Desde que empezó en 1994 sigo y me interesa la música del productor y artista musical conocido como Beck. Pero creo que parte de la década pasada no fue brillante y entregó varios discos donde parecía atascado en su propia maniera, en su bagaje musical y trucos de producción. Tras varios discos en general deslumbrantes, quizá no se puede decir que Güero (2005) y The Information (2006) sean malos, ni siquiera flojos, pero sí un poco más de lo mismo. De momento (uno nunca sabe) no he reconocido su brillo, si es que lo tienen. Me parecieron discos algo vacíos, sin sustancia. Y el último, Modern Guilt (2008), aunque el cambio de registro sube sin duda el nivel, me pilló ya sin atención hacia la carrera del hijo de la warholiana actriz Bibbe Hansen y del músico canadiense David Campbell y nieto del artista Fluxus Al Hansen.
Me parece que muchos seguidores del ex niño prodigio tienen la misma sensación de que éste había estado deslizándose hacia el aburrimiento creativo en esos años. Como escribió el crítico Ryan Dombal en la web Pitchfork, "el 10 de octubre de 2008, yo estaba preparado para renunciar a Beck. Aquella noche, el cantante parecía tan penoso, aburrido o confuso como para hacer de su concierto en el Manhattan's United Palace Theater algo más que una porquería deprimente". El genio se había evaporado.
Pero en 2009 resucitó la esperanza, gracias a una maniobra drástica de apertura de su mundo hacia el espacio exterior y a los otros músicos. En estos años la firma Beck ha servido a otras causas como la producción de discos de Charlotte Gainsbourg, Thurston Moore, Jamie Lidell o Stephen Malkmus, y una renovada, creciente y fascinante web con contenidos en abierto como sesiones de DJ creadas por el autor de Mutations y Odelay, charlas informales con gente como Tom Waits o Caetano Veloso y lo que hoy trae estas líneas hasta aquí: el Record Club.
El Club de Grabación de Hansen es uno de los experimentos musicales que más me han llamado la atención en el último par de años. La cosa desarrolla una idea tan sencilla como brillante y, que yo sepa, jamás antes puesta en marcha: grabar una nueva versión de brillantes discos completos de los antepasados en una sola sesión, sin apenas preparación ni ensayos y en plan colectivo, con la colaboración de amigos músicos de sobrada solvencia creativa. O sea, establecer un fluido de comunicación de la música pop actual con ciertas raíces sin pretensiones de competencia con el original en un juego con el placer de redescubrir el hacerse de la música como premisa. Algo así como una "jam de grabación" en torno a unos estándares.
Entre junio de 2009 y julio de 2010 el Record Club ha vuelto a grabar de ese modo informal y auténtico tres discos de finales de los sesenta: The Velvet Underground & Nico y Songs of Leonard Cohen, ambos de 1967, y Oar (1969), único álbum del ex componente de Jefferson Airplane o Moby Grape, Alexander "Skip" Spence. Tras esos clásicos básicos dos sorpresas: el Kick de INXS (1987) y el del por aquí desconocido músico de instrumentales new-age Yanni, Live at the Acropolis (1994), al parecer todo un éxito en Grecia y EEUU.
A su aire, Beck comienza su travesía con el disco del plátano junto a algunos de sus músicos habituales y algún invitado como Nigel Godrich, para ir abriendo el círculo en cada nueva entrega hasta encontrar cómplices en personajes de la talla de MGMT, Devendra Banhart, Wilco (incluido el vástago de Jeff Tweedy), Feist, Jamie Lidell, músicos de sesión legendarios como el batería James Gadson (Diana Ross, Marvin Gaye o The Jackson Five), Sergio Dias de Os Mutantes, Tortoise, Brian LeBarton, Thurston Moore, Annie Clarke (St. Vincent), Angus Andrews de Liars, Binki Shapiro de Little Joy y Andrew Stockdale de Wolfmother. Casi nada.
Los resultados son desiguales pero alcanzan un nivel notable con momentos sobresalientes. Sobre todo entre las entregas segunda (Cohen) y cuarta (INXS), donde alcanza cotas de maravilla en su recuperación de un disco poco valorado por las huestes alternativas como Kick.
Record Club: Velvet Underground & Nico "Heroin" from Beck Hansen on Vimeo.
Record Club: Songs Of Leonard Cohen "Suzanne" from Beck Hansen on Vimeo.
