Ilustración: Luis Parejo

El director del Teatro Real encara ya su primera temporada sin "hipotecas" del pasado. Matabosch (Barcelona, 1961) equilibra concesiones populares con títulos de calado intelectual.

¿Qué libro tiene entre manos?

El invitado amargo de Vicente Molina Foix y Luis Cremades, Miradas insumisas de Alberto Mira y La montaña mágica de Thomas Mann, que hay que releer de vez en cuando.



¿Ha abandonado algún libro por imposible?

Desde luego. Pero me gustan los retos y cuando un libro es complejo más bien me estimula. Pero ‘complejo' no quiere decir ‘confuso'. Como decía Borges a propósito de Góngora para desenmascarar la falsa complejidad: "su texto no es complejo, sino solo complicado".



¿Con qué personaje le gustaría tomarse un café mañana?

Con Thomas Mann, pero lamentablemente llego tarde.



¿Cuántas veces va al teatro al año?

Muchas veces. Cada semana más de una vez. Voy al teatro siempre que no tengo que ir a una ópera o a un concierto. Es mi pasión de juventud. Y esas no se olvidan.



Una obra que le dejó clavado en la butaca...

La lista podría ser considerable porque afortunadamente no he perdido la capacidad de admiración ante el enorme talento que nos rodea. Pero mencionaré una de mis últimas sorpresas. Estuve recientemente en Londres por motivos profesionales y en unas horas en las que me pude liberar un amigo me pidió que lo acompañara a ver un montaje de un texto de Mike Bartlett, King Charles III. ¡Cuánto talento en el texto, en la dirección y en la interpretación! También podría ponerme nostálgico y recurrir a cualquiera de los grandes montajes del Teatre Lliure en los ochenta. Toda una generación descubrió lo que podía llegar a ser el teatro gracias al Lliure.



¿Entiende, le emociona, el arte contemporáneo?

Evidentemente. El arte permite que contemplemos fuera de nosotros nuestra experiencia común. ¿Qué puede activar más nuestra capacidad de sentir que el arte contemporáneo, que es el arte de nuestra época? Otra cosa es que, desde luego, entre lo contemporáneo todavía no se haya producido la selección y la jerarquía que nos parece natural en el arte de otras épocas.



¿De qué artista le gustaría tener una obra en casa?

Francis Bacon.



¿Cuál es la ópera que más veces ha visto?

Es sorprendente la cantidad de veces que he tenido ocasión de ver Die Soldaten de Zimmermann teniendo en cuenta que, por su complejidad, se representa tan poco. Pero seguro que hay títulos de repertorio que, en cifras absolutas, es inevitable que haya visto más veces.



¿Cómo debe el género lírico ganarse nuevos públicos?

La ópera es la más compleja confluencia de todas las artes al servicio de la expresión. Como explica Julian Barnes, la ópera va directa al grano. Es un arte en el cual "la emoción virulenta, aplastante, histérica y destructiva es la norma". Un arte que busca, más obviamente que los demás, partirte el corazón. Kasper Holten decía, con razón, que es un ‘fitness center' de las emociones.



¿Es usted de los que recelan del cine español?

Me gusta el buen cine y en España se hace muy buen cine. Se hace de todo, como en todos los sitios, pero también muy buen cine.



¿Cuál es la película que más veces ha visto?

Creo que Eva al desnudo. Es un filme que conviene tener muy presente en determinados trabajos. A veces tengo la sensación de verlo sin que se proyecte la película.



¿Le gusta España? Denos sus razones.

Desde luego. Como me sucede con los libros, tiende a agradarme mucho la complejidad. Conlleva riqueza, diversidad, atractivo. Para lidiar con la complejidad hace falta cintura, sentido de la moderación y capacidad de integrar. A ver si algún día lo aprendemos.



Regálenos una idea para mejorar la situación cultural de nuestro país.

Ayudar a las instituciones culturales a reinventarse y a construir un nuevo modelo sobre la base de la nueva estructura marcada por el descenso de las subvenciones. Lo que ha logrado el Teatro Real es ejemplar: compensar una gran parte del descenso de las subvenciones con un incremento del patrocinio que, si se compara con las cifras del año 2009, ha llegado a ser del 100%. Sospecho que el saneamiento de muchas otras instituciones culturales pasa por algo muy parecido.