Mercedes Abad. Foto: Joan Manuel Baliellas

La escritora reúne sus últimos relatos en La niña gorda (Páginas de Espuma)

La niña gorda es el último libro de relatos que la escritora y periodista Mercedes Abad (Barcelona, 1961) publica estos días en Páginas de Espuma. La autora, que obtuvo en 1986 el premio de narrativa erótica La sonrisa vertical por sus relatos Ligeros libertinajes sabáticos, parece haber encontrado en el cuento su mejor forma de expresión: en él caben sus recuerdos, lecturas, ideas y creaciones que dan forma a su realidad literaria. También ha publicado las novelas Sangre (2000) y El vecino de abajo (2007) y es autora de obras dramáticas y varias adaptaciones de teatro. En esta recopilación de relatos, Mercedes Abad se mete en la piel de una adolescente a la que su madre somete a una cura de adelgazamiento muy estricta.



Pregunta.- ¿Por qué ha preferido un libro de relatos sobre un mismo personaje y no directamente una novela?

Respuesta.- La verdad es que la primera versión del libro fue una novela. Pero al poco tiempo, me di cuenta de que no funcionaba. La novela era caótica, tenía muchos cambios de punto de vista y, al corregirlo el verano pasado, pensé que lo que tenía que hacer era convertirlo en un libro de cuentos. Se ha dicho del libro que es una "cuentela" y me parece un acierto. Es un libro de cuentos a pesar de que sí, es la misma protagonista que crece, evoluciona... También hay personajes secundarios que vuelven a aparecer.



P.- ¿Cuál ha sido el origen de este libro? Parece que recoge en él recuerdos de su propia infancia.

R.- ¡Esto de cumplir años hace que la cabeza se vaya mucho hacia la infancia! Es la primera vez que me pasa tan intensamente y eso que no soy una persona muy nostálgica. De pronto, esa niña gorda, que soy yo de pequeña, me dijo "escríbeme". Soy una exgorda y, por tanto, una gorda eterna porque nunca se deja de ser gordo. Todo eso ha configurado mi carácter y mi identidad. Yo tengo alma de gorda aunque sea delgada.



P.- La gordura que sufre Susana, es algo más que un dolor físico, ¿verdad?

R.- Desde luego. Tenía que escribir toda esa historia, el dolor de esa niña que no encaja en la sociedad debido a su gordura. La gordura es literal pero también es metafórica. En el viaje que hace hacia la edad adulta, se quita muchos más pesos de encima. La niña gorda es la historia de una rebelión.



P.- Me ha parecido muy interesante el juego que establece entre los narradores de los diferentes relatos.

R.- El sentido que tiene ese cambio de narrador es definir el carácter de Susana. Los cuatro primeros cuentos están narrados en tercera persona, un narrador omnisciente, ¿por qué? porque ella no se ha forjado todavía su identidad que le vendrá a través de una rebelión. A partir del cuento Las hermanas Bruch, Susana hace el cambio hacia la edad adulta, y entonces empieza a hablar en primera persona. Susana deja de ser la niña gorda y se convierte en un adulto.



P.- ¿Podríamos pensar que este libro le ha servido para superar un trauma? La escritura es, en este caso, terapéutica?

R.- La escritura es muchas cosas a la vez y terapéutica desde luego. Me permitió distanciarme de esa niña gorda, fea, monstruo asocial y me libré de ella, en cierta medida. Pero nada es absoluto. En realidad, yo sigo siendo esa niña gorda también. Susana se agita tenazmente dentro de mí para el resto de mi vida, me temo.



P.- ¿Le sigue gustando comer tanto como cuando era niña?

R.-Me gusta muchísimo comer pero solo con pensar en el aporte calórico de un plato me estropea un poco ese placer. Soy una persona insaciable. ¡Vale mas regalarme un traje que invitarme a comer!



P.- En los cuentos aborda diferentes temas. Uno de ellos es la difícil relación entre madres e hijas que aparece no solo entre Susana y su madre, sino también en el cuento de Las hermanas Bruch.

R.- Las relaciones entre una madre y su hija siempre son tumultuosas, tempestuosas, tremendas. Es una vieja historia que ya aparecía en mi novela Sangre. Aquí es la madre la responsable de que la hija inicie esa dieta draconiana de adelgazamiento, pero, a partir de ese momento, la hija se venga. Susana descubre las relaciones de poder. Que su madre es vulnerable y todo acaba volviéndose contra la madre. Susana empieza a revelarse, contra ella, contra la herencia familiar, contra los valores recibidos.



P.- Sus cuentos ponen de manifiesto esa hostilidad que muestra el mundo hacia un niño diferente.

R.- Claro, eso es aún peor, hoy tiene hasta un nombre "bullying". En mi época te excluían del grupo, eras el apestado. Ahora eres la victima de una conspiración cruel que a veces acaba en tragedia. Creo que es una historia inacabable. El niño sufre si es distinto.



P.-De hecho en sus cuentos siempre contrasta este personaje de Susana, gordita, introvertida e insegura, con niñas y adolescentes estilizadas y bellas. Pero parece que la vida es igualmente dura con ellas que con la niña Susana, ¿verdad? Su visión es algo amarga.

R.-La visión que doy es dura. Esas niñas actúan de contrapunto, lo que hace aun mas cruel la situación de Susana. Creo que estas cosas se dan mucho. Yo le tenía miedo a las fotos de infancia porque a mí se me veía gordita y a mi lado, siempre había una amiga ágil. La adolescencia es un periodo duro, seas como seas. Yo jamás volvería a la adolescencia. Vives como si no tuvieras pies, como si no tuvieras capa protectora. Estas expuesto a algo doloroso. Es una edad cruel.

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