Image: De outsiders, contracultura y perros

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Arte

De outsiders, contracultura y perros

27 diciembre, 2013 01:00

Instalación de Adrián Villar Rojas en la Serpentine Gallery de Londres

Especial: Lo mejor del año

A finales del pasado mayo se inauguró en Venecia la 55 edición de la Bienal de Artes Visuales, comisariada por el italiano Massimiliano Gioni, director del New Museum de Nueva York. Ha sido una de las bienales que más ha dado que hablar de cuantas se han celebrado en lo que va de siglo, con un debate centrado fundamentalmente en dos cuestiones. La desafección por la realidad actual, la más incierta del nuevo siglo, y la participación de una nutrida nómina de lo que se dio en llamar outsiders. El primer argumento tiene bastante más peso que el segundo. La Bienal de Gioni miraba hacia otro lado y no se hacía eco de la acuciante miseria moral sobre la que se sustentan las sociedades de hoy. Pero el segundo -el hecho de que un buen porcentaje de los participantes no estuvieran vivos, no estuvieran en su sano juicio, o carecieran de la voluntad de realizar arte- pareció una pueril pataleta del establishment, que consideraba la actitud del comisario casi como una afrenta.

El calendario de grandes Bienales europeas se completó con Estambul y Lyon. Las dos fueron decepcionantes, sobre todo la primera, pues de ella se esperaba una posición firme ante lo que sí era una afrenta real, las políticas del primer ministro Erdogan. La comisaria de la exposición, la turca Fulya Erdemci, replegó posiciones y creó una exposición timorata y plana que apenas ponía el foco en las cuestiones que de verdad importaban, como la apropiación del espacio público. Lo dijimos entonces: Estambul no es Venecia. La de la capital turca es una plaza especial en la que conviene mancharse las manos. Esperamos con interés cómo se desarrollarán en 2014 dos de las bienales más potentes del circuito internacional, las de Berlín y Sao Paulo, y también la Manifesta en San Petersburgo, en un país, Rusia, que ofrece un amplísimo catálogo de aberraciones sociales. Veremos si el comisario Kasper König logra desgranarlas con libertad y rigor.

Al otro lado del Atlántico, Nueva York ha acogido dos exposiciones retrospectivas extraordinarias dedicadas a Isa Genzken y a Jack Goldstein en el MoMA y el Jewish Museum, respectivamente. Son dos perfiles bien distintos los de Goldstein y Genzken, tan deudor el primero de la tradición americana y tan permeable a todo la artista de Lübeck. Nueva York vio en 2013 la consolidacion de la feria Frieze, la llegada -y pronta salida- de Chus Martínez al Museo del Barrio, el recuerdo del daño del Huracán Sandy en esa rara exposición del PS1 titulada Expo 1: New York, que nos recordaba nuestra irresponsable desidia a la hora de atender las necesidades medioambientales de nuestro mundo… La exposición incluía el trabajo de Adrián Villar Rojas, uno de los artistas más codiciados del momento. Si en el PS1 el argentino creó una suerte de anfiteatro realizado con su característica "falsa piedra", en un nuevo edificio asociado a la Serpentine Gallery de Londres realizó una rotunda intervención de largo recorrido conceptual en la que se dirigía igualmente a la fragilidad de nuestra cultura ecológica. Algo de eso había también en The Whole Earth en la berlinesa Haus der Kulturen der Welt, aunque se planteaba desde una perspectiva más política. Concebida por Anselm Franke, hablaba de cómo la contracultura californiana trataba de contener el incipiente empuje neoliberal en los años sesenta. Muchos matices de esta exposición encontraban también su eco en la muestra sobre la psicodelia y sus relaciones con el arte que Lars Bang Larsen montó en la londinense Raven Row.


La nueva producción de Pierre Huyghe para el Centre Pompidou de París.

Basilea concentró la atención con su feria de arte anual pero también con la extraordinaria muestra dedicada a Steve McQueen que había arrancado en el mes de abril en el siempre cautivador Schaulager. También pudo verse en Kunsthaus Baselland una exposición que pasó algo más inadvertida, la individual del francés Laurent Grasso, que hacía gala de una extraordinaria habilidad narrativa.

Pierre Huyghe y Philippe Parreno dejaron en París dos magníficas exposiciones que se recordarán durante mucho tiempo. Pronto se advertía la intensa comunión que se fragua entre el arte y sus audiencias, y me preguntaba si eso podría ocurrir en nuestro país. Y en el Ludwig de Colonia ya empieza a verse la mano de su nuevo director, que, además de la gran exposición de Louise Lawler, reseñada aquí la semana pasada, inauguró nueva presentación de su colección en una poderosa demonstración de fuerza institucional.