El director Carlos Cañeque. Foto: Archivo

Estrena este viernes el documental 'Queridísimos intelectuales (del placer y el dolor)'

Verdadero hombre del Renacimiento, Carlos Cañeque ha hecho de todo en la vida. Es profesor en la Facultad de Ciencias Políticas de la UAB, ganó el premio Nadal con su primera novela, Quién, en 1997 y ha escrito numerosos ensayos sobre autores como Borges o Berlanga. Ahora, el conspicuo pensador y ocasional artista salta a la dirección con Querídisimos intelectuales, un documental en el que participan figuras como Fernando Savater, Elena Ochoa, Carlos Moya, Santiago Carrillo o Nuria Amat para reflexionar no sobre la crisis sino sobre cuestiones tan eternas y contemporáneas como el amor, la pasión y los celos. Vale la pena acercarse a un filme que ofrece pautas y reflexiones de calado sobre asuntos que nos afectan a todos. Sin duda, escuchar a grandes pensadores siempre es un placer.



Pregunta.- Director de cine es quizá la única cosa que le faltaba por hacer...

Respuesta.- ¡Y ahora estoy haciendo de actor! Estoy rodando la segunda parte de la película y hay un trozo muy importante en el que salgo yo actuando porque es ficción. Es un proyecto que surgió de una forma muy espontánea, la mayoría de los que participan son amigos míos desde hace muchos años. Es una pena que la voz de los intelectuales a veces se escuche tan poco. Todos aprendemos escuchándolos. Estoy seguro de que si la gente le da una oportunidad va a pasar un rato muy gratificante.



P.- Da la impresión de que hablan personas de una determinada generación que vivieron el mayo del 68 y la liberación sexual con distancia, reflexionando sobre el impacto que tuvo aquello.

R.- Esto es sobre todo Carlos Moya, mucha gente me está diciendo que es el protagonista de la película y estoy de acuerdo. El es un histrión absoluto, un gran seductor y se come la pantalla. Moya recuerda esa Formentera mítica de la libertad y del jolgorio, aporta esa mirada sobre esos años 60. Me apetecía que se hablara de pasión, de sexo, de sentimientos, se habla poco de eso y lo necesitamos. Al final hay un cambio y se habla de la muerte pero es un documental muy lúdico, con un punto sensual que quería que tuviera. Oír a Santiago Carrillo hablando de sexo, explicando cosas como que durante la guerra las mujeres pensaban menos en su virginidad es apasionante.



P.- Sorprende que haya muchos más hombres que mujeres.

R.- Creo que las mujeres quizá tienen más dificultades para hablar de temas íntimos, eso ha sido al menos mi experiencia. Llamé a varias mujeres ilustres y todas me fueron rechazando. Elena Ochoa me dijo que sí con la condición de que no hablaría de sexo, que eso fue una etapa muy concreta en su vida y que estaba superada.



P.- Vemos a un Savater risueño y a un Javier Tomeo con cara de malas pulgas.

R.- Tomeo tiene ese momento en el que dice que se le está haciendo muy largo y que ya basta de preguntas. O cuando dice que él solo se ha reído dos veces en su vida. Lo conozco desde hace muchos años y exagera pero es verdad que es serio. Savater tiene cosas magníficas, como cuando dice que la envidia es una forma de optimismo porque asumimos que la vida del otro es estupenda. Toda la película está plagada de reflexiones muy interesantes que acaban calando.



P.- La música, una especie de jazz experimental, o el arte de los fondos marcan una diferencia.

R.- La música la he hecho yo mismo. Me interesaba darle un tono distinto y vanguardista, para que no fuera una colección de entrevistas. Las pinturas son de Maite Grau, con rojo y negro, que son dos colores que expresan muy bien esa dicotomía entre Eros y Tanatos de la que habla el filme.

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