Un chorro de aceite de oliva se escurre a través de una cuchara.

Un chorro de aceite de oliva se escurre a través de una cuchara.

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La OCU vuelve a fiar la buena reputación del aceite español a una cata subjetiva

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La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha vuelto a armarla en el sector español del aceite de oliva con su análisis sobre varias marcas de aceite de oliva virgen extra (AOVE). ¿El problema? Sus análisis objetivos no discuten las propiedades del producto pero una cata subjetiva les han llevado a criticar brutalmente a la industria y a dejar por mentirosas a los proveedores de varias marcas.  

Imaginemos por un momento que Robert Parker o Wine Spectator, dos guías de referencia para el comprador de vino, no fuesen sólo una forma de encontrar vinos fabulosos, sino que a las bodegas que no les gustasen a sus expertos les dijesen no que su vino no es excelente, sino que ni siquiera es vino. Precisamente ése ha sido el análisis de la OCU. 

El análisis, realizado entre 41 marcas, afirma que muchas “no cumplen los requisitos de la norma europea que regula la comercialización del aceite para ser consideradas aceite de oliva virgen extra”. 

¿Cómo se determina que un aceite pueda ser calificado y vendido como virgen extra? Ha de superar una prueba sensorial, realizada en un panel acreditado y con una metodología específica que establece el propio reglamento.

Concretamente, según el análisis de la Junta de Andalucía ‘Aceite de Oliva Virgen. Características organolépticas y análisis sensorial’, elaborado por Brígida Jiménez Herrera y Anunciación Carpio Dueñas, un panel de cata normalizado tiene que asegurar que en el virgen extra la mediana del atributo frutado sea superior a cero y la mediana de los defectos, igual a cero

El sueño de los químicos

“Los diversos compuestos de un alimento son, en general, tan numerosos y sus interacciones tan complejas y desconocidas que el control de calidad no se puede completar sin recurrir al análisis sensorial”, explican las autoras, que reconocen que “el sueño de los químicos” sería poder renunciar a este análisis. De hecho, este sistema para medir alimentos es una rareza en el mundo de la alimentación y genera siempre problemas. El informe de la OCU de 2012 provocó un revuelo similar. 

El análisis de la OCU tiene un problema que tiene mucho que ver con la propia naturaleza del sector: tiene un enorme componente subjetivo. En la parte objetiva no hay duda: “Los aceites analizados no presentan problemas en parámetros como la autenticidad (es decir, no se han mezclado con otros aceites), la calidad o el cuidado del fruto”. El problema es la parte subjetiva, cuando la OCU afirma taxativamente que “20 productos no reúnen las propiedades que deben tener los aceites de oliva vírgenes para ser "extra".

La OCU ha denunciado a las marcas que, según ellos, incumplen la normativa ante sus respectivas Comunidades Autónomas. “Esperamos que se tomen medidas”, afirma la organización de consumidores. La Asociación Nacional de Industriales Envasadores y Refinadores de Aceites Comestibles (Anierac) y la Asociación Española de la Industria y Comercio Exportador de Aceite de Oliva (Asoliva) intentaron parar la publicación del estudio. 

Confianza y dudas

En todo caso, EL ESPAÑOL ha consultado a varias marcas que aparecen en las últimas posiciones y aseguran, básicamente, que pese a los resultados de la OCU ellos tienen mucha confianza en sus productos y en cualquier prueba que decidan realizar las administraciones. 

Aunque no todas tenían total certeza. Los supermercados Covirán, por ejemplo, han anunciado que han cambiado su proveedor, con lo que según acepta la OCU “los resultados de este estudio ya no son aplicables a los productos que en este momento están a la venta en sus establecimientos, y sí a los lotes adquiridos hace unos meses”. Otro fabricante, Coosur, ha señalado que deja de comercializar su producto Coosur Origen, si bien se podrá encontrar ese aceite hasta final de existencias.