Premio de novela Alcobendas Juan Goytisolo por su novela Palabras de otro lado, que ahora publica Galaxia Gutenberg, Alonso Cueto (Lima, 1954) se impuso a las más de 900 obras presentadas con esta historia sobre los movimientos migratorios y la construcción de identidad. El viaje de Aurora –su protagonista-, en búsqueda de su padre biológico después de que su madre le revele su verdadera identidad poco antes de morir. Un trayecto que la llevará desde Lima hasta España, para recaer en Madrid, donde el propio autor vivió a finales de los 70. En Palabras de otro lado, el escritor peruano construye además una historia de aventuras en las que narra las peripecias de su protagonista. “No hay nada más difícil que contar una historia –reflexiona Cueto-. Uno puede escribir bien una novela pero lo que es difícil es contar una historia. Dosificar la intriga, hacer una estructura donde vayan apareciendo datos y semillas de hechos que van a producirse más adelante, manejar expectativas de las revelaciones… Una novela debe ser una exploración pero para eso tiene que contar una historia que, entre otras características, debe ser entretenida”.

Pregunta. Y, sin embargo, la literatura de entretenimiento a veces es menoscabada, ¿no le parece?

Respuesta. El entretenimiento es algo esencial en la literatura porque responde a un instinto que tenemos los seres humanos desde el hombre de las cavernas que es el instinto de contar y de escuchar. Parece que el aburrimiento tiene mucho prestigio y que muchas veces hoy en día cuando una novela es aburrida es considerada "interesante" y por lo tanto buena. Pero en realidad si uno ve el siglo XIX, que fue la gran época de las novelas, una novela aburrida hubiera sido considerada inaceptable. La idea, la aventura, la búsqueda o el descubrimiento va emparejada con la necesidad de estructurar un texto, de darle una forma dosificada a los datos de una historia y de entender la novela como la unidad de un relato.

"En el mundo quechua el pasado es lo que está delante de uno porque es lo que conocemos. De hecho, en quechua “pensar” es sinónimo de recordar"

P. El pasado es uno de los temas que explora en su narrativa, en este caso se trata de un pasado hasta cierto punto incierto porque su protagonista desconoce la existencia de otro padre, ¿no?

R. Es una investigación. En el mundo quechua, el pasado es lo que está delante de uno porque lo conoce, mientras que el futuro, que es desconocido, está detrás. La palabra en quechua “pensar” es sinónimo de recordar. Pensar y recordar vienen a ser procedimientos relacionados uno con el otro. Sí, digamos que es un tema que me ha obsesionado siempre porque el pasado tiende emboscadas. Uno se encuentra a la vuelta de la esquina con una persona que fue muy importante en la vida, pones la radio mientras manejas el coche y escuchas una canción que significó mucho en tus recuerdos, o te asalta un pensamiento simplemente de la nada. El pasado envía mensajes permanentemente, es un operador incansable y va haciendo reportes en la mente de cada uno. Y una de las necesidades es tener una relación aceptable con el pasado. Porque es lo irreparable, lo definitivo, lo que no se puede cambiar. Cuando Aurora va a buscar a su padre, va a buscar su pasado y se va buscando a sí misma también. Porque en realidad lo que quiere saber es esa pregunta que todos nos hacemos: quién soy yo, quién es uno mismo. Toda novela al final va en busca de esa pregunta. Y en el mundo moderno que es el mundo de las migraciones, de la mezcla de cultura, de las mezclas de lengua, esa pregunta tiene una licencia mayor.

