Image: Descartes

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Ensayo

Descartes

A. Clifford Grayling

13 marzo, 2008 01:00

Descartes, según F. Hals (1649)

Trad. A. Lastra. Pretextos, 2007. 415 páginas, 25 euros

Tiempos revueltos aquéllos: Reforma y Contrarreforma, Enrique IV y los hugonotes, los Austrias y la Guerra de los Treinta Años. Y en medio de todo eso, el nacimiento de la ciencia moderna. Sobrenada en aquel magma la figura inevitable de Descartes: por supuesto en referencia a la ciencia, de cuyo salto a la modernidad es padre fundador; pero quizás estuviera implicado en otros menesteres. Eso sospecha el autor de este libro, que encuentra desconcertantes unos viajes inexplicables por Europa y un silencio absoluto en grandes trechos de su biografía, sobre todo en los 12 años que van desde el final de su educación formal a la primera de sus estancias en Holanda. Lo que le lleva a formular una hipótesis que ayudaría a entender ese enigma: Descartes era un espía.

¿De quién? Explicaría muchas cosas la presunción de que espiase en favor de los Austrias del Sacro Imperio Romano. Había pasado de servir en el ejército de Guillermo de Nassau al de Maximiliano de Baviera, a cuya victoria en la montaña blanca de Praga, espoleta de la Guerra de los Treinta Años, asistió tal vez como observador; y era por otra parte un católico firme y ortodoxo, educado por los jesuitas de la Flèche, lo que le convertía en un buen candidato para agente secreto en aquellas guerras de religión. Es verdad que también se le ha querido relacionar con los rosacruces, cosa que, salvo que los espiase, parece totalmente improbable por ser su pensamiento, tan esencial para el desarrollo científico y filosófico de la época, opuesto a cuanto oliera a magia, cábala y alquimia.

Lo que sí se manifiesta es su coincidencia con el P. Mersenne, también procedente de La Flèche y auténtico catalizador de la ciencia que se estaba haciendo y que veía compatible con la ortodoxia religiosa. También para Descartes el mundo natural puede ser examinado como un sistema que obedece a leyes naturales: la filosofía y la ciencia cartesianas buscan guiar al espíritu para formar juicios verdaderos; las ciencias deben fortalecer el entendimiento. Y el camino que conduce a esta meta está planteado en su Discurso del método, forjado, el 10 de noviembre de 1619, seguido de una noche de sueños, casi un año antes de la batalla de la Montaña Blanca y escrito 17 años después.

Así se enlazan, como en este libro, las dos partes de la vida de Descartes. Una primera en la que, con una conjetura más o menos plausible, se ha pretendido llenar el vacío observado en su biografía, y una segunda parte, ya documentada, que describe las líneas maestras de su filosofía. Con ella se alcanzan los últimos años en los que vemos a un inesperado Descartes ganoso de honras mundanas, nada de lo cual aminora su lugar en la historia. Fue, eso sí, un hombre de su época, que es lo que el libro pretende reflejar.