María Pagés. Foto: Conchitina.

Arranca en Canadá su gira internacional, que le llevará a Hong Kong, Japón, Alemania...

María Pagés se quita importancia. "¿Una embajadora del flamenco? Bueno, dejémoslo en representante". El caso es que la bailaora sevillana no para de recorrer el mundo desplegando la hondura y la estética de sus coreografías. Ahora acaba de empezar un nuevo y frenético itinerario que se prolongará hasta septiembre y la llevará a hacer escala en Canadá, Hong Kong, Alemania, Japón (en este país bailarán en Fukushima)... En abril incluso actuará en tres continentes distintos. Y, más difícil todavía (redoble de tambores), con tres espectáculos distintos en cada uno: Autorretrato, Sevilla y Utopía. "Es peor el desfase horario que cambiar de montaje con tan poco tiempo", afirma. Pero le gusta el reto: "Es un desafío que te obliga a mantenerte alerta y así no se acartonan los espectáculos".



Pregunta.- En estos meses que va a estar de gira por medio mundo representará tres de sus coreografías más representativas: Utopía, Autorretrato y Sevilla. ¿Por qué este repertorio?

Respuesta.-En cada sitio le interesan espectáculos diferentes según las circunstancias. Cada uno tiene sus preferencias. El director del Festival de Montreal vino por ejemplo al Teatro Arriaga cuando estrenamos Autorretrato. Le gustó mucho y era la querían ver en este viaje. En Hong Kong estaban muy pendientes de Utopía. Y de Japón vinieron a verla en 2011 cuando la estrenamos en el Centro Niemeyer de Avilés. Son dos países en los que nos siguen y están atentos a lo que hacemos y siempre quieren que llevemos lo último. Lo bueno es que la nuestra es una compañía estable y de repertorio. Podemos en un mes recorrer tres continentes y mostrar tres coreografías distintas.



P.- ¿Y no se vuelven locos con tanto cambio, al pasar de una coreografía a otra en tan poco tiempo?

R.- Lo peor para mí es el cambio horario tan marcado, de entre cinco, seis, ocho horas... Eso te trastorna bastante la verdad. Pero me gusta cambiar de montaje con frecuencia. Es algo que te obliga a estar alerta y concentrado, y así las coreografías no se acartonan.



P.- ¿De todas estas escalas le hace alguna especial ilusión?

R.- Canadá, por ejemplo. Hemos ido mucho a Montreal y Toronto, pero nunca a Ottawa y Quebec. Hay mucho interés allí por nuestro trabajo. Es algo que vemos en las redes sociales y todas las entrevistas que ya hay concertadas. En Montreal, cuando llegue, tengo que hacer siete. Y se nota que los periodistas están al tanto de tu trayectoria, preguntan con intención. En Hong Kong me encanta cuando me dicen: "Ya llevaba usted mucho tiempo sin venir". Y a lo mejor he estado el año pasado. Sientes que te echan de menos. Y lo de Japón va a ser muy especial, porque bailaremos en algunos centros de Fukushima e Ishinomaki. Haremos algo que para los padres y los hijos, porque estos allí desde el terremoto viven muy encerrados. Intentamos ofrecer una pequeña ayuda. La catástrofe ocurrió un mes después de que nosotros nos fuéramos de allí tras una gira y nos afectó mucho cuando nos enteramos. Teníamos ganas de volver allí a darles algo especial.



P.- Y usted que ya los conoce bien ¿por qué cree que a los japoneses le llama tanto el flamenco?

R.- Yo creo que les impresiona una expresión tan pasional y tan humana como es el flamenco porque es diametralmente opuesto a su cultura, tan contenida. Los japoneses son gente que se implica hasta el fondo. Si te consideran digna, estarán contigo hasta el final. Son muy fieles, nunca te abandonan.



P.- ¿Estas giras internacionales le hacen sentirse una embajadora del flamenco?

R.- El flamenco es mi nacionalidad, la mejor manera en que yo me puedo expresar. ¿Embajadora? Bueno, dejémoslo en representante.



P.- ¿Cómo definiría la evolución que hay entre estos tres montajes, que abarcan varios años de su carrera?

R.- Autorretrato es la coreografía con la que me afiancé como creadora, tanto como coreógrafa como directora. Establecí un camino muy claro que luego he seguido con Dunas y Utopía. La idea es el flamenco como creación global, en torno a la que se aglutinan diferentes disciplinas que lo rodean.



P.- ¿Y cuál es esa utopía de María Pagés?

R.- La fe en que el ser humano haga de este mundo un lugar más amable en el que vivir. Creo en su espíritu para conseguirlo. Pero no me basta con creer, también hay que hacer, no permanecer pasivo.



P.- No permanecer pasivo contra la subida del IVA, por ejemplo, ¿no?

R.- Esa subida hay que rectificarla. Está haciendo mucho daño. Tenemos que seguir empujando y presionando para que el Gobierno recapacite y dé marcha atrás, como ha sucedido en otros países.



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