Daniel Ramírez Esteban Palazuelos

Para subir en ascensor a casa de Andrés Trapiello y Miriam Moreno hay que estar delgado... o entrar de lateral. Una vez en el interior del elevador-ataúd, camino del cuarto piso, uno se da cuenta, con inusitada claridad, de que... tempus fugit. Por eso esta familia no para. Padre, madre e hijos -Guillermo y Rafael- acaban de fundar una editorial.

Antes de empezar, mientras Miriam nos abre paso hasta el salón y nos ofrece "tomar algo", un breve dramatis personae:

-Rafael Trapiello: ingeniero y fotógrafo. Ahora, también, director de Ediciones del Arrabal. Suya fue la idea. Hace los números y logra que la empresa sea rentable.

-Guillermo Trapiello: arquitecto y diseñador, encargado de las portadas, los logos y todo lo que tiene que ver con la estética.

-Miriam Moreno: doctora en Filosofía, treinta años en RTVE. Ensayista. Madre de las dos criaturas anteriores y madre, con todo lo que eso significa, de la editorial.

-Andrés Trapiello: escritor. Autor de libros como Madrid o Las armas y las letras, pero lo más importante para lo que ahora viene: padre del Salón de pasos perdidos, unos diarios que, nueva editorial mediante, acaban de alcanzar el tomo número veintitrés.

Suele decir Trapiello que se trata de una "novela en marcha", así que no queda más remedio. Esto será una entrevista en marcha. Viajera. De momento, una entrevista sin dos de los artífices de la editorial: Guillermo y Rafael.

Probablemente por la inconcreción del periodista, esta casa había entendido que lo agendado era una entrevista con Trapiello sobre su último libro y el primero de Ediciones del Arrabal, titulado Quasi una fantasia.

-Os dejo, que ya llega Andrés. Yo me voy a una reunión -dice Miriam.

-Oiga, pero usted no puede irse.

-¿Por qué no?

Porque Miriam prepara un ensayo, que también nacerá aquí, sobre los diarios de su marido. "M" -así se llama en el Salón de pasos perdidos- tendrá la oportunidad de ajustar cuentas. Es curioso, por cierto, lo que sucede. Como dice Jesús Calero, por primera vez los personajes de una novela han salido de ella para alumbrar una editorial que la siga publicando.

-¿De verdad tiene usted derecho de censura?

-La verdad es que sí -sonríe maliciosamente-. Bueno, en realidad no. Sí y no. No tengo derecho porque Andrés escribe su propia experiencia. Pero sí soy un filtro. Una manera de evaluar los posibles daños de publicar según qué historias. Hago observaciones y luego Andrés toma la decisión.

-Diga la verdad: ¿habrá venganza en el ensayo de "M"?

-No tengo motivos, pero sí es verdad que voy a poder completar algunas escenas. Por ejemplo, Andrés juega en esa línea que separa la realidad de la ficción. Hay episodios que él dice que son ficción, pero yo creo que no. Ahí intervendré de manera jugosa y divertida.

-Me han chivado que Andrés ocultó haber bailado en la boda de uno de sus hijos.

-Y tanto que bailó. Lo recuerdo porque bailó conmigo.

-¡No bailé! ¡No bailé! -son los gritos de Trapiello, que ha debido de poner la oreja mientras posaba para Esteban Palazuelos, el fotógrafo. Miriam aprovecha el desconcierto para huir camino de su reunión.

'Quasi una fantasia', el último libro de Andrés Trapiello. Esteban Palazuelos

El error de Tolstoi

Trapiello no para. A Trapiello le suena el móvil. Trapiello coge su portátil y envía un artículo. Trapiello está envuelto en lo que él llama "un pequeño lío monumental". El PSOE -juramos que es cierto- lo ha tachado de "revisionista". Es decir, alguien que reescribe la historia de la guerra y el franquismo en pro de la dictadura.

A partir de ahí, se ha montado una buena. Ha tenido que intervenir el ministro de Cultura para corregir a los socialistas madrileños. A Trapiello vuelve a sonarle el móvil. "De verdad, no hagáis caso a todo esto, mi vida es mucho más anodina. ¡Es la mañana más ajetreada de los últimos cuarenta años!".

La reproduciremos, por tanto, con detalle. No vaya a ser que el escritor, en su diario correspondiente a 2021, nos robe la exclusiva. Tomamos asiento. Vamos al grano.

-Tolstoi estaba equivocado. Dijo que las familias felices lo son todas de la misma manera. ¡Ustedes han montado una editorial y sonríen! Si eso no es singular...

-Siempre he estado en desacuerdo con la frase de Tolstoi. Seguramente, quiso decir que las familias infelices son mucho más novelescas que las felices, pero tampoco resulta exacto. La literatura está hecha de ambas cosas porque nadie es feliz o infeliz enteramente. Todo ser humano busca un resquicio para, como decía Nietzsche, no levantar falso testimonio sobre la vida.

-Y los Trapiello...

-No es que seamos una familia feliz o infeliz que se pone a trabajar, pero si podemos trabajar juntos es porque hemos aprendido a vivir juntos.

-¿De dónde sale la idea?

-Estuvimos los cuatro muy agobiados con el virus. Rafael nos propuso una empresa de pandemia: la editorial. Tanto él como Guillermo no sabían qué iba a pasar con sus trabajos. La única manera que tenía de ayudarles era publicar mis diarios con ellos. Además, estos libros, al ser muy literarios, se venden en pequeñas cantidades y necesitaban de su ayuda. Total que les ayudamos nosotros a ellos y ellos a nosotros.

Mesa de trabajo de Trapiello con los cuadernos que nutren sus diarios. Esteban Palazuelos

¿Revolución?

