Una estatua del emperador Augusto.

Una estatua del emperador Augusto.

Historia Antigua Roma

Augusto, el sanguinario emperador con mano de hierro que fascina a Zuckerberg

Los más grandes, las personas que cambian la historia por un invento o por una revolución, también tienen espejos en los que mirarse, ídolos. Lo lógico es acudir a figuras del propio nicho: un deportista querrá ganar las mismas medallas o marcar más goles que otro deportista de una época anterior, un escritor acoplará a su obra influencias de otros autores a los que admira, y así un largo etcétera. Pero... ¿y un genio como Mark Zuckerberg, el creador de la red social más popular del mundo, por quién siente "fascinación"? Pues por alguien que jamás ha manejado ni un teléfono móvil ni un ordenador.

Al inventor de Facebook le gustaría ser el emperador Augusto si hubiese vivido en el siglo I a.C., en la Antigua Roma. El dueño de Facebook reveló hace unos días en una extensa entrevista con la revista The New Yorker su obsesión por las artes políticas del hombre que consolidó el Imperio Romano, acabó con la República -aunque conservando sus instituciones- e instauró lo que se conoce como Pax Romana. "Tienes a todas estas buenas, malas y complejas figuras. Creo que la de Augusto es una de las más fascinantes. Básicamente, con mucha mano dura, logró 200 años de paz para el mundo". Y esa disciplina de hierro es por la que Zuckerberg siente admiración.

Nacido en el año 63 a.C., Cayo Octavio, ese era su nombre original, era el sobrino nieto de Julio César. En un insólito y misterioso movimiento, César, a quien no se le conocía ningún hijo legítimo, adoptó a Cayo Octavio en su testamento y lo convirtió en hijo suyo y beneficiario principal de su fortuna. A partir del 27 a.C., cuatro años después de vencer en la guerra civil contra Marco Antonio, pasó a conocérsele oficialmente como Octaviano o Augusto -un título inventado que significaba algo parecido a El Reverenciado- y fue el primer emperador romano que resistió hasta el día de su muerte(14 d.C.), el que más tiempo estuvo en el poder.

Augusto transformó las estructuras de la política romana y del ejército, el gobierno del imperio, el urbanismo de Roma y el propio sentido de lo que significaban el poder, la identidad y la cultura romana. Pero personalmente, Augusto también sufrió un enorme cambio, como explica la historiadora Mary Beard en su obra SPQR: "Mediante una asombrosa tamorfosis pasó de insurgente y brutal señor de la guerra a estadista responsable. Sus primeras hazañas como Octaviano fueron una mezcla de sadismo, escándalo e ilegalidad. Se abrió camino en la política romana en el año 44 a.C. utilizando un ejército privado y tácticas que no estaban muy alejadas del golpe de Estado. Continuó su trayectoria haciéndose responsable de una horrible matanza según el modelo de las proscripciones de Sila y, si hay que creer en la tradición romana, manchándose, literalmente, las manos de sangre".

El propio pueblo romano, tras la muerte de Augusto, no tenía muy claro todavía si la época de gobierno del padre fundador de todos los emperadores había sido una versión light de autocracia, basada en el respeto por el ciudadano y el imperio de la ley; o más bien una tiranía bañada en sangre comandada por un líder cruel que nunca terminó de desterrar las artimañanas que le ayudaron a ganar la guerra civil. En este sentido, Mary Beard define a Augusto como "un revolucionario desconcertante y contradictorio": sus medidas abarcan desde regular la vida sexual de la clases altas -sancionaba a familias que no tenían suficientes hijos- hasta la no abolición de los privilegios de los senadores.

"Hijo de un dios"

Augusto, más que un emperador, solía ser descrito como princeps, que significaba "primer ciudadano". Extrapoló su narcisismo al máximo, inundando el mundo romano con su retrato oficial, como un joven perfecto: cabezas estampadas en las monedas de bolsillo, estatuas de mármol erigidas en plazas públicas y templos o miniaturas grabadas en vajillas de plata. Y bajo su nómina se encontraban escritores de la talla de Virgilio y Horacio, los encargados de plasmar con palabras esa edad de oro.

El emperador Augusto, heredero de un dictador asesinado, se otorgó el título de "hijo de un dios" y presumió de "Liberar al Estado oprimido por el poder de una facción". En en el año 8 a.C., el Senado decidió que el mes de Sextilis, después del mes de julio de Julio César, recibiese el nombre de Augusto (agosto); convirtiéndose en parte inmortal del tiempo. Murió a los 75 años y entre sus últimas palabras, dirigidas a un pequeño grupo de amigos y a su tercera esposa, Livia, deslizó la siguiente cita extraída de una comedia griega: "Si he representado bien mi papel, aplaudid". La pregunta que debió circular por las mentes de los allí reunidos se supone que giró en torno a qué clase de papel había representado realmente durante todos aquellos años.

La historiadora Mary Beard lanza una serie de incógnitas en relación a esto: "Cómo consiguió Augusto reestructurar gran parte del paisaje político de Roma, cómo consiguió salirse con la suya durante más de 40 años y con qué apoyos es algo que todavía resulta desconcertante (...) ¿Hasta qué punto haber vivido tanto tiempo fue cuestión de suerte?". Y ese es el misterio de Augusto que fascina a Zuckerberg.