A Jacques Audiard no le gusta el western, o al menos eso dice. El director francés -uno de los más interesantes del país vecino con obras como Un profeta o De óxido y hueso- asegura que a él John Wayne y compañía le interesan más bien poco, y sin embargo su primera aproximación al género es un filme que lo rejuvenece, lo reformula y le otorga nuevos aires.

Junto a su inseparable guionista Thomas Bidegain ha adaptado una novela de Patrick DeWitt para parir Los hermanos Sisters, un filme ambientado a mediados del siglo XIX en plena fiebre del oro y que suena como un disparo actual a un mundo consumido por la violencia que se divide entre los utópicos que sueñan con un mundo mejor y los que ya están en la rueda del sistema y sólo quieren aprovecharse de él.

Lo hace con la historia de dos hermanos, Joaquin Phoenix y John C. Reilly, cazarrecompensas que viajan juntos y persiguen a un químico que ha encontrado una fórmula para encontrar el oro en el río sin apenas mojarse. El químico es un socialista empedernido, los hermanos Sisters sólo quieren el dinero para su bien, uno para irse al burdel, el otro para dejar un mundo de violencia y muerte.

Audiard subraya también en persona que “no es un western, sino que la novela era un cuento, y esta película tiene forma de cuento”. “Tiene referencias del género, pero la más grande es La noche del cazador. Estoy lejos del cine del oeste porque como francés no es mi mito. Para un americano es su historia fundadora, para mí no. Me lo he planteado como una película de época, modestamente y documentándome", explica Audiard, acompañado por Bidegain.

Quizás por ello tampoco quiere explicar los ecos actuales y sociales de su película, porque él no es “antropólogo ni sociólogo”. “Es una película de época, pero la hago desde hoy, y evidentemente va a tener ideas nuestras y actuales. Creo que el principio unificador de todos los temas de la película es el cambio. El cambio en las relaciones humanas, el cambio en el mundo que cruzan los protagonistas, un mundo en el que todo depende de la fe que se tenga en el progreso. También sobre lo que hay que pagar para conseguir esos cambios en le mundo, porque los idealistas mueren”, añade.

El cine educa. Yo he aprendido mucho de las injusticias sociales de España viendo el cine de Saura, y como adolescente aprendí a ligar o a vestirme viendo a Jean-Louis Trintignant

Desde que Los hermanos Sisters se presentó en Venecia -donde Audiard ganó el premio al Mejor Director-, todo el mundo destacó algo, y es la masculinidad atípica que muestran los protagonistas. Especialmente en un marco como el western, donde los hombres son rudos y viriles, ceñidos a su código de honor y con aspecto inquebrantable. Los cuatro protagonistas del filme de Audiard son frágiles, hablan mucho, sueñan, se rompen. Quieren salir del mundo que les ha tocado vivir, o sueñan de forma casi filosófica con una utopía socialista. Ni rastro del estereotipo marcado por John Wayne y compañía.

Para el realizador esto tiene que ver con que el western para él nunca fue un cine de importancia durante su crecimiento: “Creo que el cine nos educa, al menos a mi generación y la de mis padres. Yo he aprendido mucho de las injusticias sociales de España viendo el cine de Saura, o de las relaciones humanas con las de Víctor Erice, y como adolescente aprendí a ligar o a vestirme viendo a Jean-Louis Trintignant, pero el western me ha enseñado sobre el alma humano. Quizás si fuese americano me identificaría de otra forma, pero yo no”.

Fotograma de la película.

Una de las constantes en el cine de Audiard es la presencia de la violencia como algo de lo que es imposible huir. Aquí vuelve a hacer presencia en estos hermanos, uno convencido de que la sangre le ha hecho ser un asesino, y otro que quiere colgar la pistola para siempre, algo que para Audiard tiene que ver en el western con “la herencia de violencia que nos han dado los padres fundadores de la nación”, aunque en su cine lo une a que es el único momento en el que puedes “cuestionar la propia ficción”.

“Los momentos en la película cuando sabes que todo es falso son: cuando follan y cuando hay violencia, porque sabes que las armas y los golpes son falsos, y en estos momentos se puede interrogar la ficción”, zanja aunque suene más a radiografía de un momento social más que un cuestionamiento de su propia ficción.