Por literario que parezca, que también lo es, la editorial de los Trapiello-Moreno entraña una noticia económica que podría tornarse, en palabras de Alberto Olmos, una "revolución" para el sector.

Pongamos que otros autores consagrados deciden lanzar su propia editorial. Tiradas muy medidas, distribución directa a librerías. Liberación de costes. "Este mundo está pensado para las grandes tiradas, pero un autor que vende 1.500 ejemplares de cada uno de sus libros, apenas puede ganar algo con la literatura", afirma Trapiello.

"Al bolsillo del autor, como mucho, suele llegar el 10%. Los intermediarios van sangrando sus ganancias. Vender 2.000 libros está muy bien, es una cantidad apreciable, pero no da dinero. Mi hijo, con mente de ingeniero, ha diseñado un plan empresarial sostenible", razona.

Teniendo en cuenta la crisis del libro, puede resultar hasta de mala educación preguntarle a un editor independiente por sus cuentas, pero...

-¿Cómo va la cosa?

-El libro no lleva ni un mes en la calle y ya hemos pagado todos los gastos de edición.

-Venga ya.

-Sí, sí, está en beneficios. Y cerca de agotarse. Una vez se acabe la primera edición, mi deseo es no reimprimir.

-¿Por qué?

-Me gustaría esperar al otoño y ofrecer el formato ebook. Ya no compensa el esfuerzo de imprimir y seguir vendiendo por goteo. Ninguno nos dedicamos en cuerpo y alma a la editorial. Cada uno tenemos nuestro trabajo. A ver qué dicen mis socios -sonríe-.

-¿Cómo cambian los márgenes?

-Con un modelo así, nosotros cobramos el 100% del libro porque lo vendemos a las librerías sin posibilidad de devolución. Compra definitiva. De ahí luego se descuenta en torno a un 30% en gastos. Imprenta, envíos, etcétera.

Andrés Trapiello, en su despacho de trabajo. Esteban Palazuelos

Vamos, ahora sí, con la literatura. Trapiello pide continuar la entrevista en movimiento. El lío del PSOE le ha descuajeringado la mañana. Bajamos por las escaleras. El periodista procura acercar la grabadora a la boca del escritor. Cuatro pisos. No es fácil. El periodista piensa: "Si nos caemos rodando, con un poco de suerte, saldremos en los diarios de 2021".

A Trapiello no parece tentarle la manida polarización.

-Imagine: de pronto, en los libros que vengan, usted renuncia a las "X" y coloca los nombres propios.

-¡No! ¡No! -suelta una carcajada-. Sucede algo curioso con las "X". Cuando es un dardo, veinte personas se sienten identificadas y te lo hacen saber. En cambio, cuando es algo bueno, nadie te llama para darte las gracias.

Trapiello está releyendo -¡de dónde sacan tiempo los escritores para releer!- los diarios de André Gide. Nos sirven de espejo para definir el Salón de pasos perdidos: "Mis libros no son una sesión de psicoanálisis a la vista de todo el mundo. Son historia de la intimidad, claro, pero para hablar de la intimidad no me hace falta contar con quién me acuesto o con quién voy a comer. La intimidad es la parte más silenciosa de la vida, no la más secreta, sino la más silenciosa".

Mientras divagamos sobre la "intimidad", dejamos atrás sin darnos cuenta la copistería que buscábamos. Ahora, sí, entramos dentro. Trapiello le da el CIF al dependiente. El dependiente no entiende el apellido.

-¿Trapero?

-No, Trapiello.

¿Trapero? Lo que le faltaba hoy al escritor, que lo invistan mosso d'esquadra. El escritor camina a buen ritmo. Dice que cada autor tiene su "ritmo de escritura" y pone como ejemplos a Galdós, Cernuda, Azorín y Baroja. Ninguno de ellos, estamos seguros, caminaría tan rápido.

-Si sigue usted así, se va a dar el sorpasso a sí mismo. Va a publicar en 2021 el diario de 2024.

-No, no -ríe-. Además, estos diarios sólo son posibles tras la reescritura de los cuadernos.

Esos cuadernos que hemos visto en casa -escritos a mano, con letra diminuta y algunos dibujos intercalados- sufren, llegado el momento, una especie de "transustanciación". Entran en contacto con la pólvora literaria. Leídos, así, sin aderezo, no tienen interés alguno. Eso lo dice el escritor, no el periodista.

Son doce euros. Trapiello, o Trapero, paga con tarjeta. Adiós y todo eso. Llegamos a la frutería. Mejor dicho: a la cola de la frutería.

-Oiga, usted dice que sus mañanas son anodinas, pero la última vez que me citó en su casa también acabamos en la frutería.

-¡Es que comemos mucha fruta!

Las editoriales se fundan con mucha vitamina. Un melón, un aguacate y media docena de huevos.

-Dani Rosino, de la librería Walden, es uno de los lectores más trapiellistas que conozco. Sostiene que, en sus diarios, que contienen, en cierto modo, todos los géneros usted ha encontrado la plenitud de la expresión.

-Mmmm, no exactamente. Lo que pasa es que el diario, después de tantos años, se amolda con facilidad a la vida en general. Entra a la vida por muchas puertas distintas.

-¿Y en términos de esfuerzo?

-No es el género que más fácil me resulta. Me cuesta muchísimo tiempo. Cuando me pongo a ello, son seis meses de reescritura del cuaderno, trabajando diez o doce horas al día.

Regresamos a casa con la compra hecha y las pruebas de imprenta recogidas. Hace frío en Madrid. Se va muriendo la mañana... mientras va naciendo el diario. Es quasi una fantasia.

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