Félix de Azúa. Foto: Domènec Umbert.

Acaba de ganar el Premio González-Ruano de Periodismo por su artículo 'Contra Jeremías

En su artículo de fondo Contra Jeremías, publicado en El País el 14 de agosto de 2011 y que le ha valido el Premio González-Ruano de Periodismo de la Fundación Mapfre, recomendaba a los españoles que afrontáramos con resignación y presencia de ánimo el apocalipsis económico que se nos venía encima (ya lo tenemos aquí, asfixiándonos). En su opinión, España, país fronterizo (14 kilómetros nos separan de Marruecos) con África, había vivido una abundancia que no resultaba acorde con su idiosincrasia histórica y geográfica. Los 90 fueron pirotecnia efímera. La crisis, en gran medida, nos ha devuelto a lo que somos. Y por eso no deberíamos llorar tanto. Y por eso deberíamos intentar ser más felices, aunque la prima de riesgo se nos atragante en el desayuno nuestro de cada día.



Pregunta.- ¿Aconseja a los españoles que se acostumbren a la pobreza porque es el estado en el que van a vivir una buena temporada?

Respuesta.- Sin duda, pero tampoco hay que exagerar. Yo viví la crisis anterior, cuando en las autopistas italianas pagabas con liras y te devolvían el cambio en caramelos y tampoco estaba tan mal. Es imprescindible aguzar la imaginación y adaptarse como buenos mamíferos que somos.



P.- ¿Cómo llama usted a la operación que unos denominan 'rescate' y otros 'préstamo'? ¿Cómo la llama y cómo la valora?

R.- Como soy muy lego en la materia a mí me parece un préstamo porque hay que devolverlo, aunque a veces es cierto que los préstamos te rescatan de cosas como la miseria. Lo valoro exactamente en cien mil millones de euros, que es como decir "el arzobispo constantinopolitano".



P.- Invocar a los mercados, así, de forma genérica, le parece una excusa barata, ¿no?

R.- Más bien carísima, pero excusa, sí. Se acusa a los mercados como si estos fueran una encarnación de la Providencia, lo cual, por cierto, es lo que son.



P.- ¿Quién le provoca más hartazgo, los que recurren constantemente a estas excusas o los que no paran de llorar y llorar, los victimistas?

R.- Sin la menor duda los victimistas. He vivido muchos años en un lugar donde la cultura de la queja es la doctrina oficial del poder y cada vez se parece más a un patio de colegio en fin de semana con niños castigados como único entretenimiento.



P.- Ni mercado ni economía, destino o azar, que unas veces viene de cara y otras dando mandobles con una cruz. Parece decir en su artículo que lo que sucede escapa al control humano. ¿Es así?

R.- Exacto, lo ha entendido muy bien. Somos cada día más reacios a aceptar que el 80% de nuestras vidas es el resultado del puro azar y el otro 20% casualidades no siempre bien aprovechadas. Y que la rueda de la fortuna da un giro completo en cada vida.



P.- ¿Esta crisis nos devuelve a lo que somos, un país fronterizo con África?

R.- Nunca hemos dejado de serlo, pero hubo unos años, allá por los noventa, en que parecía que podíamos estudiar para europeos. Ahora ya se ve que no. De todos modos, más que africanos yo nos veo muy latinoamericanos.



P.- "Turbas de creyentes que se reúnen en plazas y foros para celebrar juntos su inutilidad y arrojar el resentimiento contra los policías, sus hermanos". ¿Es eso el 15-M? ¿Nada más?

R.- No sólo el 15-M. Ese tipo de reuniones son frecuentes en España porque lo gregario nos va mucho. Como en los funerales árabes, no hay quien vea al muerto sepultado bajo la masa de plañideros.



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