Puede que suene a tópico de articulo de 31 de diciembre, pero casi todo el mundo está de acuerdo en que 2011 no ha sido un año cualquiera. Desde muchos meses antes de que concluyese, los que hemos pasado por el trance de (sobre)vivirlo lo hemos reconocido como un año determinante, uno de esos cuyas cifras se utilizan para situar fronteras, para marcar transiciones de fase en el continuo de la historia. Este es el calibre de su crisis, la magnitud de sus temblores.



Desde que arrancó el pasado septiembre, este blog se ha dedicado a identificar y a divulgar posibles agentes de cambio; ideas, dispositivos y tendencias susceptibles de modificar la trayectoria de los hechos, muy especialmente en ese lugar en que las prácticas creativas y la investigación tecnológica se cruzan con el espacio social. Para cerrar el ejercicio es tentador acabar con alguna clase de resumen, o de recapitulación. Pero en vez de una lista de innovaciones o de novedades, quizás tiene más sentido acabar con una galería de símbolos.



Ninguno de estos iconos nació a lo largo del 2011, y en realidad alguno de ellos se popularizó antes de que comenzase este año. Pero todos se han convertido en emblemas, en marcas de procesos que han arrancado y que nos sitúan en otro lugar todavía incierto. Estamos en ese lapso en que los reconocemos como propios de nuestro tiempo, sin estar aún demasiado convencidos de qué significan.



Anonymous

Cuando la revista Time escogió hace unas semanas a la figura del "manifestante" como personaje del año 2011, eligió a una activista californiana de 25 años, Sarah Mason, para encarnar a esta categoría genérica. La necesidad de poner una cara a un movimiento global que operó sin líderes reconocibles es tan discutible como innecesaria, especialmente cuando el rostro más reconocible en cualquier manifestación en 2011 en todo el globo fue la de un personaje histórico transformado a través de un cómic en personaje de película, y que por la extraña vía del merchandising se transformó en un icono reconocible en todo el mundo.



Anonymous es el primer grupo activista de la era P2P, una idea que se replica y transmite más que una organización. Nacida en algún momento de 2003 en los foros de la irreverente e inclasificable comunidad online 4Chan, el primer blanco de sus ataques fue la iglesia de la cienciología en 2008. A partir de aquí, cualquiera que compartiera un conjunto de amplios valores (proteger la libertar de la Red, los derechos civiles individuales y denunciar el abuso de los poderosos) podía canalizar su causa a través de Anonymous. El "meme", la idea autoreplicante que se extiende de cerebro a cerebro amplificado a través de la Red, se convierte en una arma política y salta de la red a las calles de todo el mundo. De manera improbable, por cada máscara de Guy Fawkes que se vende, un estudio de Hollywood recoge royalties. Al menos el creador del cómic, Alan Moore, ofreció a final del año a los manifestantes su bendición .



El Data Center

En la que acabaría siendo su última aparición pública como presidente de Apple, Steve Jobs presenta el 6 de Junio de 2011 el sistema iCloud que permite a los usuarios de sus dispositivos despreocuparse de realizar copias de seguridad sus imágenes, contactos y documentos. Automáticamente, el ordenador, tableta o teléfono sube a "la nube" sus archivos, donde permanecen seguros y accesibles. Algo notable de aquella presentación fue que quizás por primera vez un líder de la industria informática no intenta preservar la ilusión de "la nube", ese lugar mítico a donde van a parar nuestros documentos, como algo etéreo e intangible. La nube es tan pesada y visible como el enorme Data Center que Apple ha instalado en Maiden, Carolina del Norte, presentado por Jobs aquel día de primavera con orgullo. En Maiden, Carolina del Norte, están preservadas nuestras fotos familiares, los correos que intercambiamos con padres o hijos, los números de teléfono de nuestros mejores amigos.



La industria del almacenamiento de datos ha crecido exponencialmente en la última década, en directa proporción con nuestra progresiva tendencia a codificar nuestra vida a través de herramientas que nos permiten registrar qué estamos pensando, a dónde hemos ido, con quién hemos almorzado y en qué restaurante. Para esto y para muchas otras cosas (almacenar las canciones que escuchamos en Spotify, los libros digitales que descargamos en un Kindle, los mapas que consultamos desde el móvil) estamos implantando progresivamente una infraestructura titánica en la que nos estamos almacenando a nosotros mismos.



Max Screms, un estudiante austriaco de derecho de 24 años, libró una batalla legal por el acceso a sus datos almacenados en Facebook, con el fin de poder responder a una pregunta que más de uno nos hemos hecho: ¿Cuánto sabe La Red Social sobre nosotros? Tras un largo proceso canalizado a través de la Agencia de Protección de Datos Irlandesa (base de la sede social en Europa de la empresa de Mark Zuckenberg), Facebook tuvo que cumplir con su petición, y le entregó un CD con un archivo PDF de mil doscientas veintidós páginas; todo lo que la Red Social sabe sobre Max Screms. En todo el mundo hay 800 millones de usuarios de Facebook.



El "Hashtag"

Cuando tras la manifestación del 15 de mayo en Madrid numerosas personas comenzaron a concentrarse en la Puerta del Sol en apoyo a los que pasaron allí aquella noche, no se agolparon detrás de ninguna pancarta con un lema previamente consensuado. La multiplicidad de voces traía consigo una lluvia de ideas, y de manera natural las más populares se iban destilando y sumando apoyos tras de ellas. Quizás la primera de todas ya se reconocía a si misma como un objeto digital, concebido para reproducirse en la red: #spanishrevolution. A esta le siguieron muchas otras, aprovechando una característica central del algoritmo de Twitter que determina los codiciados "trending topics"; se premia la novedad y la irrupción desde cero, no la cantidad total de mensajes.



En 2011 se convirtió en cliché periodístico que obtener un "trending topic" -la lista más comentados en Twitter- era una noticia de interés . Esta lista está compuesta por "hashtags", esas palabras antecedidas de un símbolo de almohadilla que identifica a los temas de interés común para la comunidad. El Hashtag no formaba parte del diseño original de Twitter; fue, como otras innovaciones, creado colectivamente por sus usuarios. Hoy se ha convertido en el instrumento por excelencia para tomar el pulso a lo que dice la Red. Por eso tantos sospechan de las razones que hay detrás de sus auges y declives.



El eBook

Si hay una línea que marca el punto de no retorno a partir del cual las cosas ya no serán igual, la industria editorial la cruzó en 2011. En diciembre, Amazon anunció ventas de un millón de lectores electrónicos Kindle por semana. El año en que el gigante de la venta de libros por Internet desembarcó en España, la compañía introdujo hasta tres modelos nuevos de eBook, mientras Apple vende tantas tabletas iPad como es capaz de fabricar. Aunque demasiados autores y editores sigan mirando para otro lado, después de una década de anticipación y de profecías, el presente del libro es ya tan digital como de papel.



Las implicaciones de este hecho son numerosas. Por un lado, ahora que la industria del libro comparte los mismos problemas que tuvieron antes la de la música y la del cine, haría bien en fijarse con mucha atención para no repetir sus errores e intentar aprender de las experiencias previas (Pista: las pataletas no parecen la mejor de las estrategias). Sobre todo porque si no está atenta, puede encontrarse condenada a la irrelevancia. Amazon, que controla la plataforma de lectura, el canal de distribución y tiene acceso directo a los lectores, ya ha empezado a representar directamente los intereses de algunos escritores, sin más intermediario. Y la autopublicación digital a través de Kindle parece cada vez una opción más atractiva.