E. L. Doctorow. Foto: Mary Altaffer

Traducción de C. Milla, J. Pardo et alt Malpaso. Barcelona, 2015. 457 páginas, 22€

El pasado 22 de julio comencé el obituario de E. L. Doctorow que se publicó en El Mundo con la siguiente frase: "No resulta fácil posicionar un autor como Edgar Lawrence Doctorow (Nueva York, 1931) en el panorama literario norteamericano". Me refería fundamentalmente a la heterogeneidad de sus novelas obviando, en aquel momento, sus cuentos. La recién publicada edición de todos sus relatos me reafirma en idéntica consideración.



El libro de Daniel o Ragtime se han convertido en títulos referenciales de la segunda mitad del siglo XX y tal vez por ello sus relatos, desconocidos por muchos, no hayan logrado alcanzar la popularidad de sus novelas. En cualquier caso se trata de la primera edición -tanto en inglés como en español- de todos sus cuentos, lo que en sí mismo es un acontecimiento; esto es, la recopilación de sus tres volúmenes de relatos: Lives of the Poets (1984) Sweet Land Stories (2004) y All the Time in the World (2012). La Nota editorial menciona que el propio autor "colaboró generosamente" en el proceso. Fue Doctorow, por ejemplo, quien decidió el orden de aparición de los relatos (no se corresponden con las obras en que se publicaron) tal como menciona Eduardo Lago en el "Prólogo" con opiniones que suscribo de principio a fin, como su énfasis en resaltar la importancia que los relatos tienen en el panorama literario norteamericano, pues "el tono y el nervio de la narrativa de aquel país, sus señas de identidad mismas, hunden directamente sus raíces en la tradición del relato breve". (p. 7; también resulta acertada su apreciación respecto a la positiva valoración de los cuentos de Hemingway).



Los dieciocho cuentos incluidos (aunque "Vida de los Poetas" es más nouvelle que relato) también participan de la misma cualidad heterogénea de sus novelas, en el fondo y en la forma, en la temática y el estilo, en la concepción y el mensaje, en la perspectiva, en la extensión... si acaso la predominante narración en primera persona pudiera entenderse como su marca de agua.



"Jolene: una vida" es quizá su relato más conocido, incluso mucho antes de que Dan Ireland la adaptara para el cine en el 2008 (desconozco si llegó a estrenarse en España). El arranque marca el discurrir del cuento: "Se casó con Mickey Holler cuando tenía quince años. Se casó con él para salir de su último hogar de adopción, donde su supuesto padre tonteaba con ella, la obligaba a tocársela, cosas así" (p. 111). Esa suerte de huida hacia adelante será la constante en su vida. Después del padre de acogida será un tío de su joven esposo -que se suicidará- y una nueva huida hasta Phoenix ,donde cae en brazos de un tatuador desalmado y de allí a Las Vegas, a Tulsa (Oklahoma), donde tendrá un hijo con apenas 25 años y será maltratada por su nuevo esposo. Pero quién sabe, tal vez pueda dedicarse al cine y convertirse en una rutilante estrella.



No se puede afirmar que ésta sea una trama o un argumento típico de Doctorow, pero en el fondo sí que refleja el tipo de preocupación que subyace en muchas de sus historias: el sueño americano no deja de ser una entelequia, un sueño -en el sentido literal- que nunca se convierte en realidad. Similar ilusión de vivir en un mundo ficticio vuelve a sustanciar el argumento de "El escritor de la familia". Aquí el protagonista narrador debe escribir cartas a su abuela fingiendo que su padre está vivo aunque ya ha fallecido. Son sus tías quienes le incitan a hacerlo dejando al descubierto los trapos sucios de la familia. En "Wakefield" el modelo es el relato de Hawthorne, pero recuerda al sugerente Bartleby de Melville. "La depuradora" es una suerte de microrelato con un inusual poder de evocación, lo mismo que "Integración" o "El hombre de cuero". En este último, la frase "No tiene usted idea de la gente con quienes se está gastando los cuartos" (p. 367), puede ser válida para cualquiera de los personajes creados por Doctorow.