Rima interna por Martín López-Vega

La inolvidable oración memorial de Alice Oswald

30 enero, 2012 01:00

Es curioso que el interés creciente de las editoriales españolas de poesía por los poetas norteamericanos contemporáneos ha ido acompañado de un similar abandono por la obra de los más recientes (que no nuevos) poetas británicos. Un rápido repaso, por ejemplo, a los nombres incluidos en la antología New British Poetry, editada por Don Paterson y Charles Simic: Gillian Allnutt, Simon Armitage, John Ash, Sujata Bhatt, John Burnside, Robert Crawford, Fred D'Aguiar, Peter Didsbury, Michael Donaghy, Carol Ann Duffy, Ian Duhig, Paul Farley, James Fenton, Mark Ford, John Glenday, Lavinia Greenlaw, W. N. Herbert, Selima Hill, Michael Hoffmann, Kathleen Jaime, Alan Jenkins, Jackie Kay, Gwyneth Lewis, Roddy Lumsden, Glyn Maxwell, Jamie McKendrick, Andrew Motion, Sean O'Brien, Alice Oswald, Ruth Padel, Don Paterson, Peter Reading, Christopher Reid, Robin Robertson, Anne Rouse, Jo Shapcott. Puede que me equivoque (y en ese caso, agradeceré noticia de las ediciones correspondientes) pero salvo la anunciada antología de John Burnside preparada por Jordi Doce para Pre-Textos, creo que de ninguno de ellos se ha publicado un libro exento en castellano. Y es una pena.

Es normal entre los poetas británicos la versión de poemas ajenos: ahí está el libro entero, The Eyes, que Don Paterson dedicó a versionear los poemas de Antonio Machado, lo suficientemente machadiano como para no ser del todo obra de Paterson y lo suficientemente patersoniano como para no resultar del todo una traducción del poeta español. Un género intermedio, que da como resultado libros tan hermosos como ese The Eyes. Pero más allá de los poetas cercanos en el tiempo, es frecuente la reescritura de textos clásicos. La versión que Seamus Heaney hizo del Beowulf es ya un clásico impresionante e imprescindible por lo que es capaz de hacer a un tiempo con la lengua inglesa y con el lenguaje poético. En nuestros pagos, Pedro Salinas hizo una versión en castellano moderno del Poema de mio Cid; pero la mayor cercanía del idioma era sin duda un peso, y aunque el castellano quedase modernizado (más o menos, porque no siempre pudo evitar la sintaxis arcaizante), el verso no.

La versión de Heaney es casi un milagro y el nuevo libro de Alice Oswald (1966), Memorial (Faber & Faber) es otro. El subtítulo que Oswald ha elegido para su libro es "Una excavación de la Ilíada" y lo primero que apunta en su prólogo es que lo que ha pretendido es traducir la atmósfera del poema, no su historia. Y cómo la atmósfera de la Ilíada lo primero que nos transmite es que ahí no se salva ni el apuntador, Oswald plantea el poema como un monumento memorial a cuantos quedaron por el camino: comienza con una larga tirada de nombres (como Ovidio en las Metamorfosis: los de todos los muertos, como si efectivamente de un monumento se tratase, pero aquí sin epítetos) para luego desarrollarlos en una serie de epitafios que a veces se limitan a un apunte, como

MELANIPO, no más guerrero que granjero

Algunos de los que poco o nada se nos cuenta en el poema aparecen después apenas mencionados, pero lo más habitual es que se nos dé, en epigramas que tienen algo de la Antología Palatina pero también del Spoon River de Edgar Lee Masters, noticia de la vida y muerte del personaje en cuestión. Traduzco el primer fragmento del poema, que se divide en tiradas de versos repartidas por personajes cuyo nombre aparece destacado en mayúsculas:

El primero en morir fue PROTESILAO
Un hombre firme que se apresuró a la oscuridad
Con cuarenta barcos negros dejó la tierra tras de sí
Sus hombres navegaron con él desde las colinas encendidas de flores
En que la hierba todo lo hace crecer
Pireo Iton Pteleo Antrón
Murió en el aire al saltar para ser el primero en tomar tierra
Quedó su casa a medio construir
Su mujer saltó por los aires arañando su rostro
Podarco su hermano mucho menos digno de admiración
le sustituyó en el mando pero eso fue hace mucho
Ha estado en la negra tierra durante miles de años

Como un murmullo de viento
Se extiende un rumor de olas
Una larga nota cada vez más alta
El agua exhala un profundo suspiro
Como una onda de tierra
Cuando el viento del oeste atraviesa un campo
Deseando y buscando
Nada que encontrar
Los tallos de maíz menean sus verdes cabezas

Como un murmullo de viento
Se extiende un rumor de olas
Una larga nota cada vez más alta
El agua exhala un profundo suspiro
Como una onda de tierra
Cuando el viento del oeste atraviesa un campo
Deseando y buscando
Nada que encontrar
Los tallos de maíz menean sus verdes cabezas [...]

Seguramente esta apresurada traducción no consigue del todo dar la impresión que produce el texto original: una rota solemnidad, un lenguaje como el que sólo emplearíamos contemplando un campo de batalla abarrotado de cadáveres de heroicos guerreros. Sólo muerte y el murmullo del lenguaje recordando a quienes yacen.

(Recomendable, y mucho, es el cedé que Faber & Faber ha editado con el poema leído por su autora de forma espléndida).

Tras el repaso a la lista de muertos, que termina, como no podía ser de otro modo, con Héctor, doce breves poemas cierran el memorial intentando (y consiguiendo) reproducir las sensaciones y pensamientos que ocupan la mente de quien ha visto tanta destrucción:

Del mismo modo que las hojas pueden escribir una historia de hojas
El viento arroja sus fantasmas a la tierra
Y la primavera regala nuevas hojas en los bosques
Miles de nombres Miles de hojas
Cuando los recuerdes recuerda esto
Cuerpos muertos son su linaje
No es más importante que las hojas

Que Alice Oswald es una de las poetas imprescindibles que están escribiendo ahora mismo lo sabíamos tras leer tanto sus libros de largo aliento, como el inclasificable A Sleepwalk on the Severn, como sus colecciones de poemas sólo aparentemente convencionales, como Woods Etc.. Tras leer Memorial nuestra admiración crece del mismo modo que la resonancia de este poema dentro de nosotros, que nos recuerda tantas cosas importantes sobre la poesía: que está aquí para guardar memoria de lo ido, del detalle, de lo que huye, de lo que somos (iguales y distintos) uno tras otro, uno tras otro, uno tras otro, como las generaciones de las hojas.

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