Mateo Maté

Hoy inaugura su 'Universo personal' en el Monasterio de Santo Domingo de Silos

En una de las bodegas del claustro románico del Monasterio de Santo Domingo de Silos, en Burgos, ha montado Mateo Maté (Madrid, 1964) su última instalación. Universo personal es una obra realizada ex profeso para este espacio, continuación de trabajos anteriores como Viajo para conocer mi geografía (Matadero Madrid, 2010) que en su día atrajo a Lynne Cooke y que llevó a la subdirectora del Museo Reina Sofía y comisaria de esta exposición a querer saber más de este artista que a través de lo doméstico llega a lo social y universal; que ha hecho de su cama un paisaje helado y solitario y que ha convertido sus enseres cotidianos en el skyline de Madrid. Ahora propone una aventura espacial y espiritual al mismo tiempo, que transita por dos mundos aparentemente tan distantes como la ciencia ficción y el universo de los monjes, el misticismo de sus costumbres y la sencillez de sus objetos personales. "Quería involucrar a los habitantes de la abadía, que me prestasen sus cosas, sus pocas cosas, y lo he conseguido. Incluso el prior ha escrito un breve pero precioso texto para el folleto de mano", dice Maté.



Pregunta.- ¿En qué consiste este proyecto?

Respuesta.- Técnicamente es un trabajo sencillo, el entorno lo pedía. El espectador se encuentra los objetos de los monjes, sus gafas, sus libros, como flotando y una cámara se desplaza entre ellos documentando esta especie de viaje espacial. Es un aparato de baja definición, la imagen no acaba de estar bien definida para que el visitante pueda imaginar lo que falta. La magia reside en cómo están colocadas las cosas para que recuerden iconos e imágenes que ya tenemos aprendidas, como las de las películas de ciencia ficción. Es una pieza que tiene mucho que ver conmigo y con el reto que me propuse hace diez años, una especie de reacción ante lo desmedido de las exposiciones y los medios que utilizaban. Tanto para, a veces, lograr tan poco. Me planteé trabajar sin salir de mi estudio, de mi casa, casi como una declaración de principios.



P.- Esas acciones desmedidas de las que habla, imagino que se están reduciendo mucho ahora que no hay de dónde sacar dinero.

R.- Todo se está reestructurando. Los artistas tendremos que volver al lapicero. Habrá un reajuste y los artistas se van a expresar y desarrollar su arte con menos medios. El sector artístico estaba sobredimensionado, se había convertido en un producto más de la sociedad de consumo. Pero yo soy tan optimista como siempre, esta es una crisis económica pero no creativa. En realidad, la creatividad estaba atrapada bajo una losa de centros, de medios, de comisarios y ahora resurgirá por encima de todo esto.



P.- Volviendo a Silos, ¿cómo ha concebido su trabajo para el Monasterio?

R.- He querido involucrar a los monjes y así desarrollar una obra tanto suya como mía, mezclar mi trabajo y su vida. Ellos viven entre cuatro paredes toda su vida y consiguen conocer el mundo y a ellos mismos. Y precisamente ellos nos recuerdan que hay que volver a la cautela, a la contención. En la abadía no hay crisis, ellos no necesitan más de lo que tienen y es evidente que no han caído en el sobredimensionamiento de la sociedad.



P.- Es un trabajo muy distinto al que vimos, por ejemplo, en ARCO, en el stand de la galería Marta Cervera, lejos de lo doméstico del ámbito de lo cotidiano que muestra en sus obras o del control en las sociedades del presente abordando el tema con sus elementos icónicos, banderas, mapas, valores patrióticos... ¿Cuál es la unión con su trabajo anterior?

R.- Esta obra pertenece a la serie en la que realizo viajes por espacios y elementos cotidianos y cercanos. Viajes de exploración que tienen como fin la cartografía y el conocimiento; trabajos sobre el territorio previos a una conquista, a una ocupación; mapas que tienen el fin de captar y conquistar para uno este territorio. Es mi manera de ver y de aprender este pequeño espacio que han compartido conmigo. Pero aquí la conquista es conceptual no militar.



P.- En el texto de la exposición se apropia de los versos de García Martín: "[...] sin salir al mundo, uno no puede conocer su casa", que también podrían ilustrar la situación del arte español en el extranjero, no salimos, por lo que no nos conocemos. Usted ha tenido exposiciones en Israel, en México, en Viena, pero no es tan fácil exponer fuera, ¿por qué?

R.- Nosotros nos movemos fuera pero tenemos un problema interno. A pesar de los muchos medios y centros creados en los últimos años, no ha habido validación de artistas españoles en nuestro propio país. No hay muchas exposiciones de españoles, no hay centros de producción, la mayoría de los coleccionistas españoles no compraban arte español... ¿Si no estamos orgullosos de nuestra propia gente cómo van a valorarnos fuera? Las distintas sociedades estatales han hecho esfuerzos deslavazados y han sacado algunos nombres pero tenemos un complejo que no nos conseguimos quitar.



P.- Ha estado mucho tiempo sin galería, aunque recientemente ha empezado a trabajar con Marta Cervera. ¿Un artista puede vivir sin este "abrigo"?

R.- He estado sin galería en España, pero seguía trabajando con Grita Insam (Viena), que el mes pasado cerró su galería por problemas de salud. No sé si las galerías son un abrigo, supongo que en algunos casos sí. Es indiscutible que cumplen una labor comercial y de difusión, que tal y como está planteado el sistema, los artistas necesitan para poder seguir creando. Pero mi trabajo no es muy comercial y hay galerías que te piden un solo tipo de obra, la que funciona comercialmente. Mi camino no va por ahí. Marta respeta mi trabajo.