Juan Carlos Rubio. Foto: Sergio Parra

El dramaturgo adapta y dirige El Príncipe de Maquiavelo que se estrena en el Festival de Teatro Clásicos en Alcalá

Hace ya más de 500 años que Maquiavelo terminó de escribir El Príncipe y sus palabras siguen teniendo una actualidad que provoca estupor. ¿Acaso el ejercicio del poder no ha cambiado en todo este tiempo? Esta pregunta ha llevado al dramaturgo Juan Carlos Rubio (Montilla, Cordoba; 1967) a zambullirse en la vida y obra del escritor italiano. El resultado se estrena de manera absoluta en el Festival de Teatro Clásicos en Alcalá este viernes en un monólogo protagonizado por Fernando Cayo. La obra después pasará por Almagro, Olite, Olmedo, Sevilla, Cordoba, Lucena y llegará a Madrid, a los Teatros del Canal en octubre, cerca de la fecha de las elecciones generales.



Pregunta.- ¿Qué sensaciones tiene para el estreno de la obra en el Festival de Alcalá de Henares?

Respuesta.- Muy positivas. A priori siempre tienes respeto al abordar un material que no es teatral como ocurre con estos textos de Maquiavelo. Básicamente la función está basada en El Príncipe pero también aparecen algunos fragmentos de otras obras suyas como Del arte de la guerra, o su correspondencia personal. Puede parecer que con estos recursos no hay suficiente material para una obra teatral pero todo ha encajado muy bien y el público que hemos tenido en algún ensayo ha salido muy interesado en la propuesta. Es increíble pero 500 años después las palabras de Maquiavelo siguen siendo actuales.



P.- ¿Cuál cree que es la clave para adaptar esta obra con éxito?

R.- Es una fórmula compleja. La función, para empezar, es el resultado de un trabajo de colaboración muy grande en el que ha participado todo el equipo y especialmente Fernando Cayo que es un actor descomunal. Sin su complicidad no habría podido encontrar el conflicto personal de Maquiavelo. El monólogo se llama El Príncipe pero en realidad partimos de la obra para llegar al hombre, a Maquiavelo. Su correspondencia en este sentido es muy valiosa porque nos descubre lo que significa para él la pérdida de poder y el destierro, su frustración al no poder recuperar su vida anterior... Esto me dio un sustento dramático interesante para el monólogo. Además si a Fernando le das algo lo multiplica por mil. Al final creo que todo funciona teatralmente muy bien.



P.- ¿Por qué se decidió a adaptar esta obra?

R.- La leí en el instituto con 15 años pero en aquel momento no sabía ni que iba a dedicarme a escribir teatro. Lo volví a leer pasados seis o siete años y me di cuenta de que era un texto que estaba perfectamente vigente. Maquiavelo utilizaba muchos ejemplos de su época pero, quitando eso, las líneas profundas de pensamiento son perfectamente actuales porque es un tratado sobre el poder y ante todo sobre la condición humana. Los seres humanos no hemos cambiado nada en miles de años, nos mueven las mismas pasiones y las mismas ambiciones y tenemos los mismos defectos. Me parecía además oportuno adaptar a Maquiavelo en estos momentos tan convulsos, de crispación y corrupción y de falta de ideales... Una función necesaria para este año electoral.



P.- ¿El ejercicio de poder implica mancharse las manos de sangre?

R.- Este es un debate interesante y de hecho Maquiavelo así lo plantea. El que quiere mantenerse en el poder debe mancharse las manos aunque quizá no tanto con sangre como con otros líquidos o imágenes más actuales. El espectáculo facilita que el espectador saque una conclusión al respecto. Para mantenerse en el poder hay que cruzar una serie de líneas.



P.- ¿Hay que aparcar la ética y la moral para ejercer el poder?

R.- No es tanto apartarla en bloque porque Maquiavelo sí que habla del término virtud, pero no en el sentido moral que tiene en castellano. El término virtud, según Maquiavelo, se refiere a una serie de valores que un príncipe o un gobernante debería tener y que no se pueden aplicar unilateralmente. Habla de astucia, de la manera de enfocar las cosas, de como para evitar un mal mayor a veces hay que elegir un mal menor... Esa es la realidad del poder y otra cosa es la utopía o la manera en la que nos gustaría que se hiciera. Cuando ocupas un lugar importante hay que tomar decisiones difíciles.



P.- ¿Qué opina Maquiavelo de la corrupción?

R.- Le parece que lo peor que puede haber es que un hombre que crea una ley no la cumpla y por eso ataca la corrupción. La ética en el ejercicio de poder está relacionada con tomar decisiones que pueden ser difíciles o perjudiciales para ciertas personas en beneficio de la mayoría. La corrupción es otra cosa y a Maquiavelo le parece imperdonable.



P.- Afirma Maquiavelo que el Príncipe gana más siendo temido que amado...

R.- También plantea que se puede ser temido sin ser odioso. El término temor hay que manejarlo con cierta actualidad. Para un líder o para alguien que al final tiene que dirigir a un grupo de individuos es fundamental el respeto. Si no se cumplen ciertas condiciones hay que dar explicaciones y asumirlo. No todo vale. De eso depende el respeto.



P.- ¿Cobran un mayor interés los postulados de El Príncipe en este momento de convulsión política?

R.- Absolutamente. Estamos viviendo una explosión de nuevos partidos y el ciudadano se ve obligado a elegir. Pero al final, ocupe quien ocupe los puestos, el poder hay que ejercerlo de una determinada manera. El Príncipe es un libro de cabecera para gente de izquierdas, de derechas... Lo que él plantea vale para cualquier ideología porque lo que aborda es la condición humana, el hombre enfrentado al poder.



P.- ¿Cómo está siendo trabajar con un actor como Fernando Cayo?

R.- Extraordinario. Es un regalo. Te devuelve multiplicado por mil lo que tú solo puedes soñar. Es un actor superdotado: maneja su cuerpo, su voz, las emociones... Tiene un registro cómico, dramático...



P.- Presentan la obra en el Corral de Comedias de Alcalá de Henares...

R.-Es un espacio mágico. Es un regalazo de verdad que estemos aquí y que Alcalá de Henares nos haya abierto las puertas para el estreno absoluto de la función. La sala es tan fabulosa y tan recogida, se ve tan bien y tiene tan buena acústica...



P.- ¿Cómo ve la situación del teatro en este momento?

R.- Depende, es muy variada. Hay privilegiados dentro del colectivo profesional, entre los que me incluyo, que están trabajando mucho y otros compañeros con el mismo o más talento que no tienen tanta fortuna. La industria está sufriendo con la falta de apoyo y la subida del IVA y es un tema que no se corrige. La cultura no interesa en general a los políticos y es una lastima porque el pueblo vive mejor cuando se aumenta su nivel cultural y la posibilidad de acceder a más actividades artísticas. El teatro aguanta el temporal porque el público, a pesar de todo, sigue yendo. Ojalá vengan tiempos mejores.