El actor Emilio Gutiérrez Caba en un momento de la representación de Poder absoluto, que hoy se estrena en el Bellas Artes de Madrid. Foto: E.C.

Estrena hoy en el Bellas Artes de Madrid la obra 'Poder absoluto', en torno a la baja catadura moral de los políticos

Tras pasar por Barcelona, Valencia, Alicante y Zaragoza, la obra Poder absoluto recala hoy en el Teatro Bellas Artes de Madrid. Emilio Gutiérrez Caba, metido aquí a político veterano, celebra que al fin llegue a la capital, porque como los acontecimientos son tan céleres de un tiempo a esta parte, mejor que se vea antes en escena que en los vecinos salones de la democracia. "Espero que tenga la acogida que merece, porque el planteamiento y el texto son muy interesantes y el montaje es sólido", promete este veterano actor. Para él, esta pieza, como otras que recientemente se han unido a la cartelera, reflejan una escena de calidad, comprometida con los tiempos y "seria", en el mejor sentido de la palabra. Esto a pesar de lo poco serios que son los recortes en el sector, un tajo que le obliga a seguir apareciendo en televisión y a escribir y escribir: "No paro, y es que no queda otra".



Pregunta.- En los últimos meses la política se ha subido a las tablas. ¿Cree que ejemplos como Subprime, Recortes y ahora Poder absoluto hablan de que hay un interés por escenificar y ver en el teatro lo que está pasando?

Respuesta.- Lo hay. Poder absoluto es, además, una obra de rabiosa actualidad. El teatro político tiene que existir y los problemas de la sociedad deben subirse al escenario. Pero este es un thriller en el que se expone la petición de un político maduro a uno joven sobre un encargo que el primero quiere hacerle. Esto sirve para abordar cuestiones como la financiación de los partidos y la clase moral de algunos hombres que pertenecen a la clase política. La actitud ética, la catadura de estos personajes, es el tema; la corrupción, en cambio, es un asunto que cuenta de lado.



P.- En esa catadura moral también puede encontrar el público parecidos evidentes, aunque esté inspirada en un político europeo.

R.- Claro, porque los políticos europeos no tienen nada que envidiar a los españoles en ese asunto ni en otros, la corrupción es una práctica generalizada. La conclusión que puede sacar el público es que la política no debe tener que ver con quien la ejerce. Tiene que ejercerse de la mejor manera posible, no con esta impunidad en la que el poder político está acabando con todo. Hay otras formas. Yo, que interpreto al político veterano, le expongo al joven que el capital privado no puede entrar en la política, y esto es algo que hoy en España se asume como normal .



P.- ¿Apocalíptico o integrado respecto al futuro próximo?

R.- No tengo demasiada confianza en que mejore a corto plazo... Asistimos al hundimiento de la izquierda en Europa y el terrible funcionamiento de los partidos tampoco es una buena señal. Todo dependerá de lo que se plantee en esta guerra económica, de ahí saldrá el avance o el retroceso social. En esta situación, la mayoría absoluta es lo peor que nos puede pasar, porque genera una impunidad. El problema tenemos que resolverlo entre todos.



P.- Ese "entre todos" es relativo, hay quien condena que la democracia no es perfecta.

R.- No pienso así, el modelo democrático no está fallando, fallan los hombres. Hace unos años deberíamos haber tenido una reforma constitucional que no se produjo y ahora cuesta que se dé una institucional. Pero deben ser los hombres los que la defiendan y no están cumpliendo.



P.- Volviendo al montaje, interpreta en él a un político sobrio, veterano, de vuelta de todo... que se enfrenta a un igual joven y ambicioso (Eduard Farelo). ¿Cómo preparó el personaje?

R.- La obra está inspirada Kurt Waldheim, que fue secretario general de la ONU entre 1972 y 1981 y presidente federal de Austria entre 1986 y 1992, un político del que se descubrió que tenía un pasado nazi. En él se ha basado Roger Peña para escribir esta pieza excelente, y celebro que sea thriller político hecho por un autor español. Me he inspirado en el cinismo de sus diálogos pero también en el de las actitudes de nuestros políticos. Cogiendo de un lado y del otro, he hecho un buen plato combinado.



P.- Con las decisiones de estos políticos respecto a la cultura, ¿mejor tele que teatro? ¿Qué le dará más trabajo?

R.- El teatro ahora está sufriendo unos tremendos tajos económicos, es brutal. Tengo dos guiones de cine presentados al Ministerio y una serie de televisión que empezará dentro de poco. Además, estoy escribiendo, para el aniversario de la I Guerra Mundial, unos recitales con una forma curiosa que se celebrarán una vez a la semana o al mes recordando el conflicto desde el punto de vista literario y cronológico. Será un recorrido literario por los grandes autores, como Dos Passos, que se dedicaron a novelar la gran guerra con una precisión pasmosa. No paro. Y es que no queda otra.

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