A veces se nos olvida que la vida es una sofisticada combinación de tragedia y comedia, que el ser humano es un prodigio de contradicciones y que el día a día que nos toca vivir ayuda más bien poco.
Los cuatro relatos que propone Adrian Tomine en Rubia de Verano despliegan un romanticismo bizarro y aturdidor que sólo sirven para confirmarnos la fragilidad de la convivencia, la presencia ubicua de la soledad y la mezquindad de nuestra especie. Y todo impregnado de una fuerte carga sexual a la que los personajes de cada cuento parecen estar acostumbrados.
Al final del cómic se ratifica algo que ya sabemos: nuestro mayor problema somos nosotros mismos. Casi todas las frustraciones surgen de no conocernos y de una preocupante falta de iniciativa para tomar decisiones importantes. Con un enfoque tipo "slices of life" y un planteamiento argumental que recuerda a películas como American Beauty por citar alguna, esta novela gráfica vuela en las manos. Quizá sea por la inteligente utilización de los finales abiertos, que dejan al lector “colgado de la trama”, haciéndose preguntas y pidiendo un par páginas más. Una propuesta atractiva que confirma la versatilidad del Noveno Arte.