Evidentemente un "Club de grabación" es en primer lugar un homenaje a la grabación como sistema y estado de la creación pop, más allá del directo, común a las demás formas musicales. Además la propuesta de Hansen vincula tal registro sonoro a los métodos que dieron lugar a los estándares, los discos en los años 50 y 60. Dice: "Estuve practicando durante años, tratando de imaginarme cómo hacer para grabar a una banda entera en vivo (...) después de escuchar esas historias de cómo The Beatles grabaron su primer disco en un día, te quedas pensando (...). Con las técnicas de grabación modernas, el proceso de grabación se alarga y puede ser muy calculado. Hay un montón de posibilidades que te pueden distraer del hecho de estar tocando la canción y experimentar cualquier emoción que la canción sugiera. Básicamente, lo que estoy diciendo es que puede ser interesante si intentamos hacerlo de la vieja forma". Así que aquí hay un replanteamiento del registro sonoro con producción musical y gusto por lo detalles aunque con procedimientos pre-digitales: discos concebidos y grabados en una sola sesión, con casi todos los instrumentistas grabando a la vez, sin apenas retoques de post-producción.
Por otro lado, se medita sobre el concepto de cover. Varios de los discos elegidos son de culto indie pero no son discos indies en absoluto. The Velvet Underground & Nico, Songs of Leonard Cohen u Oar son joyas reverenciadas, ancestros que residen en los cultos. Pero ¿qué decir de INXS y del mucho menos conocido intérprete de contemporánea-new age, el griego afincado en EEUU Yanni? Al parecer Beck tenía en mente empezar con Sex Packets de Digital Underground, y barajó como candidato al segundo R.C. un álbum de Ace of Base. Al margen de lo sugestivo que podría haber sido un Record Club de ambos trabajos, sin duda ha acertado con las elecciones de discos, sobre todo con las dos primeras: dos discos redondos, de los más valorados de la Historia.
Explica él: "Estoy fijándome en discos que (...) impliquen un desafío". Esto cuadra con lo que escuchamos: frente a una recuperación retro de la tradición, Beck y sus compinches procuran insuflar nueva vida o a veces jugar a la música-ficción llevando la canción original a un estilo que su autor no habría transitado jamás. "No hay intenciones de equiparar la intensidad ni la calidad de las originales", explica su web. El Beck R.C. es en parte un homenaje a la música sin fronteras pero por encima de todo se trata de un alegato a la actualización de los estándares. Su misión avanza con más éxito cuanto más se suelta de la emulación reverente y se acerca a la deconstrucción y reconstrucción de las canciones de la memoria, del sueño. Tras las obras, la imagen final es la del edificio de un gigantesco crossover que puede servir como libro de estilo, casi como una Biblia de cómo afrontar el tributo y la recuperación, cómo recoger el espíritu y la esencia de la grabación original, universal, y llevarla al terreno particular. En la música hay mucho de esas portadas del RC que se han creado para la ocasión: apenas un calco en lápiz de la portada del álbum original hecho por cualquiera.
Tampoco se puede perder de vista el puñetazo mazingeriano sobre la mesa de la vieja industria. Por el R.C. pasa parte del nuevo alter-estrellato del pop. Colaboran con una idea, es de suponer que sin dólares a cambio. Se les ve enamorados, alucinando, pasándolo en grande simplemente tocando, experimentando. Es la verdadera música creativa frente al viejo estrellato de ayer y de hoy. No es posible imaginar a ídolos de los 80, a personajes como Madonna y esas estrellonas que son sus seguidoras actuales, poniendo en marcha iniciativas como esta vuelta al juego musical, al divertimento con las posibilidades sonoras y musicales.
Íntimamente relacionado con ello está el gigantesco acierto de registrar las sesiones mediante vídeos tirando a caseros y sin demasiadas pretensiones que van de la imagen distorsionada de efectos video- artísticos (los primeros) al mero documental (en los últimos). El Club de Grabación es más: es también un club de registro de la acción de grabar sin trampa ni cartón. Para cualquier músico o aficionado resulta fascinante comprobar y a veces adivinar con la vista cómo se ha creado el sonido que se está escuchando. Pero más allá de lo que disfrutamos y aprendemos viendo a esos músicos cocinando su sonido, está el hecho de que esta serie haya sido pensada para la red 2.0, para el libre acceso y uso (compatible con que esté a la venta en formato digital).
Record Club contiene momentos musicales mágicos (yo me quedo con mucho de lo hecho con Oar y con Kick) pero su principal promesa de futuro está en su amor por la música frente al negocio de la música y su reivindicación de cierta obsolescencia, de cierto lujo entendido como riqueza derrochada colectivamente, como hoguera de vanidades.
Record Club: INXS "Calling All Nations" from Beck Hansen on Vimeo.