Se ha dicho muchas veces que en España hay muchos más buenos actores que películas disponibles. Es cierto. Es habitual ver películas nacionales en las que los intérpretes realizan trabajos extraordinarios tratando de dar consistencia y entidad a unos personajes mal escritos. En estas dos últimas semanas, he podido comprobarlo por partida doble.



1. Fui a ver La gaviota el miércoles. Se representa sólo ese día, a las 22.30 en el Teatro Lara. Rubén Ochandiano se atreve con el texto clásico de Chéjov y propone una lectura en clave moderna que, a pesar de ciertos altibajos, permite que los actores se luzcan de lo lindo. Por ejemplo, confirmamos que Javier Pereira, por desgracia más habitual últimamente en la tele que en el cine aunque participa en la actual No tengas miedo, es un actorazo cargado de sensibilidad cuando se le ofrece un papel a la altura. Y deslumbra Toni Acosta, habitual también en series de dudosa calidad, interpretando a Irina, la actriz cuarentona traumatizada por el paso del tiempo. Y asoma Marián Aguilera o Javier Albalá, crecidos en una obra que cumple cualquier expectativa. Y Ochandiano acierta con su dirección demostrando que puede ser un artista multiterreno a tener en cuenta. El mensaje es claro, a falta de buenos trabajos, creémoslo nosotros mismos.



2. Esperando septiembre, de Tina Olivares, también es producto de la buena voluntad de actores escasos de oportunidades, en este caso menos conocidos pero talentosos. Autoproducida por la directora y sin que nadie cobre un duro, la película propone una farsa sobre estos tiempos de crisis a raíz del descubrimiento por parte de una secretaria de un buen fajo de billetes. Las bajezas humanas vistas con un sano sentido del humor y una metáfora sobre estos tiempos de crisis que nos han tocado vivir son los elementos sobre los que Olivares construye una comedia mejor interpretada que escrita (apunten sus nombres, Natalia Erice o Pedro Almagro) en la que más allá de la buena voluntad de sus partícipes y la falta de recursos se adivina el talento y las ganas de hacer cosas. Merece un estreno en salas y podría encontrar un público. De nuevo, el mismo mensaje. Los actores se movilizan. Es buena señal.