Manuel Martín Cuenca, Iván Martín, Rafael Chirbes
Cuando desde El Cultural de El Mundo me pidieron que escribiese sobre algún lugar visitado que haya tenido para mí un sentido particular o del que guardase un recuerdo especial, me vino a la cabeza otro teatro, este griego, el de Delfos, situado también en el Peloponeso, en la ladera del Monte Parnaso, cerca del golfo de Corinto.
Viajar a Grecia, para un español, es como visitar nuestra propia casa, hoy, la suya y la nuestra, con tantos problemas, provocados por unos pocos y padecidos por tantos. Siempre que he tenido ocasión de ir me he sentido como entre hermanos por la cordialidad y la hospitalidad de sus gentes y siempre he descubierto sitios maravillosos. Y entre ellos los inolvidables restos de la ciudad de Delfos cuya visita recomiendo a quien tenga ocasión de acercarse allí.
El paisaje que rodea las ruinas es inolvidable. Los restos de la ciudad están enclavados entre montañas, antes casi inaccesibles, los Picos Fedríades que como brillantes reflejan en rojo la luz del sol. Desde allí, se abre un impresionante barranco que se convierte en valle en la lejanía hasta llegar al mar, perfectamente visible desde las gradas del teatro. ¡Maravilloso teatro perfectamente conservado!
Del templo, el santuario de Apolo, donde en la época clásica, los griegos consultaban sus inquietudes al oráculo, sólo quedan unas enormes columnas que se levantan hacia el cielo como si fueran árboles gigantes en aquel paisaje de montañas y rocas.
Y para completar la visita el museo arqueológico, en el que, además de un Praxíteles y un valioso Apolo, de comienzos de la época clásica, está el famoso Auriga, una de las pocas escultura en bronce que nos quedan de la época arcaica, cuyos ojos, de piedras coloreadas, fijan su mirada secular desde hace casi dos mil quinientos años.
Esta es mi recomendación a un lugar, declarado Patrimonio de la Humanidad que estoy seguro nunca olvidará quien lo visite.
Carlos Álvarez-Nóvoa (La Felguera, 1940) es actor y director teatral. En el año 2000 recibió el Goya al mejor actor revelación por Solas, de Benito Zambrano. Hasta el 29 de julio se le puede ver en el Festival de Mérida, en la producción de Electra, el clásico de Eurípides, que dirige José Carlos Plaza.
