caso, una lectura excelente. Cuadros de Brueghel, por su parte, es una espléndida colección de écfrasis al tiempo que un diálogo con lo representado, poesía a partir del arte, producción del poema sobre lo ya producido. Se diría que el yo se retira y su habla se entrega a lo pintado: "Según Brueghel" comienza uno de los poemas. Por lo demás, como en general en todos sus textos, el humor no falta.



Creo que la poesía de Williams no ha tenido en España la fortuna que merece, esta edición debería dar un giro en esa recepción, la de uno de los grandes de la poesía contemporánea.

¡Venga ya!

Otro modo de pensar

soso y

desesperado

como el del

sargento Tal y Tal

en la carretera

a Belleau Wood:

¡Venga ya!

¿Quisiera vivir para

siempre?

Tal

es la esencia

de la poesía.

Y sin embargo

no siempre

adquiere la misma forma.

Sobre todo

supone

saber escuchar al

ruiseñor

y a los tontos.