Alfonso Zurro. Foto: Carlos Márquez

El autor estrena en Madrid una nueva versión de A solas con Marilyn y prepara el estreno de Hamlet en el Teatro Fernán Gómez.

El actor Juan Alberto López se ha lanzado en cuerpo y alma a protagonizar A solas con Marilyn, el monólogo de Alfonso Zurro (Salamanca, 1953) que estrenó el director Andrés Lima en la Cuarta Pared en 1998 y la compañía Atalaya en 2008. Por primera vez, y a partir de este 6 de febrero, será interpretada por un hombre en el Teatro La Usina de Madrid. "Rodríguez sentía que el texto, escrito en su origen para una actriz, tenía otras posibles lecturas, una de ellas desde la interpretación masculina", explica Zurro. "Lo atractivo de la idea es que se sigue desarrollando en femenino". A solas con Marilyn, que evoca el mito de Medea y que aborda el drama de una mujer abandonada por su marido, surgió de un proyecto de investigación con Andrés Lima y Maica Barroso. "El texto está tan despojado de acotaciones que cualquiera que se adentre en él debe hacer como mínimo un ejercicio de indagación y búsqueda", puntualiza.



Aunque es un monólogo femenino, además de ser representado por una actriz, también ha sido llevado a escena por una docena de intérpretes, con dos mujeres, danza contemporánea o en forma de musical. Zurro trabaja a destajo. Acaba de "soltar" La estrella de Sevilla de Lope y está a punto de estrenar un Hamlet. También da los últimos retoques a Don Quijote en la patera, un texto para el público infantil que conecta la novela de Cervantes con los titulares de la prensa actual.



Pregunta.- ¿Han cambiado mucho las preocupaciones del hombre/mujer desde que escribió la obra? ¿Ha observado algún acontecimiento que haya transformado nuestro papel en la sociedad?

Respuesta.- Creo que se ha avanzado en cuestiones de igualdad, laborales... aunque aún queda mucho terreno que recorrer en cualquiera de los campos. También está la violencia de género, sobre la que parece imposible encontrar mecanismos que la reduzcan. Por otro lado, pienso que es importante el que la sociedad vaya asimilando los nuevos modelos de estructuras familiares. Sin embargo el conflicto básico de A solas con Marilyn es el desamor, el abandono, el vacío...



P.- ¿Ha intervenido de algún modo en la puesta en escena? ¿Cómo ha sido la relación con el equipo, en especial con Juan Alberto López?

R.- Les he dado total libertad. Como autor entiendo que un texto son palabras, palabras, palabras... y no debo condicionar a aquellos que van a darle vida. Sólo puedo estar agradecido y quedarme al servicio del proyecto. Hay labores que a veces se confunden pero que debemos tener totalmente claras en cualquier proyecto teatral, por un lado está la literatura dramática, por otro la dramaturgia y por otro la puesta en escena. Lo importante es que confluyan, que amplíen las lecturas del drama.



P.- Y se apunta al 400 aniversario de la muerte de Shakespeare con un Hamlet que llega el 5 de abril al Teatro Fernán Gómez de Madrid.

R.- Nació desde la compañía Teatro Clásico de Sevilla, y con la ayuda en la coproducción de los festivales de Almagro y de Niebla. Ha sido un proceso de creación con la complejidad y dificultades que tiene Hamlet pero cargado de pasión y de entrega. He tenido la suerte de trabajar con el TCS, una compañía privada que mima las producciones y entiende a los clásicos desde puestas en escena contemporáneas sin sacarlos de su contexto.



P.- ¿Ha incluido alguna novedad con respecto al montaje presentado en el Festival de Almagro?

R.- El teatro debe ser un arte vivo y en continuo proceso, necesario para los intérpretes y, sobre todo, para que al público le llegue con toda la verdad. Así que seguimos con el desarrollo lógico de los personajes, la limpieza y corrección de escenas, ajustes varios... lo necesario para mantener activa la puesta en escena.



P.- ¿Qué recuerdos guarda de La estrella de Sevilla de Lope, recientemente representada en Madrid?

R.- Lo mejor es que el público disfrutó con un concepto de lectura y de puesta en escena de un clásico que tenía sus riesgos pero que resultó muy satisfactorio. Una dramaturgia profunda sobre el texto que aglutinó perfectamente escenografía, iluminación y vestuario, rematada por la interpretación, fueron los pilares del buen trabajo de la compañía.



P.- ¿Cómo se mueve del teatro actual y las adaptaciones de los clásicos? ¿Se pisa el mismo terreno?

R.- Siempre es el mismo terreno: contar historias desde un escenario. Los grandes clásicos y los grandes autores contemporáneos están más cerca de lo que parecen. Todo es evolución, venimos del mismo tronco porque compartimos las mismas raíces. Los clásicos siguen existiendo porque nos dicen cosas del mundo de hoy, de nuestras miserias, de nuestras dudas, de nuestras angustias... Si no fuera así no serían autores clásicos, sino antiguos. Y no hay que confundir lo uno con lo otro.



P.- ¿Cree que los clásicos viven un momento de especial expansión?

R.- Están recuperando el tiempo perdido. Son muchos los años de abandono, de desidia por parte de compañías e instituciones. Creo que aún les queda bastante recorrido, tanto en estudios, investigaciones, como en propuestas escénicas para que sean algo normal y convivan en la cartelera con todo tipo de teatro. También estoy convencido de que aparecerán nuevos textos clásicos, joyas desconocidas que ahora duermen en archivos olvidados.



P.- Parece que también se atreve con el teatro infantil...

R.- Siempre me ha interesado el teatro infantil como espectador. Hasta que un día me atreví a escribir una pieza para niños, La caja de música, aquel texto se público y tuvo bastante aceptación, eso hizo que algunas compañías especializadas en teatro para niños, me pidieran colaborar con ellas como autor. Me interesa un teatro infantil que mire a la actualidad, que no oculte a nuestros jóvenes el mundo en el que vivimos, y que tampoco coarte la fantasía y lo maravilloso.