P. ¿A qué se refiere?

R. Hoy en día es más fácil y natural viajar de un lado a otro y cambiar de país o de lengua e instalarse en otra cultura sin perder las raíces. Siempre me ha parecido fascinante el mito de Osiris, el dios egipcio que tiene 115 nombres, 115 identidades o más, y creo que eso representa un poco lo que está pasando hoy. Claro que hay movimientos que reaccionan en contra de la migración como, por ejemplo, el presidente norteamericano Donald Trump, pero hay que recordar que él es nieto de un inmigrante y está casado con una inmigrante. No hay razas puras, identidades puras, todos somos una mezcla. En Perú mucha gente piensa que el mundo andino es algo que hay que defender por su pureza pero en el mundo andino y la música andina hay instrumentos como el violín o el charango que son descendientes de la guitarra. Y en España uno de los platos principales, que es la tortilla de patatas, está hecho con un ingrediente que vino de América. Todos somos una mezcla de todo. Aun cuando podemos tener algunas raíces también tenemos conexiones con muchas partes. Esto es algo que define nuestra época y que no tiene una solución de otra manera. A pesar de que hay tantos movimientos contrarios como el Brexit o como la independencia catalana es un fenómeno imparable.

P. Como su protagonista, viajó a Madrid cuando tenía 20 años para vivir aquí algunos años, ¿evoca en su novela esa experiencia?

R. Tiene que ver con mi vida. Lo que Aurora siente al llegar a Madrid es lo que yo sentí. Sentí una mezcla de identificación y de extrañeza. Me sentía muy sobrepasado por la intensidad y la velocidad en la que se vive en Madrid, pero al mismo tiempo me sentí identificado e integrado. Me extrañó y me gustó mucho la capacidad de los españoles que conocí en ese momento y que sigo conociendo ahora por confesarte historias de su vida privada y contar secretos. Todo eso está acá. Yo vine en una época muy interesante que fue en el año 77, el año de las elecciones. He vuelto infinitas veces desde entonces, en 2019 he venido cuatro veces. España es el país que más quiero después del mío. Es el que quiero por elección, ¿no? Y lo es por la gente que he conocido aquí, esa capacidad de contacto humano que es inmediato y permanente. 

P. Además, Palabras de otro lado, es también una historia de duelo, ¿no?

R. Aurora hace algo que yo hago también. Ella conversa con sus padres, que están muertos, de la manera más natural. Conversa contándoles lo que hace, preguntándoles que piensan, no es una conversación dramática ni triste sino espontánea y natural. Están ahí. Están con ella. La acompañan en todo momento en este viaje. Creo que en general uno puede decir que la relación que uno tiene con los padres empieza cuando ellos mueren. Antes de eso hay una relación que todavía está en proceso de realizarse. Cuando mueren empieza nuestra relación con ellos en su integridad. En su totalidad. Es hasta cierto punto fascinante porque es una relación para toda la vida. 

P. Acaba de publicar en Perú La Perricholi. Reina de Lima, ¿qué le atraía de su historia?

R. La Perricholi es un personaje histórico, es un personaje que viene del siglo XVIII, fue amante del virrey Amat, un virrey catalán que llegó a Perú. Tuvo un hijo con ese virrey, un personaje escandaloso para la época porque ella venía de una familia que no era aristocrática, en Lima había una gran aristocracia local, y verla caminar por la plaza embarazada del virrey y luego de la mano del hijo del virrey fue un escándalo. Este personaje es tan interesante, tan fascinante, que Prosper Merimée escribe una historia de teatro sobre ella, luego Offenbach escribe una ópera y Jean Renoir hace una película con Anna Magnani. Es un personaje histórico fascinante. Así que ya ves, me interesan los personajes femeninos.

P. ¿Y esta fascinación por los personajes femeninos de dónde le viene?

R. Porque yo creo que las mujeres son personajes ideales para el tipo de novela que me interesa, que es el tipo de novela de relaciones. Creo que las mujeres viven las relaciones, familiares, amorosas, laborales de una manera más intensa que los hombres que estamos más encerrado en nosotros mismos. Para un entramado de una historia novelesca es más interesante un personaje femenino que vive de una manera tan profunda la experiencia con otros. Me es más difícil pero al mismo tiempo uno tiene que hacer siempre lo más complicado. Crecí en un mundo rodeado de tías y de primas y tengo la ayuda de mi mujer. 

@mailouti