Peter Eötvös (Odorheiu Secuiesc, hoy Rumanía, 1944) rompe el hielo rápido lanzando amigablemente el puño por delante para chocarlo con el de su interlocutor. Gesto que certifica un carácter amable. Y que abre la entrevista en un todo distendido, en el que transcurre hasta el final, incluso cuando aflora el nombre de Viktor Orbán y el ultranacionalismo rampante que amenaza a Europa. El compositor húngaro se encuentra en el Palacio Euskalduna, de buen ánimo, dispuesto a recibir estos días los diversos agasajos preparados por la Fundación BBVA, que le ha otorgado el Premio Fronteras del Conocimiento en la categoría de Música y Ópera. Un honor en el que sucede a figuras como Arvo Pärt, Giorgy Kurtág, Pierre Boulez, Steve Reich… Eötvös es un músico nacionalista (como simple reivindicador del folclore de su tierra) y a la vez políglota, que ha compuesto óperas a partir de textos en inglés, francés, italiano, alemán, japonés y, por fin, muy recientemente, húngaro. Un equilibrio fecundo que le emparenta con compatriotas como Ligeti y Bartók, de los que se siente como un prolongador de su legado.

Pregunta. Suele decir que componer es transformar lo increíble en sonidos. ¿A qué se refiere exactamente?

Respuesta. Yo siempre necesito partir de ideas concretas para componer, y luego traducirlas en sonidos. Creo que esto tiene mucho que ver con el hecho de que de joven, cuando tenía en torno a 18 años, compuse mucha música para cine y para teatro. Trasladaba esa realidad a los pentagramas.  Luego vino la ópera y lo orquestal. No es que es que exprese esa realidad a través de la música sino que lo que hago es guiar al público. Digamos que soy un narrador que escribe partituras. Así que siempre empiezo con algo muy concreto, que pasa a ser abstracto para transformarse al final en sonido.

P. ¿En ese tránsito es cuando se le estampa el sello personal?

R. Volvemos a la literatura. Todos los escritores emplean el mismo lenguaje, o sea, tienen la misma herramienta. Igual ocurre con los compositores. Pero sí: es en la plasmación en sonidos cuando empiezan a diferenciarse unos de otros, cada uno deja su huella. Es algo sobre lo que reflexiono en el discurso que he preparado para pronunciarlo en la ceremonia. Por ejemplo, cuando escuchas en la radio una pieza, aunque no sepas quién es el compositor, rápidamente sueles ubicar la época a la que pertenece. Es como un paraguas que de alguna forma determina la música.

P. Ha trabajado a partir de obras de Chéjov (Tres hermanas), Tony Kushner (Angels in America) y Gabriel García Márquez (Del amor y otros demonios). Entre esas fuentes de inspiración concretas a las que alude, ¿la literatura sería la principal?

R. Es esencial, sí. Las historias literarias me aportan justo lo que necesito para despegar: un conflicto. Lo que busco es una dramaturgia dramática, valga la redundancia. Y, en cambio, en la música orquestal, a lo que tiendo es a hacer retratos ad hoc para los músicos que están destinadas las partituras. Esa es mi enfoque de manera resumida.

P. A la hora de ‘asociarse’ con un escritor, ¿qué criterios son los determinantes?

R. La ópera es un género que viene de Monteverdi y que, por tanto, tiene más de 400 años. Su historia es un continuum hilado al que se van sumando eslabones. Yo quiero aportar los de mi tiempo, que mi trabajo lo refleje. Es verdad que no tuve la suerte de conocer en vida a Chéjov pero Tres hermanas la compuse cuando era su centenario. En el epílogo, Olga dice que confía en que los espectadores conecten con ella y que el futuro de ella y sus dos hermanas sea más bello que el momento presente. Yo sentía que me hacía responsable de esa petición de Olga cuando escribí la ópera. Intentaba satisfacer su esperanza. Con Kushner estuve bastante en contacto y con García Márquez intercambiaba cartas.

P. ¿Cómo fue esa relación epistolar con Gabo?

R. Recuerdo que me contaba que le gustaba mucho Bartók. El proceso de creación de aquella ópera estuvo marcado por los problemas con los derechos de autor. Por la misma época también se estaba rodando una película a partir de Del amor y otros demonios. Así que también teníamos que tratar en las cartas este espinoso y ridículo asunto. Por ejemplo, no podíamos imprimir el texto aunque sí se podían proyectar subtítulos durante la representación.

P. Fue un encargo del Festival de Glyndebourne pero es una pena que no mantuviera el español original.

R. Es que el español es una lengua para mí completamente desconocida. No tengo familiaridad con su prosodia, y eso dificulta mucho que pueda componer algo en su lengua. Además, como bien apunta, era un encargo de un festival inglés, de ahí que se tradujera a esta lengua.

P. Pero también ha escrito una ópera sobre texto japones, Harakiri, en 1973.

R. Ya, pero el japonés me resultaba entonces familiar. Estuve en Japón seis meses y me empapé de su prosodia. También he escrito a partir del francés, italiano, alemán y ahora, por fin, estoy haciendo una ópera en húngaro.

P. ¿Y qué puede contar de ella?

R. Está basada en un libro de László Krasznahorkai, que se podría traducir como la Melancolía de la resistencia. Se va a estrenar en breve en la reapertura de la Ópera de Budapest, será uno de los acontecimientos centrales de la temporada lírica en Hungría.

P. ¿Puede dar algún detalle del argumento?

R. A ver cómo lo explico… El protagonista es hombre limpio que vive en un entorno social sucio. El resultado de esa situación es que acaba en un manicomio.

P.¿Entonces tiene un poso crítico?

R. En realidad, todas mis obras lo tienen.

P. ¿Es crítico también con la realidad política de su país, en el ojo del huracán de manera constante desde que lo gobierna el ultranacionalista Viktor Orbán?

R. Sí, pero, por suerte, todavía tenemos la libertad de pensar y de escuchar opiniones diversas.

P. ¿Cómo vive el enfrentamiento constante de su gobierno con la Unión Europea por la discrepancia en los valores defendidos desde uno y otro bando?

R. Bueno, el año que viene habrá elecciones. Será un momento crucial.

P. ¿Cómo están las encuestas? ¿Hay opciones de que se produzca un cambio?

R. Pues están muy igualadas. 50% para los nacionalistas y 50% para los liberales, por eso digo que van a ser fundamentales.

P. ¿Piensa en Bartók, que se marchó de Hungría por su rechazo a Horthy, cuando lee las noticias del repunte de las ideas excluyentes y radicales de la extremaderecha en Hungría y el resto de Europa?

R. Afortunadamente, yo no he sobrevivido a dos guerras mundiales, como mi madre, pero, por supuesto, todos esos traumas están en mi conciencia, y hay que tener mucho cuidado para no repetirlo.

P. Usted proviene de una región muy fértil en compositores de prestigio. Por allí nacieron también Bartók, Kurtág, Ligeti… ¿Esto es una coincidencia o hay alguna razón objetiva que explique está concentración de talento?

R. Pues no lo sé, la verdad. Es una región que se mantuvo al mantuvo al margen de la tradición musical occidental mucho tiempo. A partir de la generación de Bartók es cuando se entra en contacto con el canon occidental, una conexión que luego siguieron cultivando Ligeti, Kurtág… Yo soy un continuador de todos ellos.

@alberojeda77