Hola, amigos. 

Es curioso comprobar cómo el perfil habitual de quienes se cuelan en el metro responde al de varón joven, que salta el torno y listo, mientras que en el supermercado se corresponde más bien con una mujer de la tercera edad, que por lo bajo se va metiendo donde no le corresponde, según tengo yo observado. Generalidades, tópicos, exageraciones, bobadas, dirán algunos; tal cual, dirán otros. El respeto a las colas o filas o hileras de hombres y mujeres es signo de civilización, en mi modesta opinión, y, si no, viajen un poco y comparen aquí y allá. Por eso las vamos a homenajear la semana que viene. Y sobre ellas, las colas, las filas de personas que esperan su turno (y que siempre respetan los más civilizados), escribiremos a partir del lunes. 

Veamos, entre tanto, quiénes son los finalistas de la semana dedicada a la memoria: 

La huella 

Se viste de domingo, coge su maleta y sale del asilo para esperar al hijo que nunca tuvo.

Y así, día tras día, desde hace diez años.

Mnemotecnia 

Mientras el testigo memorizaba los detalles del crimen para el juicio, se dio cuenta de que era el asesino.

Elqui 

Escribió sus memorias para tratar de echar en el olvido los episodios más vergonzosos de su vida.

MJR 

¡Aquí estaba! Celebró satisfecho el anciano cuando encontró en su vieja chaqueta el número de lotería premiado en 1999.

Edizagoy 

Frank tocó el muslo de la desconocida y le propuso ir al cuarto. Pero su nieta le besó la frente y prometió volver el domingo que viene.

Pereira

Lleva treinta años visitando la tumba de su hijo. Cada vez que lo hace recuerda aquella pregunta: ¿No se te habrá olvidado recoger al niño?

Watusi 

El neurólogo le confirmó la peor noticia: sus facultades estaban perfectamente. Era su familia quien le escondía las cosas.

MJR

Por más que miraba a su marido, la anciana no hallaba ningún parecido con el apuesto jovencito de la foto de su boda.

Three 

Tras el experimento, no recordaba nada, porque ahora tenía memoria de pez.

Cur 

Hasta el juez felicitó al testigo por su memoria. Pero entonces intervino el abogado defensor: “¿Recuerda usted su número de teléfono?”

Hilario 

Su marido tenía Alzheimer, pero en la cama seguía llamándola por el nombre de la otra.

Noelia F 

Después del accidente, sacudió su ropa manchada y se puso a trabajar, como si no recordase que acababa de morir.

Huelgo 

Cada vez que se asomaba a una barandilla, era incapaz de recordar la razón por la que quería suicidarse.

Torivino

Al cumplir los ochenta empezó a recordar cada día de su vida desde el primero con detalle. Cuando llegó al primer día de colegio falleció.

Esteve 

Con los primeros rayos de sol, y mientras su cuerpo se desintegraba, el vampiro maldijo sus lagunas de memoria.

Repio 

El antiguo asesino a sueldo visitaba todos los lunes a su amigo de profesión, a quien envidiaba por su Alzheimer.

Píter

Recordaba día, hora, temperatura, humedad, presión atmosférica y lugar donde, hace quince años, le diagnosticaron Alzheimer galopante.

Sicario 

El asesino a sueldo no superó el periodo de prueba. Tenía muy mala memoria para las caras.

Soy yo 

Acudió al cirujano a hacerse unos pequeños retoques en la memoria. Tras la operación le quedaron unos recuerdos de lo más felices.

Círculos Concéntricos

Saludó amablemente al nuevo inquilino, sin percatarse de que tenía ante sí a su primer amor, ese al que nunca había olvidado.

Y uno, de regalo: 

Nidos 

El ornitólogo nunca olvidó al profesor de música que, en su adolescencia, le había llenado la cabeza de pájaros.

Para aparecer con nombre y apellidos en caso de resultar ganadores escribid por favor a cuenta140@elcultural.es

Gracias

Saludos cordiales