El filósofo Daniel Innerarity. Foto: Miren Sáez

Aunque son muchos los motivos por los que alzar la copa este Día de Internet, debemos ser conscientes del empacho y la desorientación que nos provoca la sobreabundancia de datos en la que nadamos hoy. El filósofo Daniel Innerarity (Bilbao, 1959), al que Le Nouvel Observateur incluyó en la lista de los 25 grandes pensadores del mundo, reflexiona hoy en una conferencia en la Fundación Telefónica sobre los pros y los contras de la Red. Y no es por ser aguafiestas, pero se va a centrar en sus contras, o como él dice, en sus "aspectos inquietantes y ambivalencias": "Las mismas propiedades de Internet dignas de celebración -accesibilidad, instantaneidad, interrelación- son las que nos deben poner en guardia".



Al principio el invento nos provocó una euforia comparable a la que siente un explorador ante un mundo nuevo. Pero luego el aventurero se da cuenta de que hay que trazar un mapa y aprender a moverse por el territorio. Eso es lo que nos está pasando. "Estamos aprendiendo un lenguaje nuevo, hace diez años el furor y el entusiasmo ingenuo nos hacía acumular datos sin mucho criterio. Éramos como un mal doctorando que se limita a reunir un montón de bibliografía". Y cuanta más información se acumula, más pesada es la digestión, si no imposible. Por tanto hoy, conquistado el acceso masivo a la información, la cuestión pendiente es aprender a seleccionarla, estructurarla e interpretarla. En este sentido, el autor de La democracia del conocimiento asegura: "No es más inteligente quien más acumula, sino quien sabe reducir".



En esto de separar el grano de la paja es donde los profesionales de la comunicación deben encontrar acomodo. Pero esta necesidad de criba entra en conflicto con "la última utopía" de una sociedad acostumbrada ya a la horizontalidad: el rechazo a cualquier tipo de mediación entre el usuario y el conocimiento.



En este particular "yo me lo guiso, yo me lo como" se produce, a juicio del filósofo e investigador de la Universidad del País Vasco, una excesiva customización de la información. "Cada uno configura sus búsquedas en Internet para ratificar sus propias opiniones, lo cual es empobrecedor. Por ejemplo, Amazon te recomienda productos nuevos basándose en lo que has buscado anteriormente. Me parecería más enriquecedor que te recomendaran lo opuesto".



Otra dificultad propia de la sociedad del conocimiento es que las voces expertas se han multiplicado y se contradicen unas a otras. Los expertos ya no son un grupo compacto en posesión de la verdad que se dirige a una sociedad ignorante. Pero el mundo sigue siendo "de segunda mano" para el ciudadano medio: "Todo lo que sabemos lo sabemos de segunda mano, debemos confiar en terceros para darlo por válido". Un ejemplo de esto es que nuestra experiencia de la tecnología se ha convertido en un acto de fe, ya que la usamos sin entenderla: "Nuestros padres comprendían cómo funcionaban los aparatos y si se estropeaba el coche, eran capaces de hacer pequeñas reparaciones. Hoy, si se nos estropea el coche, dependemos de los mecánicos y a veces ni ellos pueden hacer nada y tienen que recurrir al fabricante porque los coches funcionan ahora mediante un mecanismo opaco". Como opacas son también las circunstancias de los mercados que nos han llevado a la actual crisis: "Es curioso, estamos llamando para resolver la crisis a los mismos que estuvieron en su origen, porque son los únicos que entienden cómo surgió. Por eso no es extraño ver a ministros de economía que proceden de los grandes bancos de inversión", explica Innerarity, que es además el director de Globernance, un instituto de investigación sobre diversos aspectos de la idea de gobernanza en sus dimensiones global, europea, nacional y local.



Una de las maravillas de Internet es que nos permite construir una inteligencia colectiva, mayor que la que cada uno de nosotros puede tener de forma individual. Pero también esto tiene su vertiente negativa, y es que la estupidez colectiva también es mayor que la individual: "Nunca se ha inventado un dispositivo tecnológico de tanta complejidad y perfección como los productos financieros que nos han llevado a la crisis".