1.- Las Cifras cantan. Beginners, de Mike Mills, se está convirtiendo en el éxito sorpresa de la temporada. Con más de dos mil euros ganados por copia y acercándose a los 300.000 euros de recaudación, la película lleva camino de hacer más dinero en España que en Estados Unidos. El boca oreja está funcionando de maravilla con esta bella película. Mills ya demostró con su anterior título, Thumbsucker, exquisita sensibilidad para penetrar en las emociones humanas. Con Beginners se supera a sí mismo. La historia cuenta el trauma de un cuarentón (Ewan McGregor, más guapo que nunca) que ha crecido con unos padres que jamás se han querido. La muerte de la madre desvela finalmente el por qué: el padre siempre ha sido homosexual y esa falta de química que el chico padeció tiene motivos prosaicos.
El filme se estructura en dos ejes: por una parte, su infancia, marcada por esa falta de afecto conyugal y posteriormente su relación con ese padre anciano que, de repente, acude a las manifestaciones del orgullo gay y tiene un novio. Por la otra, su romance con una actriz francesa. Un romance ante el que el protagonista sólo tiene perspectivas fúnebres. Ha crecido marcado por un matrimonio sin amor y es incapaz de concebir que éste exista. Beginners habla de cosas importantes con un tono delicado y sutil, sin alharacas ni aspavientos. Habla de la dificultad para amar cuando no nos han enseñado. Habla de personas que están solas porque sienten que nunca van a ser queridos, porque no entienden que también merecen ser atendidos y cuidados. Habla sobre la dificultad a ser distintos a nuestros padres, de superar lo que nos han incubado desde la cuna. Es un filme sobre buenas personas, como lo es la mayoría de la gente, con el corazón cerrado y derruido. Toca fibras sensibles y en una era dominada por la precariedad y el individualismo es perfectamente comprensible que esté fascinando a la parroquia cinéfila. Vayan a verla. No es perfecta, pero es muy hermosa.
2.- Rescates. Como no viví en España un tiempo, me perdí varios títulos "importantes" que estoy rescatando. Ahí va una valoración al vuelo.
Primos: Daniel Sánchez Arévalo es quizá el artista "joven" con más talento de España. Me encantó Azuloscurocasinegro y no tanto la notable Gordos, una película difícil de ver que sin embargo permanece en la memoria del espectador. Primos es una apuesta por la comedia pura y dura. Es una película sobre la amistad y la necesidad de sentirnos acompañados. Hay cosas que podrían funcionar mejor (Adrián Lastra de vez en cuando sobreactúa y la parte central está menos lograda que el arranque y el desenlace) pero las risas funcionan, la empatía también. Terminas conmovido y queriendo a esos tres "primos" desorientados y patosos, te ríes y te emocionas al final. Partiendo de una base muy simple (un chico, dos chicas, sus amigos de toda la vida) el filme ofrece una mirada nostálgica sobre esos veranos de la infancia y trata de recuperar ese espíritu de camaradería y afecto que sentimos de niños con nuestros seres queridos. Muy bien por Quim Gutiérrez, que aporta una vis cómica deliciosa. Y por Raúl Arévalo, quizá el actor más inspirado de su generación, que da una vuelta de tuerca al chulo putas para mostrarnos su verdadera humanidad, la de todos. Y también por Lastra, que cuando domina sus tics se sale: qué fantástica es la escena en el parque de atracciones. Qué estupenda película es Primos.
Biutiful: Me hacen mucha gracia ésos críticos de vidas más o menos acomodados que suelen detestar todas las películas sobre pobres. No sé muy bien por qué piensan que son los guardianes de las esencias de los desgraciados de este mundo. Se le ha reprochado ser excesiva y lo es aunque es curioso que la vida pueda serlo, en realidad, mucho más. Porque Biutiful no cuenta nada que no sea verdad y lo hace con pulso, con tensión, con belleza. Javier Bardem está literalmente inmenso en está fábula sobre la paternidad y el peso de las consecuencias de nuestros actos. Penetra en los bajo fondos de Barcelona para retratar la sordidez pero también la dignidad de los seres humanos. Biutiful nos cuenta algo que no queremos saber porque atenta contra nuestra decencia, que existe gente malvada, gente sin alma. Sus poderosas imágenes nos conducen a esa realidad de delito y miseria que intuimos pero afortunadamente no vemos. Es un viaje a los infiernos pero también a lo más noble que habita en algunas personas. Y el que piense que es exagerada es que vive en la parra.