El juego de palabras para Pedro Almodóvar estaba servido. Seguro que se ha pasado meses, desde el anuncio de las nominaciones a los Premios Goya aguantando la bromita sobre si iba a ser una noche de dolor o una de gloria. El triunfo de su última película fue tan aplastante que superó la gloria y llegó al éxtasis arrasando con siete premios de las 16 nominaciones a las que optaba Dolor y Gloria.

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Algunos estaban claros, cómo no iba a llevarse Antonio Banderas su primer premio de la Academia de Cine -sólo tenía el premio honorífico- por dar vida a Salvador Mallo, ese álter ego de Almodóvar en el mejor papel de su carrera. Jugaba en casa, actuó en directo con un número del musical que representa en Málaga y finalmente subió al escenario donde, emocionadísimo, recogió uno de los premios más esperados de la noche. "Nunca te has traicionado, y no podía ser de otra manera, tenía que reencontrarme contigo para llegar hasta aquí, mis mejores trabajos los he hecho contigo y me has entendido mejor que nadie, espero seguir trabajando contigo en el futuro", dijo el actor hacia su mentor y descubridor el día que se cumplían tres años de su ataque al corazón.

Se daba por hecho también que Julieta Serrano se llevaría su primer premio. Era una injusticia que esta actriz emblemática de nuestro cine no tuviera un cabezón, y lo ha hecho de la mano del director que la consagró. Su papel de madre de Banderas en Dolor y Gloria es emocionante. La noche se decantó del lado de Almodóvar cuando ganó el premio al Mejor guion original, un galardón que al manchego se le suele escapar en noches reñidas. Lo perdió frente a El laberinto del fauno con Volver, y contra Solas con Todo sobre mi madre.

Su victoria por encima de La trinchera infinita y Mientras dure la guerra en esa categoría fue la primera pista de que la gloria llegaría en su plenitud. En su primera visita al escenario, el director se dirigió a Pedro Sánchez, que finalmente cambió su agenda para acudir a la ceremonia para recordarle que él será, estos cuatro años, “el coautor del guion de los ciudadanos españoles, así que espero que le vaya bien, porque si le va bien, nos irá bien a los demás”. Fue cuando ganó el de Mejor director cuando a Almodóvar se le vio más emocionado que nunca. Con lágrimas en los ojos por el discurso de Banderas reconoció que había sido fascinante trabajar con ese reparto. Volvió a referirse a Pedro Sánchez para explicarle que "el cine de autor, el cine de independiente, fuera de las televisiones y las plataformas está en serio peligro y necesita la protección del estado, porque ese será nuestro futuro".

La alegría no pudo ser completa porque Asier Etxeandía y Leonardo Sbaraglia perdieron el Goya al Mejor actor de reparto frente a Eduard Fernández, que lo logró por su interpretación de Millán Astray en Mientras dure la guerra, el taquillazo de Alejandro Amenábar que arrasó en el apartado técnico y acabó llevándose cinco premios. Fue sumando en la pedrea, y durante mucho tiempo de la gala fue la más premiada de la noche, hasta que se dieron los más importantes y fue Almodóvar el que sacó pecho.

El arrase de Mientras dure la guerra tuvo un claro perjudicado: La trinchera infinita. La otra película sobre la Guerra Civil y el franquismo había sonado fuerte en las últimas semanas y muchos apostaban porque sería el trío de directores vascos -Jon Garaño, Jose Mari Goenaga y Aitor Arregi- el que diera la sorpresa venciendo por encima del duopolio de Amenábar y Almodóvar, como había ocurrido en los Forqué que entregan los productores. Ellos mismos bromeaban en la alfombra roja sobre que este año podían salir con 6 o con cero. Finalmente fueron dos, entre ellos uno de los más importantes, el de Mejor actriz para Belén Cuesta, fantástica en su giro al drama como mujer de un topo de la Guerra Civil.

Fue una noche muy repartida, y las cinco nominadas a Mejor película se llevaron un par de cabezones. O que arde, la joya de autor del año consiguió dos galardones, el de Mejor actriz revelación para Benedicta Sánchez, esa novata de 84 años que ha robado el corazón a todos los espectadores que se han acercado a esa maravilla de Oliver Laxe, que también se llevó el de Mejor Fotografía. Por su parte Intemperie, de Benito Zambrano consiguió el de Mejor guion adaptado y el de Mejor canción.

La mejor dirección novel fue para Belén Funes, por La hija de un ladrón. Ella era la única mujer candidata a uno de los premios de realización, y se llevo un merecido premio. Los Goya confirman que las mujeres despuntan con su ópera prima, pero luego la industria no las integra de forma natural en sus proyectos. Lo recibió de las dos anteriores ganadores, Arantxa Echevarría y Carla Simón. Ahora, Belén Funes tendrá que pasar el amuleto feminista que Paula Ortiz le dio a Echevarría el año pasado para que se lo entregara a una mujer nominada.

Benedicta Sánchez recibe la ovación del público. Reuters

Otra que tampoco se fue de vacío fue Buñuel en el laberinto de las tortugas, que se alzó con el premio a la Mejor película de animación por encima de Klaus, que fue nominada al Oscar hace unas semanas pero que aquí no pudo con la joya de Salvador Simó. Todo ello en una gala demasiado larga, que como todas las segundas veces de los presentadores perdió frescura, sobre todo por las innumerables actuaciones musicales que paraban el ritmo de la ceremonia. Sólo una de ellas emocionó a todos, la de Amaia Romero homenajeando a una Pepa Flores que no rompió su retiro para recoger su Goya Honorífico y regalar una imagen que hubiera sido histórica.

Lo que sí estuvo caliente fue el pulso político. Hacía tiempo que no se veía una ceremonia con tantas menciones. Aunque sin mencionarles, casi todos se dirigían a Vox. Lo hizo Juan Diego Botto al entregar el premio correspondiente, los presentadores en su monólogo y muchos al recoger su Goya. Se encargaron de no decir esas siglas, las del partido que ha rescatado los odios enterrados hacia nuestro cine rescatando estigmas como eso de 'los subvencionados'. De hecho, Espinosa de los Monteros intentaba calentar la previa pidiendo casito desde casa.

Al final se impuso el cine, y en este caso el cine con mayúsculas, el que ha dado una de las mejores cosechas de nuestra industria, con obras contundentes e importantes. Y se impuso él, Pedro Almodóvar, el director más importante de la historia de nuestro cine que sigue escribiendo su nombre en estos premios que tantas veces le habían ignorado.