José Manuel Sánchez Ron

Publica una reedición revisada de 'Cartas a Isaac Newton' (Austral).

El mundo cambia cada vez más rápido. Es una obviedad, sí, pero precisamente por esto José Manuel Sánchez Ron (Madrid, 1949) ha decidido que era necesario revisar su libro Cartas a Isaac Newton (9687-9688 D.C), subtitulado El futuro es un país tranquilo, editado en 2001 y lanzado de nuevo por Austral tras haber plasmado en él el autor su transformada visión de la realidad. A caballo entre la ciencia ficción y la divulgación histórico-científica, el protagonista escribe en un futuro muy lejano (casi 8.000 años), en el que la esperanza de vida ha aumentado hasta índices inauditos y en el que la mayoría de las muertes suceden por suicidio o accidente. No obstante, el cambio climático y el paso del tiempo también han causado estragos...



Pregunta.- ¿Por qué ha considerado necesaria una revisión del libro? ¿Han cambiado muchas cosas, desde que se publicó en 2001 hasta ahora?

Respuesta.- Porque en los 12 años que han pasado desde la primera edición ha cambiado mi visión del mundo en lo que se refiere al futuro posible. El mundo se ha transformado de una manera más rápida de lo que yo pensaba. La nueva edición tiene bastantes novedades, incluyendo una nueva carta y nuevos personajes, como el perro Sherlock.



P.- El libro bebe también de la ciencia ficción. ¿Cuáles son sus influencias?

R.- Nunca he sido un gran lector de ciencia ficción, pero el libro habla de Verne, de Wells... Es un tipo diferente de ciencia ficción, porque está entre el ensayo, la historia y la imaginación sobre el futuro. El espíritu de Wells en particular domina, pues el libro se sitúa en mundos científicamente posibles, porque no es tanto la ciencia como los desarrollos científicos los que afectarán a la propia vida.



P.- ¿Es verdaderamente el futuro un país tranquilo?

R.- Ése es un tema central. Llegará un momento, dentro de pocos siglos, en el que nuestra capacidad de desarrollar nuevas teorías habrá llegado a su fin. El protagonista es un hombre que habría deseado poder hacer algo parecido a lo que hizo Darwin, descubrir nuevas maneras de entender el mundo, pero reconoce desde la primera carta que ya es imposible. En este aspecto es un mundo tranquilo. Otro aspecto que contribuye a ello y sobre el que reflexiono es la prolongación de la vida, asociada al aburrimiento.



P.- ¿Cree que habrán cambiado mucho las cosas en el futuro desde el que nos escribe en Cartas a Isaac Newton?

R.- No creo. Sé muy bien que todos los que hicieron predicciones sobre el futuro se equivocaron, pero yo he tratado de inventar, imaginar. Cuando uno se arriesga, sabe que probablemente se equivoque, pero no me he escapado.



P.- Menciona como algunos de los cambios la desaparición de los Países Bajos y la extinción de muchas especies. ¿Son inevitables estas consecuencias del cambio climático?

R.- Son previsiones que he hecho desde lo que yo creo que es inevitable. Los Países Bajos sufrirán en particular. 8.000 años son muchos años, e imagina cómo ha cambiado el mundo desde nuestro propio pasado. Cosas que valoramos tanto ahora, como los monumentos, se deteriorarán con el paso del tiempo.



P.- En estos doce años desde la publicación del libro por primera vez, ¿cómo cree que ha cambiado la percepción de la ciencia?

R.- La gente ahora es más consciente de las posibilidades de la ciencia, gracias a los desarrollos tecnológicos y la biomedicina, y sobre todo a la globalización: una persona, a pesar de que no conozca nada sobre ciencia, sabe que lo que sucede es una consecuencia de la ciencia.



P.- ¿Cree que en el futuro se habrá superado las revoluciones de Darwin y Einstein?

R.- Creo que sí. Darwin no soñó nunca que su evolución la entenderíamos mucho mejor a través del ADN. Descubrió una ley universal, la de la evolución de las especies, aunque este aspecto no será superado. Con Einstein es más difícil, porque sigue vigente para entender cómo se mueven los planetas, pero su teoría no puede ser correcta, porque no es compatible con otra gran revolución: la de la física cuántica. Ha dejado algo sobre lo que se tendrá que construir.



P.- El libro es fundamentalmente didáctico. ¿Lo enseñaría en la escuela para acercar a los alumnos al mundo científico?

R.- El autor siempre piensa mejor de él de lo que piensan otros, pero creo que está bien escrito. He aspirado a que sea un tipo de literatura. Habla de cuestiones que se podrían considerar filosóficas, es un ensayo de fácil comprensión, de manera que, a partir de una cierta edad, por qué no.



P.- ¿Cómo ve la ciencia en estos momentos de nueva diáspora científica española?

R.- Es una tragedia que los jóvenes científicos tengan que de manera permanente exiliarse de su país. Lo que la ministra Báñez ha llamado "movilidad exterior" yo lo llamaría "vergüenza nacional". Debemos aspirar a que los mejores trabajen en nuestro país, en parte porque hemos pagado su educación y porque la ciencia es el mejor instrumento para que un país tenga mejores medios económicos y sociales. Lo que estamos haciendo con estos recortes es abrir las puertas para que los mejores se vayan.



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